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book icon Domingo 16 de octubre de 2022

“El efecto ladrillo”: Las historias del neoliberal y la luchadora

Jimena Villegas Jimena Villegas

El nuevo documental de la periodista y realizadora Carola Fuentes, muestra el tránsito de dos chilenos de mundos muy distintos, post estallido social. Ambos reflejan los efectos de un profundo cambio personal en el que, desde sus veredas, confluyen: el gran eje está en salir del sí mismo, para ir hacia el colectivo. “El efecto ladrillo” llegó a los cines esta semana.

Jimena Villegas

Durante el fin de semana del domingo 4 de septiembre, cuando los chilenos nos preparábamos para la fiesta democrática que iba a significar ir las urnas para votar la propuesta de nueva Carta Fundamental hecha por la Convención Constitucional, por unas horas la periodista Carola Fuentes liberó en la red YouTube el acceso a uno de sus trabajos audiovisuales, el documental “Chicago Boys”.

En esa película -del año 2015- se cuenta la historia de cómo un puñado de profesores de la Universidad Católica viajó a formarse a la Universidad de Chicago. en Estados Unidos, bajo el alero de -entre otros- Milton Friedman. El académico, estadístico y premio Nobel es reconocido como uno de los economistas más influyentes del siglo XX y es a quien los chilenos conocemos como el padre de la economía neoclásica de libre mercado o neoliberalismo económico. 

Usando los postulados de esa escuela y una vez que volvieron a Chile, los jóvenes profesores de la UC, retratados en el documental “Chicago Boys”, crearon un modelo de gestión para este país: el llamado modelo económico neoliberal, que se implantó a partir de la segunda mitad de los años 70 del siglo pasado, en plena dictadura. 

Ese modelo fue volcado en una especie de grueso manual al que se le llamó “El Ladrillo”. Ese texto, con su diagnóstico y sus políticas específicas en capital humano o subsidios directos, se coló en la línea de trabajo del gobierno a instancias del almirante José Toribio Merino, en ese entonces miembro de la Junta Militar. Su instalación corrió por cuenta de la Oficina de Planificación Nacional, mejor conocida como Odeplan.

De las consecuencias actuales en la aplicación de esas políticas de Estado versa “El efecto ladrillo”, el nuevo documental de Carola Fuentes, que llega este fin de semana a las salas de cine comercial. Se trata de un trabajo hecho -al igual que “Chicago Boys”- junto a su compañero Rafael Valdeavellano y realizado por la productora La Ventana Cine. 

En 85 minutos, “El efecto ladrillo” opera como una especie de secuela de “Chicago Boys”, es decir, una segunda parte natural, que busca revisar y -por qué no- pedir cuentas de los resultados del neoliberalismo económico. El contexto para hacerlo es el brusco y sorprendente vuelco que se provocó en este país a causa del estallido social y que derivó en la Convención Constitucional. 

         

Aunque las imágenes muestran el caos callejero de aquellos días, su largada es esperanzadora: nos recuerda que la mariposa antes de brotar debe ser gusano y nos cuenta que el proceso de nacimiento de esa belleza implica, incluso, una muerte en la que intervienen unas células llamadas imaginativas.

Para hacer el recorrido, este trabajo recurre a la más clásica y eficiente técnica periodística, la de los opuestos complementarios. Para eso, se va avanzando alrededor de dos historias personales: la de una mujer de nombre Mariana y la de un hombre llamado Ramiro. Y aunque son tan distintos, partiendo por su origen social, uno y otra tienen algo en común: trabajan para el colectivo, buscan aportar más allá de ellos mismos, desarrollan proyectos personales y colaboran en proyectos de otros. Ambos ponen en ese esfuerzo, que es sentimental y también es político, lo mejor de sus talentos e inteligencias. 

Ella viene de abajo. Es una mujer que debió luchar intensamente para ser letrada y convertirse en profesora de historia. Se nota que ejercer ese oficio es, para ella, una auténtica pasión. Echando mano de creatividad y de ganas, ayuda día a día a pobladores de zonas depauperadas con comida o artículos de uso diario. Impulsada por efectos colaterales del 18 de octubre, se involucra en causas de derechos humanos. 

