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book icon Domingo 24 de julio de 2022

Cómo enfrentamos dos crisis encadenadas, la climática y la energética

Paloma Ávila Paloma Ávila

Mientras seguimos día a día el aterrador impacto de las olas de calor que azotan el hemisferio norte, cabe relevar que este escenario adverso exige de esfuerzos superlativos para encontrar soluciones urgentes.

Paloma Ávila

Partiremos diciendo que la guerra en Ucrania aceleró, por razones económicas, una discusión que venía postergándose, pero que era urgente por motivos climáticos: la transición energética.

La energía es responsable de alrededor de un 70% de las emisiones globales y este dato no ha sido una razón suficiente para acelerar la transición a fuentes renovables, porque hay mucha plata aún en este negocio y hay economías completas que dependen de los combustibles fósiles.

La energía es responsable de alrededor de un 70% de las emisiones globales y este dato no ha sido una razón suficiente para acelerar la transición a fuentes renovables.

En este escenario adverso, la guerra está siendo el verdadero gatillador para apurar el tranco hacia la energía del futuro, que debería tener al menos dos características centrales: que no genere emisiones y que sea inteligente y descentralizada.

La primera, porque los eventos extremos climáticos, como las olas de calor o frío, inundaciones y huracanes, sólo van a aumentar y se volverán más intensos si seguimos en esta senda de emitir gases a la atmósfera que la calienten.

Pero la descentralización de las fuentes cumple con criterios climáticos, ya que tiende a ser más eficiente y barata, pues no se necesitan tantas líneas de transmisión y, por lo tanto, se reduce el impacto. También tiene un valor geopolítico y es más seguro para todos, porque no dependemos de que un tal Putin en Rusia decida arbitrariamente cerrar la llave.

Además, es importante decir que lo renovable y descentralizado está más a mano de todos. Cualquier persona o comunidad puede producir electricidad con una fuente renovable, resolver sus necesidades e incluso aportar la energía restante a la sociedad.

Precisamente la guerra nos mostró cuán frágil es el sistema que tenemos, y cómo podemos quedar de un día para otro debajo de la mesa, y eso que aún estamos contando las pérdidas e impactos que este tipo de situaciones puede traer a los países.

Paralelamente, y también como efecto del conflicto en Europa del Este y la incertidumbre -y no de la urgencia de cambiar nuestro modelo de vida-, la Unión Europea junto a la Agencia Internacional de Energía anunciaba en abril que atravesamos la “primera crisis energética mundial”.

Paralelamente, y también como efecto del conflicto en Europa del Este y la incertidumbre -y no de la urgencia de cambiar nuestro modelo de vida-, la Unión Europea junto a la Agencia Internacional de Energía anunciaba en abril que atravesamos la “primera crisis energética mundial” y empezaron a pedir a los ciudadanos que ahorraran energía al máximo, con el fin de romper con la dependencia rusa y tener lo suficiente para el invierno.

Esto permitiría dejar de usar 220 millones de barriles de petróleo y 17 mil millones de metros cúbicos de gas. Lo de pensar en un futuro escaso es algo que las hormigas saben y practican hasta el día de hoy, pero los humanos, en esta era de abundancia, hemos olvidado completamente cómo se hacía.

Acá la oportunidad era ahorrar energía, disminuir el uso de aire acondicionado en estos tiempos estivales, usar transporte público, bajar la velocidad de los autos y trabajar remoto, para que cuando llegara el invierno las arcas energéticas estuvieran menos estresadas.

A pesar de que la tendencia al aumento de las temperaturas estaba ampliamente anunciada por la ciencia, los gobiernos, como hemos notado, no vieron venir las olas de calor y las ciudades demostraron no estar preparadas.

Sin embargo, a pesar de que la tendencia al aumento de las temperaturas estaba ampliamente anunciada por la ciencia, los gobiernos, como hemos notado, no vieron venir las olas de calor y las ciudades demostraron no estar preparadas. No hubo aire acondicionado que se apagara frente a las altas temperaturas y la necesidad de ahorrar para el futuro quedó, por ahora, sepultada bajo las alertas de emergencia que emanaron de los países a medida que las olas iban pasando por España y luego por Reino Unido.

Pero la Comisión Europea insistió en esta línea y presentó el miércoles un plan llamado “Ahorra gas para un invierno seguro” con el que propone, por ejemplo, limitar la temperatura del aire acondicionado a 25 grados y la calefacción a 19. Además, aconseja a las industrias que tengan la opción de usar otras fuentes para aumentar las reservas de gas, dado que como nos adelantó la famosa serie “Guerra de Tronos: Winter is comming”, viene el invierno y parece una película de terror.

La propuesta busca tomar medidas que, previa aprobación de los Estados, se conviertan en obligatorias para lograr reducir en un 15% el gas utilizado por los países de la UE entre el 1 de agosto y el 31 de marzo del próximo año.

No obstante, España, que acaba de perder 320 personas como efecto de las olas de calor, ha decidido no adherir a estas peticiones, porque dice que no es un Estado sobregirado energéticamente y que, por lo tanto, un 15% es demasiada exigencia.

Si bien son entendibles los argumentos que entreguen desde cada país frente a las soluciones colectivas, lo concreto es que el planeta está ardiendo: la evidencia está a la vista de todos, y aun así no estamos corriendo y buscando una salida mientras todo se quema. Esa es la capacidad humana para adaptarse.

Y la cosa en Estados Unidos no pinta para mejor. Mientras avanza la ola de calor, afectando a más de cien millones de personas y se baten récords históricos de temperatura, también hay malas noticias para la crisis climática y para la energética, luego de que esta semana el senador demócrata, Joe Manchin, le cortara las piernas a los planes a Joe Biden para combatir el cambio climático.

Lo que trato de plantear es que vivimos en tiempos de crisis sobrepuestas y que no se pueden postergar porque todas son urgentes: es urgente tener energía para vivir y producir, es evidentemente urgente combatir drásticamente la crisis climática, y es urgente buscar caminos para enfrentar la crisis económica global.

Pero si una le toca los intereses a la otra, entonces, ¿cómo avanzamos y con qué incentivos empujamos la agenda de nuestras soluciones? La lucha contra el cambio climático y la transición energética requiere recursos, ¡muchos!

Lo que trato de plantear es que vivimos en tiempos de crisis sobrepuestas y que no se pueden postergar porque todas son urgentes (...) Pero si una le toca los intereses a la otra, entonces, ¿cómo avanzamos y con qué incentivos empujamos la agenda de nuestras soluciones?

En Chile se proponen algunas medidas urgentes pero no tan populares, como los impuestos verdes para recaudar plata que pueda realmente gestionar soluciones climáticas; los castigos tributarios a las fuentes contaminantes para desincentivar el uso de combustibles fósiles y aumentar con fuerza los renovables; y subsidios a la electromovilidad para acelerar el cambio del parque automotriz.

Todo esto es urgente, pero golpea la aprobación de los gobiernos alrededor del mundo y es así como el plan de un gobierno con agenda ecológica, algo que comparte Joe Biden con Gabriel Boric, tiene todos estos problemas en el camino, marcados por las encuestas, las aprobaciones, la falta de apoyo en los otros poderes del Estado, las revueltas internas.

Y entre paros de camiones, protestas por el alza del costo de la bencina, lobby de las petroleras, se va diluyendo la esperanza de combatir el cambio climático mientras todo arde ante nuestros ojos… ¿Qué necesitamos para reaccionar? ¿Llegará el momento de hacer lo urgente y tomar las medidas a tiempo? ¿Quedará algo que conservar?

Paloma Ávila