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book icon Domingo 21 de agosto de 2022

Cómo llega Rosalía a Chile

Marisol García Marisol García

Su gira bicontinental —minimalista pero innovadora—, hasta ahora recoge asombro y malas críticas. Hay algo por completo diferente a las convenciones del pop en el show que la estrella española presentará el domingo 28 en Santiago.

Marisol García

Tendremos un concierto muy relevante el próximo domingo 28 en Santiago, pero por mucho que queramos hablar sobre él, se trata de algo que no podemos calificar como un show de sorpresas.

Lo digo, porque la gira de Rosalía que llega al Movistar Arena -la cual partió la primera semana de julio en España, se extenderá hasta diciembre en varias ciudades de Europa y en Norte y Sudamérica- ha tenido enorme cobertura en prensa… en varios idiomas.

O sea, podemos más o menos saber qué esperar de este show a cargo de la más internacional de las voces españolas desde… ¿Mecano? ¿Miguel Bosé? ¿Julio Iglesias, quizás? Es cierto que su música poco tiene que ver con la de estos viejos referentes de su país, pero así de grande se ve su fenómeno, incluso en mercados esquivos, como el estadounidense.

Recordemos que a Rosalía ya la tuvimos una vez en Chile, cuando en marzo de 2019 tuvo un cupo en el Festival Lollapalooza. Llegó entonces arropada de un magnífico disco suyo, “El mal querer” (mi favorito). Pero me atrevo a decir que la situación del festival no era la adecuada para apreciar por completo su propuesta.

Si bien en esa ocasión sí entusiasmó, fue a menos auditores que los que ahora agotaron muy velozmente las quince mil entradas puestas a la venta hace cuatro meses por la productora DG Medios.

¿Cómo es que llega hoy Rosalía a Chile, la estrella que en un mes cumplirá 30 años, y que ya puede permitirse no sólo armarse un show a la medida, sino que hacerlo subvirtiendo muchas de las convenciones en la música popular internacional?

Lo primero es eso: entender que Rosalía no es sólo éxito, sino también propuesta. El disco que ahora la ocupa, “Motomami”, fusiona ideas venidas de sectores musicales muy distantes: hay mucho reggaetón, como nunca antes en sus dos álbumes previos. Pero esos pulsos del género aparecen de maneras inusuales, combinados a veces con tecno-pop, a veces con bolero y balada y, por cierto, también con esa rumba flamenca que a ella la fue formando desde adolescente en la música, como cantante, compositora y bailarina.

           

Pero sobre todo se tratará de un show con fuerte carga visual. No quiero decir con esto que haya que esperar parafernalia ni vanguardia técnica, sino que se trata casi de todo lo contrario. La idea es destacarla a ella por sobre todo. Tanto así, que en el escenario no hay músicos (salvo un pianista) ni banda: todo suena desde pistas pregrabadas, alrededor de una decoración muy austera y abstracta, y con un cuerpo de baile ocupado en música que está pensada precisamente para eso.

Desde un diseño "minimalista e inmersivo", tal cual definen sus encargados, se invita a los asistentes a aprovechar el entorno para tomar fotos y videos, asumiendo que lo que ahora se entiende por escuchar música en vivo está intermediado, inevitablemente, por las pantallas y redes sociales.

Así, el foco está puesto sobre todo en Rosalía: ella y su canto. Ella y su baile. Ella y sus cambios de ropa. Ella y sus gestos frente a los teléfonos.

Se trata de un diseño de concierto que hasta ahora ha sido aplaudido y también muy objetado. Hay notas en grandes medios españoles que, por ejemplo, estiman que lo que ha hecho Rosalía en este Tour Motomami es convertirse en una "selfie andante", como la describió el diario El País. “¿En qué momento de la historia decidimos considerar que un espectáculo sin un solo músico es un concierto? Esto estaba inventado ya de antes y tiene otro nombre: karaoke”, anota otro cronista.

"Pero si precisamente de eso se trata el pop del siglo XXI", le responden por ahí.

Una nota en internet recoge este intercambio de opiniones. Lleva como título: “Rosalía divide España (otra vez): ¿un concierto sin músicos es un concierto?”

Y, bueno, desde acá esperamos el show del domingo 28 de agosto sabiendo que lo del "dividir a España" sí que debe estar muy exagerado. Pero al menos les comparto una polémica ya en marcha y servida, para que luego no se diga que no se escuchó venir.

Marisol García