La visión de Mariana, quien es acompañada en este viaje por su marido, es muy clara: para ella, el sentido del éxito, representado en Sanhattan y los símbolos del estatus material, era una gran mentira del Chile contemporáneo. Debajo de la alfombra -dice- estamos todos. Su recorrido pasa por plazas sin verde, calles sin asfalto, casas sin saneamiento higiénico, familias inmigrantes, personas vulnerables, etc.

Pero, aunque la suya es una vida admirable de esfuerzo y tesón, propia de un ser humano resiliente a más no poder, quien más sorprende en “El efecto ladrillo” es su espejo de la cota mil, Ramiro, de apellidos Urenda Morgan. 

Ingeniero comercial que se ha desempeñado como profesor de micro y macroeconomía y que ha sido autor de columnas, también pasó por el grupo Cruzat, conocido, a fines de los años 70, como “Los Piraña” por su capacidad de copar mercados. 

A diferencia de los “Chicago boys” originales,  Ramiro no se fue al sector público. Es más, él no estudió en Chicago, sino que prefirió muy prontamente privatizarse para ganar dinero. Pero, antes de que eso sucediera, siendo todavía un veinteañero, ayudó a pasar en limpio los postulados de “El Ladrillo”. Era y es -como él mismo dice- un momio. 

Ese modelo fue volcado en una especie de grueso manual al que se le llamó “El Ladrillo”. Ese texto, con su diagnóstico y sus políticas específicas en capital humano o subsidios directos, se coló en la línea de trabajo del gobierno a instancias del almirante José Toribio Merino, en ese entonces miembro de la Junta Militar. Su instalación corrió por cuenta de la Oficina de Planificación Nacional, mejor conocida como Odeplan.

Mientras se lo ve circular por un mundo de casas en el lago y oficinas de alto estándar, se observa cómo -sin dejar de lado la propia identidad- es posible salir del estereotipo para ir en la búsqueda de una explicación: no puede ser que tanto bienestar haya derivado en tanta rabia. Ramiro abre en estas reflexiones una puerta a sus pares empresarios, la puerta de la empatía. Sabe que hay una responsabilidad en ese reventón que fue el estallido y cree que los empresarios no están conscientes de esa responsabilidad, entre otras cosas porque a los empresarios les falta calle. 

Ambos, Mariana y Ramiro, son seguidos por la cámara mientras realizan sus actividades propias. “El efecto ladrillo” tiene la delicadeza de no juntarlos, para qué. Ella y él nos permiten comprender desde sus esquinas que la capacidad de ir más allá del propio ombligo excede el contexto social individual. Salir del sí mismo es más bien una opción que permite que el afuera te roce más allá del miedo y con interés genuino.

“El efecto ladrillo” no es un filme perfecto. Le sobran probablemente algunos minutos. Y de la intimidad de Ramiro quisiera saberse un poco más. Tiene, en cambio, el valor de mostrar los matices, de encontrar a las mariposas que pueden emerger en este Chile de hoy, siempre y cuando las células creativas hagan su trabajo y sean capaces de ayudar a morir lo que debe fallecer. Como dicen en los mundos de la espiritualidad, para que entre lo nuevo debe salir una parte de lo viejo.

Cabría preguntarse qué está pasando con Ramiro y con Mariana ahora, después del 4 de septiembre, el día en que los chilenos fuimos a las urnas y rechazamos rotundamente la propuesta constituyente que entregó la Convención, ese organismo que nos dimos para tratar de encauzar la crisis tras el estallido. Puede ser que estén decepcionados. O quizá no, porque -a juzgar por lo que “El efecto ladrillo” nos cuenta- ambos son personas capaces de sacar los aprendizajes, mirando el vaso medio lleno. Queda la pregunta, por cierto. La respuesta, si es que cabe ofrecerla, compete a otra pieza audiovisual.

Jimena Villegas