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book icon Domingo 9 de octubre de 2022

“Blonde”: ¿Quién mató a Marilyn?

Jimena Villegas Jimena Villegas

Una película de Netflix trae de regreso a la mítica “rubia tonta” de Hollywood. En casi tres horas, apuesta sus fichas por una Marilyn Monroe frágil, vulnerable y abusada, que ha dividido a la crítica y a los observadores. El gran lujo de esta cinta es una actriz llamada Ana de Armas, quien logra meterse intensamente en la piel de una leyenda.

Jimena Villegas

Hace muchos años, cuando todavía era parte del elenco de una serie sobre médicos llamada “ER” o “Sala de Urgencias”, el actor George Clooney comentaba en una entrevista sobre un extraño fenómeno de masas. Mientras a las súper estrellas de mundos como la literatura e incluso el deporte, se las llama por su nombre y su apellido, a gente como él, que ha entrado en la vida de millones de personas a través de una pantalla, no. Él, como otras y otros, es apenas George, un compañero, un amigo, el más ilustre y cercano de los desconocidos. 

Si hay una persona en la historia del cine a la que esta descripción calza perfecto es Marilyn. La rubia platinada, la mujer sexy, aquella que le cantó cumpleaños feliz al presidente de los Estados Unidos, la estrella de los grandes carteles, la chica en portadas de ropa escasa. Una mujer que murió a los 36 años -se dijo que a causa de los barbitúricos- y a quien millones de seres humanos hemos conocido y tratado casi como si fuera una pariente triste y demasiado hermosa que cayó en desgracia.

Marilyn Monroe o “Márilin Mónro” o simplemente “Marilín”, como cantaban Los Prisioneros. Porque sí, incluso la banda pop chilena más contestataria de fines del siglo pasado usó su nombre para hacer un ejercicio de sarcasmo en torno a las desapariciones, y le dedicó una canción de su disco “La voz de los 80”.

No es raro, entonces, que “Blonde” -un largometraje de casi 3 horas dedicado a Marilyn- esté en el centro del debate. Esta misma semana, un sitio español llamado “Espinof” parecía celebrar que este filme, producido entre otros por Brad Pitt, no esté logrando de manera global las cifras de visionado esperadas. Es un fracaso, dicen los observadores. De todos modos, en Chile, esta misma semana “Blonde”, que llegó a Netflix a fines de septiembre, ha estado entre los primeros 5 títulos más populares.

         

Este estreno se produce justo cuando se están cumpliendo los 60 años de la muerte de Marilyn y -qué duda cabe- tenía el enorme desafío de añadir algo nuevo en torno a Norma Jean, como en realidad se llamaba “la rubia explosiva”. Eso nuevo sin duda es una actriz de origen cubano y pasaporte español llamada Ana de Armas.

Conocida en España por la serie de suspenso “El internado”, De Armas saltó al epicentro del quehacer hollywoodense sin saber hablar inglés y gracias a una película futurista. Por medio de un proceso de maquillaje que duraba tres horas cada día, logró llevar a la pantalla a una impactante doble de Marilyn. 

Borda -acorde al guión- a un personaje cándido, frágil, psicológicamente atormentado y que transitó sus tres décadas y media de vida buscando al padre que no tuvo y siendo, por lo mismo, pasto del dolor emocional. Es una interpretación que impacta. Ana de Armas se mueve como Marilyn, habla como Marilyn y grita como Marilyn. Llora todo el tiempo. Pasa semidesnuda la mitad del tiempo. Desarrolla la clásica actuación que pinta para premio Oscar, porque pocas cosas le gustan más a la Academia de Hollywood que los actores capaces de ser idénticos a otra persona. 

La acompañan en este esfuerzo de artesanía juegos de cámara, usos del blanco y negro, la iluminación y algunas increíbles recreaciones de películas. Todo es, en este aspecto, exquisito. Se nota que hubo mucho trabajo en el arte y en el detalle. Cuentan, de hecho, los reportes que, para meterse en la piel de Norma Jean, la actriz hispana gastó meses estudiando fotografías, películas y videos, y que leyó libros y que auscultó a Marilyn con obsesión neurótica. 

Fue, sin duda, un buen ejercicio de adelanto para dar vida a la neurótica y sufriente Marilyn de esta adaptación. Una mujer tan insegura, pero con ganas de lograrlo, que hacía repetir escenas una y otra vez, mientras caía en los infiernos y soñaba con salir del estereotipo de la chica objeto para poder interpretar a Chéjov. ¿Habrá sido así realmente? 

No lo sabemos. Porque -la verdad sea dicha- aunque De Armas recrea una Marilyn física y estéticamente al borde de la perfección, esta película no está hecha para contar su biografía. 

