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book icon Domingo 15 de mayo de 2022

El crudo retraso escolar chileno que la pandemia agravó

Carmen Gloria López Carmen Gloria López

Es enorme la cantidad de niños y niñas que llegan a octavo básico con deficientes habilidades a la hora de leer y escribir, alguno de ellos, incluso, con niveles de lectura correspondientes a tercero básico. Sin embargo, nadie se escandaliza.

Carmen Gloria López

La pandemia provocó un gran retraso escolar. Varios profesores aseguran que fueron dos años perdidos en materia académica. Es decir, los niños de tercero básico están con un muy buen nivel para primero y los de octavo son un buen sexto.

Esta semana el gobierno presentó una “política de reactivación educativa integral” llamada Seamos Comunidad, tratando de hacer frente a las secuelas escolares de la pandemia que se hacen cada día más evidentes.

En un artículo publicado en La Tercera el 25 de marzo, varios profesores y directores de escuelas, entrevistados por Roberto Gálvez y Matías Saavedra, describen así este atraso: incapacidad de leer y comprender instrucciones, uso escaso de vocabulario reemplazado muchas veces por garabatos.

En el reportaje, Alejandra Cabrera, directora del Liceo Bicentenario Patricio Mekis, asegura que con esto “los papás se dieron cuenta de lo importante que es el profesor”. Su frase carga con la responsabilidad a los dos años de encierro, pero lo cierto es que hace rato muchos escolares chilenos no saben leer ni escribir con estándares aceptables a pesar de llevar años en una sala de clases.

Según datos del Simce 2017, el 58% de los estudiantes chilenos de cuarto básico no comprendía lo que leía. Según la prueba nacional de lectura aplicada ese mismo año, un cuarto de los casi 255 mil niños de 2° básico “no tiene las competencias mínimas de comprensión lectora”. En ese entonces, la ministra de Educación, Marcela Cubillos, declaró a un diario de Concepción que aquí hay temas de metodología, de focalización y de material.

Ese mismo año un informe de la OCDE nos dejó en penúltimo lugar de 34 países evaluados. Entre otras cosas, descubrió que más de uno de cada dos adultos chilenos obtiene resultados por debajo del Nivel 1 de 5 en comprensión lectora; es decir, 53% en comparación con el 18% que es el promedio de la OCDE.

Más de la mitad de los adultos en Chile no entiende instrucciones escritas simples.

Eso significa que más de la mitad de los adultos en Chile no entiende instrucciones escritas simples. La noticia de consuelo es que los jóvenes entienden un poco más que los mayores de 55… pero esa vara es muy baja ¿Las conclusiones del estudio internacional? El problema está en la enseñanza en la infancia.

Ya en 2011, hace una década, el Estudio de Comportamiento Lector realizado por el Consejo de la Cultura y el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile había mostrado que un 84% de los chilenos no comprende adecuadamente lo que lee.

Para entender de qué hablamos, le robo a Mario Waissbluth un ejemplo que puso en una columna llamada Un Elefante camina por la Alameda: “Una pregunta real de nivel 1 en prosa consiste en mostrarle a la persona una etiqueta auténtica de aspirina, donde dice claramente que el medicamento no debe tomarse por más de 7 días. Se pregunta entonces: ¿cuántos días debe tomarse una aspirina como máximo? 41% de las personas con educación media completa no la puede responder, y 35% de los respondentes con educación superior tampoco”.

Uno de los investigadores del estudio de 2011, Esteban Puentes, resumió para Radio Universidad de Chile la gravedad del problema: “Si entiendo lo que leo y soy capaz de desarrollar hipótesis a partir de eso, tengo un pensamiento crítico y soy capaz de obtener conclusiones, eso está asociado a un mayor nivel de salarios. Esto no se relaciona solo con tener más años de educación, sino que hay habilidades más generales que tienen que ver con entender un texto que me permite obtener saberes mayores”. En otras palabras, esta falla del sistema educacional hace aún más difícil salir de la pobreza.

Para Waissbluth, la madre del cordero está en el énfasis que puso el Estado en aumentar la cobertura y lo poco que se invirtió en formación y buenos sueldos para los profesores, además de la instalación del SIMCE y sus perversos incentivos.

Lo cierto es que el tema es demasiado antiguo. Un reportaje de Contacto realizado en 2004 por Claudia Godoy ya mostraba el círculo vicioso: profesores con mala base escolar, títulos obtenidos con estudios rápidos los sábados en la mañana en universidades no acreditada o acreditadas de modo dudoso -los famosos profes marmicoc-, maestros enseñando en escuelas mal gestionadas, docentes con bajos estándares.

Pasaron más de 15 años desde ese reportaje y seguimos con las cifras estancadas. Hoy, ahora, aquí hay niños y niñas en octavo básico que no saben leer. Ni siquiera es que no comprendan lo que leen, sino que no saben leer. ¿Cómo pasaron de curso? ¿Por qué? ¿Quién es el responsable?
Las explicaciones abundan, sobran los planes que se han inaugurado para el fomento de la lectura y también las frases que piden considerar el contexto vital de los estudiantes, como si saber leer no fuera una herramienta para liberarse de esos contextos en vez de una carga. ¡Hablamos de enseñar a leer!

Hoy, ahora, aquí hay niños y niñas en octavo básico que no saben leer. Ni siquiera es que no comprendan lo que leen, sino que no saben leer.

Los libros escolares llenos de maravillosas ilustraciones y cuentos están disponibles en internet, basta ingresar el rut del estudiante, la biblioteca digital tiene más ejemplares que nunca disponibles de modo gratuito. Y lo básico no se resuelve: enseñar leer.

Los números hablan de una falla sistémica en nuestro sistema educacional, un fracaso grave y profundo. Para mi humilde e ignorante opinión, a todas las declaraciones del Colegio de Profesores y ministerios responsables les falta urgencia y autocrítica.

Leer es fundamental para cualquier otro aprendizaje, es fundamental para funcionar en el mundo laboral y social. Manejar el lenguaje sirve para algo tan básico como pensar.

Leer es fundamental para cualquier otro aprendizaje, es fundamental para funcionar en el mundo laboral y social. Manejar el lenguaje sirve para algo tan básico como pensar.

Cuando una Constitución consagra el derecho a la educación debiese entenderse en ello el derecho de un padre, madre o un alumno a demandar al estamento público que no logre traspasar este aprendizaje básico. Constitución que la mitad de los votantes no podrá comprender si es que la lee. Es dramático.

Mientras… cada Gobierno instala un nuevo plan de fomento lector, incluso el actual en su programa Seamos Comunidad lanzado esta semana, y agrega a eso el cumplimiento de una promesa de campaña: Los profesores chilenos no serán evaluados por tercer año consecutivo para no agregarles presión…cuando lo que más debiera estresarlos, creo yo, es no poder enseñar a leer y a escribir.

Dicen que el problema está en la gestión curricular de las escuelas, en la preparación de esos profesores, la falta de material, la cantidad de alumnos por sala, muchos de ellos con problemas más urgentes que no saber leer. Ahora la pandemia y la violencia escolar se suman a la lista de justificaciones.

Por otro lado, reviso los libros escolares: el objeto lírico, los tipos de narradores, la metacomunicación…Y me pregunto: ¿lograremos que los escolares amen la poesía o los cuentos buscando el temple de ánimo del narrador omnipresente? Sé que es un tema complejo, multifactorial y no soy una experta en temas de educación, pero propongo que empecemos por escandalizarnos y exigirle al Estado que haga la pega.

Carmen Gloria López