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book icon Domingo 30 de octubre de 2022

El horizonte de Bachelet en Chile

Angélica Bulnes Angélica Bulnes

La ex presidenta regresó silenciosamente desde Ginebra la semana pasada y comenzó a instalarse y delinear los planes de cómo será su futuro de vuelta en el país al que llega a quedarse.

Angélica Bulnes

Tan discreta fue su vuelta, que los medios solo nos enteramos cuatro días después de que la ex presidenta Michelle Bachelet había aterrizado en Chile el viernes 21 de octubre.

Su rol de Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas fue intenso hasta, literalmente, el último minuto, ya que cerró cerca de la medianoche del 31 de agosto, con la entrega del demorado informe sobre la situación de los uigures en China, en medio de las presiones del gobierno de ese país para que lo guardara y de las organizaciones de DDHH porque lo diera a conocer. Quizás por eso, una vez liberada de sus responsabilidades, se tomó algunas semanas para desarmar su vida en Ginebra.

A Chile tampoco llega apurada por integrarse al debate y la actualidad. Hasta ahora la única actividad pública agendada es el lanzamiento del libro de su ex directora de prensa y amiga, Haydée Rojas, quien junto a la periodista María Ester Roblero publica una compilación de 30 entrevistas a actores locales e internacionales sobre el cambio climático y desafío medioambiental. “Urgentes mensajes del planeta Tierra”, se titula y será lanzado por la ex presidenta el 9 de noviembre en el colegio San Ignacio El Bosque.

Más allá de eso, Bachelet ha declinado las numerosas solicitudes de entrevista que le han hecho. Nunca le ha perdido el rastro a la política chilena y ha intervenido más de una vez, como cuando respaldó a Paula Narváez como candidata o apareció en la franja del Apruebo. Sin embargo, es distinto ser una observadora desde la distancia que estar aquí, por lo que antes de hablar quiere tomarle el pulso al día a día.

Pero incluso antes que eso, quiere instalarse y hacerlo con calma después de décadas de actividad frenética. Desde que asumió en Salud en el gobierno de Ricardo Lagos, no paró: vino luego el ministerio de Defensa, la candidatura, la primera presidencia, ONU Mujeres en Nueva York, la segunda campaña y el nuevo periodo de gobierno, tras lo cual partió nuevamente a Naciones Unidas, esta vez a Suiza. Por eso, en su círculo cercano no creen que hable públicamente, al menos no largo y tendido, hasta las fiestas de fin de año.

No significa esto que pretenda jubilarse. Pertenece ella, como suele ocurrir con ex presidentes, a una clase de personas que no pueden ni quieren dejar de ser actores relevantes de la política. Diferente es desde dónde y cómo lo hacen.

Bachelet no pretende buscar ni asumir ningún cargo institucional, ni aquí ni en el extranjero. No está de paso en Chile ni a la espera de otro nombramiento, sino que su intención es quedarse y hacer su vida aquí. Seguramente le van a ofrecer participar en muchos seminarios, mesas de trabajo, charlas, viajes, pero no aspira a que esas actividades la ocupen a tiempo completo.

Entre las cosas que le interesan a futuro figura ayudar a ponerle precisamente eso, más de futuro al debate local, que se percibe como muy centrado en la contingencia. Le gustaría contribuir a que el mundo progresista tenga respuestas y nuevas aproximaciones a los desafíos de género, cambio climático, derechos humanos e infancia, por citar algunos temas.

También quiere, o al menos está disponible, para tender puentes entre los distintos sectores de la izquierda. La promoción de la existencia y articulación de una gran fuerza progresista es algo que hace tiempo ha estado en su horizonte. Lo estaba para el surgimiento de la Nueva Mayoría y también cuando les abrió espacios o protegió a figuras de lo que hoy es el Frente Amplio en su segundo gobierno.

En ese sentido, como ella tiene llegada con diferentes sectores en la izquierda, puede contribuir a tender puentes por medio de conversaciones y encuentros. Algo que en el actual momento en que el Socialismo Democrático y Apruebo Dignidad gobiernan juntos, pero aún no superan sus desconfianzas mutuas, puede que se necesite.

Ya que hablé de horizonte, aprovecho entonces de decir que la fundación que Bachelet creó en 2018, Horizonte Ciudadano, está llamada a tener un papel en todo esto. La ex presidenta aspira a que este lugar exista más allá de sí misma; sin embargo, es natural que se convierta en una plataforma relevante para ella y que su llegada contribuya a impulsarla.

Hoy están ahí varias personas que fueron de su círculo más cercano en el segundo gobierno: la preside el sociólogo Pedro Güell, en el directorio están la actual ministra de la Secretaría General de la Presidencia, Ana Lya Uriarte, y Haydée Rojas; y el día a día está a cargo del cientista político Xavier Altamirano.

La fundación ha evitado deliberadamente convertirse en un think tank y no está dedicada a preparar artículos académicos ni ensayos. Se ha enfocado, en cambio, en diseñar y poner a prueba propuestas innovadoras de políticas públicas que impliquen participación ciudadana. Un ejemplo es la creación de la red Aires Nuevos, que ha dotado a escuelas y municipios de monitores de calidad del aire y les ha enseñado a usarlos a las comunidades para que puedan seguir y tomar medidas respecto a los índices que los afectan.

En ese sentido, se parecen más a un laboratorio que pone a prueba iniciativas que a un centro de pensamiento, lo que dicho sea de paso, conecta bien con las metodologías que ha estado utilizando la ONU, institución donde la ex presidenta ha pasado los años recientes, en la agenda de objetivos de desarrollo sostenible, que están más orientados a la acción que a la discusión.

A partir de eso, Horizonte Ciudadano también aspira a incidir en la conversación sobre las políticas públicas y las respuestas que puede ofrecer el progresismo a los desafíos de la política actual. Y a la vez, aspira, más todavía con la ex presidenta aquí disponible, a ser un espacio para que se produzca un debate y conversación entre las fuerzas de la izquierda con una mirada más de largo plazo.

Angélica Bulnes