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book icon Domingo 24 de abril de 2022

Cómo aliviar los efectos de la guerra y la inflación global

Rodrigo Wagner Rodrigo Wagner

En el caso de los precios de los alimentos básicos, debería existir algún tipo de “estabilizador automático”, algo así como un “fondo de estabilización de la marraqueta”.

Rodrigo Wagner (*)

Las atrocidades de la guerra no nos serán indiferentes y merecen acciones oportunas para frenar a un autócrata, quien usualmente intenta compensar sus bajas de popularidad invadiendo otras naciones. Creo que incluso desde nuestro país -pequeño y distante- podríamos mandar más señales de sanciones que, aunque sean simbólicas, marcarían un compromiso. Pero en ese contexto, vale también la pena que discutamos sobre cómo este conflicto afecta a nuestras economías.

Lo inicial y que ya estamos sintiendo es el precio internacional del petróleo. Y si bien su precio estaba subiendo secularmente en el último año, la guerra lo hizo saltar al temido barrio de los 100 dólares por barril. Este era un rango de precios en que el crudo no estaba de manera sistemática desde el superciclo de principios de los 2010s. La gran diferencia para los chilenos es que hace una década teníamos un dólar bajo los 500 pesos, mientras que ahora estamos sobre los 800. Por eso, medido en nuestra moneda, el petróleo es aún más caro hoy, incluso si corregimos por la inflación de la década.

Aclaremos que el petróleo no ha subido estos meses porque exista escasez en mercados internacionales, sino porque hay preocupación sobre una eventual restricción futura. Por ejemplo, hoy Europa debate respecto de las evidentes incoherencias entre su estrategia de seguridad nacional y su política de energía, que por estos días le envía cheques con cerca de 900 millones de dólares diarios a la Rusia de Putin, para pagar por su venta de energía. En este mes y medio de guerra, cada vez hay más consenso que para frenar a Putin se requieren bloqueos o impuestos a sus exportaciones de gas y al petróleo.

El miedo de varios países europeos, como Alemania e Italia, es que esto pueda generar una recesión en sus países, aunque cálculos bastante serios han acotado los rangos de la recesión que se podría tener si Europa decide combatir en serio al autócrata. A mí me gusta como lo pone el primer ministro “Super Mario” Draghi de Italia. Dijo que al final era una elección entre lograr la paz en Ucrania o tener el aire acondicionado prendido el próximo verano europeo, donde el imperativo moral debía imponerse. Pero aclaremos que los impuestos y bloqueos a la energía de origen ruso –si se logran y son efectivos–ejercerán una presión adicional en los costos energéticos.

Los impuestos y bloqueos a la energía de origen ruso –si se logran y son efectivos–ejercerán una presión adicional en los costos energéticos.

Pensando en casa, sabemos que desde Chile no podemos cambiar el precio global del “oro negro”, pero sí podríamos calmar parte de su efecto en el bolsillo vía el dólar. De hecho, el dólar en el país podría bajar bastante si el proceso constitucional estuviera ya bien encaminado y la amenaza de un desfonde de las pensiones estuviera con algún candado que evite el dominó de futuros retiros.

Con el precio del cobre por las nubes, algunos analistas dicen que en mejores condiciones políticas podríamos tener un dólar fácilmente 50 o 100 pesos por debajo del actual, lo que mitigaría los afligidos bolsillos de nuestros compatriotas y sería equivalente a que el petróleo internacional baje a niveles pre guerra. Además, le aliviaría el trabajo al Banco Central, que no tendría que subir tanto la tasa de interés para combatir la inflación.

Un drama menos vociferado localmente, pero mucho más importante que el petróleo, es la inflación global de alimentos básicos. De hecho, esto pone a cientos de millones en la pobreza de alimentos. Porque, aunque los alimentos subían desde hace algún tiempo, ahora su alza se ha desatado, en parte porque Ucrania y Rusia son graneros del mundo.

Esto pone a cientos de millones en la pobreza de alimentos. Porque, aunque los alimentos subían desde hace algún tiempo, ahora su alza se ha desatado

Según la FAO, hoy tenemos un índice real de precios de alimentos que está al máximo histórico, sobre lo vivido a mediados de los 1970s. Y es que, entre enero y fin de marzo, el índice de precio global de cereales subió más de 20%; o sea, más del doble que su alza real durante todo el año anterior. Aún peor fue el aceite comestible, que subió 37% en sólo dos meses. Esto es especialmente fuerte en el aceite de maravilla, ya que los dos países en guerra acumulaban cerca de un tercio de la producción mundial de girasol.

Para mitigar estos efectos en Chile, hay quienes proponen medidas que no veo tan atingentes a la coyuntura del problema. Por ejemplo, algunos han usado la retórica de los precios de alimentos para justificar más retiros de fondos de pensiones. Otros piden rebajas de IVA, siendo que no es nada evidente que una rebaja llegue a los consumidores o que no sea usada como estrategia de evasión de impuestos.

Al contrario, deberíamos tener en Chile lo que se llaman “estabilizadores automáticos” para hacerse cargo de las inflaciones de alimentos. Algo así como una especie de “fondo de estabilización de la marraqueta”, pero que, en vez de garantizar precios, funciona con transferencias a los hogares cuando se acelera el precio de los alimentos.

Esto es doblemente necesario en un país como el nuestro donde hay veces en que los alimentos básicos y el cobre suben al mismo tiempo, generando riqueza mineral y fiscal para el país, pero al mismo tiempo inseguridad alimentaria en grupos vulnerables. Perfectamente esto se podría complementar con programas de vales de alimentos como existen en Estados Unidos y Europa, para que las familias que lo necesiten puedan acceder a nutrición básica.

Incluso algunos municipios en Chile ya lo están implementando. Este tipo de programas no sólo cuenta con evidencia de su funcionamiento, sino que también es un potente tapabocas para evitar distorsiones económicas mucho mayores.

Volviendo a la actual guerra, no todos los costos económicos globales serán inmediatos y vía precios. De hecho, a diferencia de muchos conflictos armados previos, acá esperamos ver una paulatina desconexión de Rusia de las cadenas de valor y de los mercados financieros occidentales.

(*) PhD por la U. de Harvard y Profesor de Finanzas Escuela de Negocios U. Adolfo Ibáñez
Rodrigo Wagner