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book icon Domingo 9 de octubre de 2022

Cuatro poderosas razones para seguir el XX Congreso del Partido Comunista Chino

Pilar Rodríguez Pilar Rodríguez

El próximo 16 de octubre se reúne el máximo organismo del Partido, para visar la hoja de ruta para los próximos cinco años. Un examen al hombre que desafió el límite a la reelección: Xi Jinping, un culto a la personalidad pocas veces visto, que neutraliza cualquier disidencia, combate la corrupción y sueña con recuperar la gloria de la China Imperial.

Pilar Rodríguez

La última vez que se reunió el Congreso Nacional del Partido Comunista Chino (PCCh) en 2017, el máximo líder Xi Jinping preguntó a los dos mil integrantes si estaban de acuerdo en incluir su nombre y filosofía de gobierno en la Constitución. Un rotundo y unánime “sí” resonó en el Salón del Pueblo. Quedaba sellado así un honor solo reservado, hasta ese momento, a los dos próceres de la historia reciente china: Mao Zedong, padre fundador de la República Popular, y Deng Xiao Ping, el artífice del modelo socialista con férreo control político y apertura en lo económico.

Se instaló la era y el “pensamiento Xi”, una doctrina que pasará a estudiarse en las escuelas y que debe seguir todo buen comunista chino: el camino socialista con características propias, que ahora pretender dar un salto y coronar a China en la primera potencia económica mundial en 2049, cuando se cumplan cien años desde el nacimiento de la República Popular.

La voluntad de Xi Jinping no tiene disidencia o, al menos, no hay mucho espacio para expresarla. Así gobierna el poderoso dirigente que logró mover las fichas para cambiar la Constitución y quitar el límite a su reelección como Secretario General del Partido Comunista y Presidente de la República del gigante asiático.

El próximo 16 de octubre, volverán a reunirse los más de dos mil integrantes del Congreso del Partido Comunista chino, para ungir su reelección a un tercer periodo hasta 2027, completando así quince años en el cargo, en el umbral de cumplir 70 años. No tiene contendores ni tampoco ha marcado a algún delfín que pudiera sucederle en el cargo. Una señal más de que este hombre está pensando en el largo plazo, sin intenciones de soltar el poder. Es el Gran Timonel, que hoy controla absolutamente todos los máximos cargos políticos, como jefe del partido, del gobierno y del Ejército.

¿Qué más debiéramos esperar del veinteavo congreso del Partido Comunista Chino? Se dice que habría una propuesta para consagrar al Partido como la única entidad con derecho a dirigir China a perpetuidad. Es decir, ahogar cualquier intento por levantar alternativas de poder político y anular así la incipiente disidencia. Si bien hoy no existe el régimen de partido único en China, en la práctica opera como tal. 98 millones de chinos militan oficialmente, tras aprobar un acucioso proceso de selección. No es para menos, si el Partido es la llave maestra para acceder al suculento aparato burocrático.

Pero quizás lo más interesante para nosotros, que tenemos a China como primer socio comercial, es el cambio de énfasis en su modelo de desarrollo. En 2020, China logró la meta de una sociedad “moderadamente próspera”. Oficialmente, el año pasado se erradicó por completo la pobreza rural. Lo que tiene entre cejas el gran Xi, como lo apodan algunos, es impulsar una sociedad más igualitaria, donde la capa media de la población tenga real acceso a las bondades del crecimiento. Es decir, crear oportunidades de mayor ascenso social y redistribuir la riqueza que hoy está concentrada en manos de unos cuantos supermillonarios. En términos comerciales, podría abrirse un nuevo poder adquisitivo para las exportaciones chilenas, lo que es siempre una buena noticia.

Eso sí, el mandatario chino ha puesto límites en las ayudas sociales. Con todas sus letras anunció que “debe evitarse caer en la trampa de generar vagos” con un sistema de coberturas excesivas o subsidios abultados.  

Xi, un ingeniero químico que ha escalado con paciencia china en el complejo aparato de poder, está empeñado en ratificar ante el XX Congreso del Partido Comunista, su monumental iniciativa de la nueva Ruta de la Seda; una embestida gigantesca en términos económicos y de infraestructura, que pretende conectar su país con el corazón europeo, por tierra y por mar. Una empresa en marcha, no exenta de polémica, porque muchos países han quedado hipotecados y a merced del gigante asiático, a cambio de préstamos inabordables que financiaron modernas inversiones en infraestructura. Algo así como el nuevo desembarco colonizador en clave de siglo XXI, que se expande también por el continente africano y América Latina.

Puertas al mundo, el Congreso del próximo 16 de octubre deberá timbrar el plan de Xi Jinping de consolidar a China como líder mundial no solo en términos militares y económicos, sino como un referente en innovación, que avance en independencia tecnológica y pueda convertirse en proveedor del mundo. 

En ese camino, está mirando muy de cerca las fortunas de los gigantes tecnológicos de su país.   Así como se les facilitó en bandeja de plata su desarrollo empresarial, cuando el país necesitaba crecer, hoy Xi está decidido a impulsar un férreo escrutinio para sancionar las prácticas abusivas o asomos de corrupción. Pragmatismo en toda regla y sin titubeos.

Será un Congreso en tiempos revueltos, cuando la economía china enfrenta un menor crecimiento, un envejecimiento galopante de la población, las adversidades de la pandemia y tensiones con Taiwán y Hong Kong, dos provincias en rebeldía.

Xi Jinping pondrá a prueba su liderazgo, para validar un nuevo mandato que podría prolongarse indefinidamente en el tiempo, al alero del llamado “xiismo”.

Pilar Rodríguez