           

Se basa en un libro de la autora Joyce Carol Oates, que usa elementos de la realidad como excusas para urdir una especie de ensayo. La propia escritora lo aclara antes de partir su texto: “Blonde” no pretende ser un documento histórico, porque en él hay una apropiación con fines de inventar. En ese robo caben ejemplos simbólicos de hogares de acogida, amantes, crisis médicas, abortos, tentativas de suicidio e interpretaciones cinematográficas. También hay un par de fragmentos de poemas que Norma Jean escribió en su diario de vida. Lo que queda, entonces, en pantalla es el permanente juego de ficción elegido por el director Andrew Dominik entre la aparente verdad de Norma Jean y la aparente mentira de Marilyn.

Hay quienes han visto en “Blonde” un muy buen ejemplo de la insania que se desata en torno a las estrellas-tan-amigas-nuestras de la galaxia hollywoodense y de esa fábula acosadora que se urde en torno a ellas. Hay -se dice- un apetito destructivo y voraz de medios, promotores, estudios y fans que termina creando al mito. Aquello de ser tan deseado e imposible que nadie puede tenerte, ni siquiera tú mismo, aunque seas George Clooney o Marilyn Monroe. 

Es, sin embargo, la aterradora visión del desencuentro que -según “Blonde”- separaba a Marilyn del mundo, y en especial de los hombres, lo más perturbador de esta película. Porque, todo hay que decirlo, esta película es agotadora.

Marilyn fue un ícono de los años 50 del siglo XX, una época en que todo parecía estar al servicio del ser masculino. Y ella es un arquetipo de lo femenino según la norma clásica. Ese arquetipo es llevado al extremo del uso y del abuso. Se la muestra como una mujer cargada de virtudes mal expresadas -o derechamente no expresadas- a causa del abandono y el maltrato. Es la protagonista de un viaje unívoco, que no podía terminar bien, porque -según esta historia- casi no hubo un solo ser humano que no fuera capaz de traicionarla.

Y entonces su marido Joe DiMaggio, representando como un rústico, fue un celópata que la golpeaba; el amigo Charly Chaplin junior la engañó escribiéndole cartas falsas del padre ausente; Mr. K, el presidente del estudio, sólo la contrató después de abusarla; los agentes de seguridad de Kennedy la trataron como un pedazo de carne, y cada fotógrafo que se le puso por delante no fue más que una especie de animal en celo listo para saltar encima de ella.

Este juego en torno a la mujer víctima es lo que más ha dividido. “The New York Times”, por ejemplo, acusa a “Blonde” de ser “una oportunidad perdida”, porque no logra salir de la genitalidad de Marilyn. “The Guardian” se pregunta cómo puede ser que esta cinta se venda como feminista si sigue explotando las miserias de esta mujer. Y organizaciones proaborto han acusado que el modo de tratar sus fallidos embarazos ayuda a perpetuar “el estigma en torno a la atención de la salud sexual y reproductiva”. Los más radicales acusan al director de hacer un filme degradante y misógino además de aburrido.

Lo cierto es que, dada la crudeza de sus imágenes, “Blonde” fue calificada para mayores de 18 años. Netflix advierte a su audiencia que en ella se verán escenas de violencia sexual, abuso doméstico y sexo explícito. La gran crítica, no obstante, es de fondo: de tan dañada, esta Marilyn carece de matices. 

La opción de pulsar todo el tiempo encima del calvario existencial deja fuera, por ejemplo, su permanente búsqueda por solventar la falta de estudios contratando a excelentes profesores privados de actuación. O su gran inteligencia para los negocios, porque ella fue una de las primeras actrices en crear una productora propia para hacer sus proyectos y se la instala, por lo mismo, en el origen de la implosión del sistema de estudios de la era dorada del cine. Tampoco se dice que era ella quien manejaba su imagen pública y para eso usaba la amistad que tenía con algunas de las reinas del chisme de la época. Era, según cuentan sus biógrafos, una experta en marketing. Pero ya se dijo: este filme no busca ser una biografía.

Por lo mismo, quizá, Ana de Armas elige a su Norma Jean. Al compararse con Monroe, en una entrevista para el diario “El País” de España, afirmó que a ella su cuerpo le pertenece y que Marilyn, en cambio, “no tuvo ese lujo”. 

¿Qué es mito y qué es verdad? Pareciera que con Marilyn Monroe va a ser imposible saberlo jamás. Lo que sí queda claro es que ella sigue siendo uno de esos gigantescos personajes que la cultura pop y la gran pantalla han transformado en una compañera o una amiga o tal vez esa pariente triste de la que ya no queremos saber más desgracias. Puede ser entonces que, para salir de este trago amargo, después de ver “Blonde”, valga la pena correr al baúl de los recuerdos a rescatar alguna de sus viejas y cándidas comedias.

Jimena Villegas