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book icon Domingo 2 de octubre de 2022

El Gobierno frente al fuego enemigo…y al amigo

Paula Comandari Paula Comandari

Sumar respaldos a la reforma de pensiones. Ese es el encargo que le impuso el presidente Gabriel Boric al subsecretario de Previsión Social, quien deberá hacer un trabajo de joyería para alinear a la oposición al nuevo plan. Sin embargo, el desafío es mucho más complejo: tiene que cuadrar a sus parlamentarios que aún son reticentes a la propuesta elaborada en Palacio.

Paula Comandari

Desde hace tres semanas el subsecretario de Previsión Social, Christian Larraín, mueve lentamente cada pieza del puzzle previsional, para conseguir que esta vez el ambicioso proyecto tenga un apoyo amplio y transversal entre los parlamentarios.



Por eso quien fue parte de la comisión Marcel y asesor de la reforma presentada en la segunda administración Bachelet, se ha reunido con representantes de todo el espectro político, desde el PPD, el PS, pasando por el Frente Amplio, hasta la UDI y RN. El mensaje que Larraín deja entre líneas es que para aprobar un plan que mejora las pensiones de los chilenos -y no morir nuevamente en el intento- todos tienen que ceder en sus posiciones.

La iniciativa tiene varias complejidades. Parte por el 6% con cargo al empleador, que en la propuesta del gobierno va dirigido a un fondo colectivo, cuya primera función es mejorar las pensiones de quienes hoy están jubilados. Pero con un matiz bien relevante: esta segunda pensión por el 6%, sólo la recibirán quienes hayan cotizado. Y el beneficio que obtendrán irá en proporción al monto cotizado. Por lo tanto, hay un cambio radical respecto de lo que contenía el diseño original: que los 5 millones de chilenos que cotizan pagan a diestra y siniestra, incluso a quienes están fuera de la red.

Eso en ojos del mundo empresarial hacía inviable el sistema.

En la derecha existen visiones contrapuestas en si aceptar o no la fórmula del Ejecutivo. De hecho, los asesores del sector -entre ellos los ex ministros Patricio Melero y María José Zaldívar- difieren en los beneficios del diseño propuesto por la administración Boric. La ex titular del Trabajo es de la idea de respaldar cuánto antes el plan del gobierno, cuestión que ha socializado con los parlamentarios de la UDI, que analizan los pasos a seguir.

“Lo que hoy propone el Ejecutivo es muy similar a los principios de la propuesta de Rodrigo Valdés en el gobierno de Bachelet, y también a la que impulsamos en la administración Piñera, con tres pilares claros: el solidario, el contributivo obligatorio y el voluntario”, dice. Mientras que el ex ministro de Hacienda de Bachelet 2, que hoy mira la discusión desde más lejos, afirma “que el escenario actual es simplemente un deja vu”.

El riesgo es que la derecha se resista nuevamente y que el plan del Ejecutivo se caiga. No son pocos en ese sector que temen que frente al fracaso de este proyecto, a futuro surjan voces más radicales en el tema previsional, algo que ya vivieron tras resistirse al proyecto Valdés, que hoy aprobarían “a ojos cerrados”.

En principio la UDI jugará a pelear que al menos una pequeña parte de esta nueva cotización se transfiera a las cuentas individuales. En RN intentarán ganar una proporción mayor, basados en las encuestas en donde las personas reclaman la propiedad de los fondos y en el triunfo del rechazo que les da margen para insistir en que no es necesario transitar hacia un sistema mixto.



Sin embargo, varios personeros del mundo empresarial han internalizado esa estructura, tras observar que la mayor parte de los países OCDE operan bajo ese modelo. Por eso fuentes del sector comentan que lo importante es amarrar otros temas.

Primero, que el pago para mejorar pensiones -el gran objetivo de la cotización adicional- dure una cantidad acotada de años, de modo de garantizar la durabilidad del sistema en el futuro. En el gobierno proponen 40 años. Sin embargo, la derecha quiere que el periodo se acorte a la mitad, y que después los recursos se orienten exclusivamente al ahorro y a la capitalización, con los ajustes de redistribución por sueldo y género, lo que de paso da garantías para que el mercado de capitales se mantenga robusto.

En segundo lugar están empujando la idea de tramitar de manera paralela y no en el mismo proyecto el mejoramiento de la PGU. Tercero, quieren reestablecer el retiro voluntario. Y, por último, definir en detalle cómo será el ente público que manejara el 6%, todas cuestiones que en el gobierno reconocen que “son materias en donde hay disponibilidad para negociar”.

Ahora, la administración Boric deberá lidiar con un frente interno: el fuego amigo. No son pocos los que afirman que el proyecto como está genera anticuerpos, sobre todo en Apruebo Dignidad, desde donde insisten que la promesa del mandatario fue eliminar del juego a las administradoras y permitir que instituciones privadas tuvieran sólo la posibilidad de manejar el stock del 10%, o sea lo que dispone el fondo actual, y no las nuevas cotizaciones, como finalmente quedó dispuesto en el plan del gobierno.

El proyecto tiene otro componente que genera divisiones en el corazón de la Moneda: establece la libre elección para que las personas decidan el tipo de organismo que les manejará sus fondos. Algo intragable para buena parte de los parlamentarios oficialistas, que querían un modelo, para ellos, completamente revolucionario y que knockeara al mundo privado.

¿Estarán el PC y el Frente Amplio disponibles para que gestores empresariales sigan como actores del sistema? Gran interrogante por despejar. En el gobierno insisten que las conversaciones dentro de las coaliciones están avanzadas, y que de aquí a fines de octubre, cuando presenten el proyecto, tendrán a buena parte de su sector detrás de la iniciativa.

La cruzada es maratónica: el jueves pasado el subsecretario se reunió con representantes del Partido de la Gente y esta semana iniciará “las segundas vueltas” con distintas bancadas de oposición y gobierno con el mismo foco de siempre: alinear al fuego enemigo…y al amigo.

Paula Comandari