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book icon Domingo 15 de mayo de 2022

El juego de TikTok que tiene en alerta a los colegios

Paula Comandari Paula Comandari

El extravío de un alumno y un peligroso challenge por esa red social -ambos conocidos esta semana- prendieron las alarmas en rectores, profesores, padres y psicólogas. Porque, más allá del juego mismo, preocupa el estado de salud mental de niñas, niños y adolescentes producto del prolongado aislamiento. Aquí, algunas pistas para enfrentar este escenario.

Paula Comandari

Esta semana varios colegios alertaron por un nuevo reto que circula en TikTok entre miles de estudiantes chilenos: desaparecer por 48 horas para conseguir una denuncia y búsqueda masiva. No es un desafío nuevo: a fines de 2017, la Policía Nacional Española advirtió a la población sobre este peligroso juego que se estaba poniendo de moda en las redes sociales, y que incentivaba a los adolescentes a abandonar sus casas y desaparecer dos días sin dejar rastro. Esto fue asociado a la desaparición de algunos adolescentes no sólo allí, sino que en Irlanda, México y Estados Unidos.

Un nuevo reto circula en TikTok entre miles de estudiantes chilenos: desaparecer por 48 horas para conseguir una denuncia y búsqueda masiva.

Lo mismo ocurrió dos años antes en Reino Unido cuando se visibilizó el “Juego de los 72”, que alentaba a los adolescentes a esconderse de sus padres durante largos períodos de tiempo y ganar "puntos" a través de "me gustas" o menciones en las redes sociales.

Ahora, nuevas alarmas policiales en España aseguran que el temido juego ha vuelto a circular entre los jóvenes, según reporta el diario La Vanguardia. Y el fenómeno podría estar ocurriendo en nuestro país, cuestión que llevó a que los equipos psicológicos de los colegios generaran en los últimos días reuniones de emergencia para definir protocolos que, según explican, serán compartidos con los padres.

La noticia del reto circuló esta semana de Whatsapp en Whatsapp y puso nerviosos a rectores, profesores, psicólogos y apoderados, que intentan responder de manera airosa a distintos trastornos que experimentan los estudiantes y que, dicen ellos, se ha intensificado durante la pandemia.

Tanto revuelo provocó este juego, que muchos atribuyeron la desaparición por algunas horas de un estudiante del Verbo Divino, el lunes pasado, a ese desafío. Esa misma noche, el joven fue encontrado por su familia y el establecimiento emitió un comunicado explicando que el caso no estaba vinculado al juego. Pero varios colegios, como el Trewhela`s School y el Saint Gabriel’s School, ya alertaban sobre el nuevo “challenge” en redes sociales.

Éste no es el único reto que afrontan los colegios por estos días. Según Octavio Lizama, rector del BetterLand School, el establecimiento educacional más vulnerable del sector Oriente, este tipo de juegos se ha extendido durante los años de encierro, lo que viene a demostrar los efectos dañinos que ha generado la pandemia en los menores. “Aquí, nosotros nos enfrentamos al reto de aspirar canela, que dejó a varios estudiantes mareados y con vías respiratorias obstruidas”, dice Lizama.

Chile está entre los cinco primeros lugares con peor salud mental entre los estudiantes, que hoy viven en un mundo repleto de estímulos, de redes sociales, que los conectan para afuera, con padres más permisivos con las pantallas, sin espacios de introspección y de conexión para vincularse y desarrollar empatía”, dice Carolina Bunge, sicóloga infanto juvenil y directora de la Fundación Con todo mi Yo. Asegura que el sistema de salud mental en el país está saturado después de los años de aislamiento.

Hoy es una odisea encontrar una hora de atención psicológica para niños y adolescentes, una realidad aún más aguda en el sistema público.

La mejor demostración es que hoy es una odisea encontrar una hora de atención psicológica para niños y adolescentes, una realidad aún más aguda en el sistema público. Se suman padres estresados y profesores con licencia por salud mental en niveles que no se habían visto antes en Chile.

El trauma pospandemia ha dejado heridas. Según una psicóloga de un colegio privado, los índices por autoagresiones que se infligen niños y adolescentes se han disparado. “Ahora es común y transversal que jóvenes se hagan cortes en manos y pies”, una muestra de la falta de regulación que vive la comunidad escolar y que se relaciona a otro preocupante fenómeno: las altas tasas de suicidio.

Los colegios privados hoy enfrentan distintos desafíos: niños y jóvenes con crisis de pánico y un sinfín de trastornos alimenticios. Para varios especialistas, como la educadora de párvulos y magíster en educación de Harvard, Carolina Pérez Stephens, esto tiene que ver “con contenidos dañinos a las que se enfrentan los jóvenes en las redes sociales y el exceso de tiempos en pantalla, el cual ha sido mucho más intenso durante los años de pandemia”. Ella lo vive en carne propia en el Colegio Grange: “De todos los séptimos básicos, niños de 13 años, solo mi hija no tiene smartphone. Yo prefiero que quede excluida, si es el caso, a que se enfrente a ese escenario que es adverso a su desarrollo emocional y cognitivo”, dice.

Según ella, los retos, como la desaparición, tienen que ver con el intento de los jóvenes por pertenecer a un grupo o llamar la atención, son todos gritos desesperados.

Los retos, como la desaparición, tienen que ver con el intento de los jóvenes por pertenecer a un grupo o llamar la atención, son todos gritos desesperados.

En el Betterland School, la situación es intensa. Así lo explica el rector Lizama: “Veníamos preparados para una olita de trastornos, pero llegó un tsunami”. Los niños y jóvenes llegaron este año completamente desregulados, con un nivel de violencia jamás visto, asegura. “Ahora, es frecuente encontrarse con estudiantes agarrándose a golpes, con amenazas de muerte, con padres que se enfrentan a viva voz a la entrada del colegio”. Esto, dice Lizama, eran casos aislados hace algunos años, pero hoy la violencia está extendida, lo que ha provocado que más de un 15% de los profesores del establecimiento estén con licencia, situación que se extiende a otros.

Este escenario genera varias interrogantes. ¿Han estado los colegios a la altura para enfrentar esta nueva realidad? ¿El Estado está mirando el trauma que ha quedado pospandemia? ¿Los padres tienen control sobre las pantallas de sus hijos?

No hay solo una receta para enfrentar el problema, pero es bueno mirar la experiencia de países desarrollados, que han cambiado las rutinas de clases, han disminuido los alumnos por sala, han capacitado a los profesores y conversado con apoderados. “No se puede seguir educando como si aquí no hubiese pasado nada”, dice la psicóloga Bunge, que a través de la Fundación Con todo mi Yo, propone espacios de sostén emocional para la población infanto-juvenil y ya trabaja con 14 colegios.

“Nuestro cerebro no alcanza a procesar la cantidad de información que recibimos a través de las redes, es un exceso de estimulación que se torna altamente adictiva. En niños y adolescentes esto es más complejo, ya que sus cerebros aún son inmaduros y no tienen aún desarrollada la regulación de impulsos y emociones como la rabia y el miedo”, dice la sicóloga Mardones.

Según ella, los adultos debemos ayudar. Para esto es clave lo que los niños ven en sus padres, porque aprenden por imitación. Por eso es esencial enseñar a los estudiantes a reflexionar, a sentir su cuerpo, reconocer sus emociones. “Conectarse con la que es su naturaleza, con oficios: manualidades, carpintería, horticultura y música. Y así, bajar el ritmo, la exigencia, hacer pausas y ser comunidad”. En ese sentido, el mindfulness -o práctica de atención plena- ha sido integrada en establecimientos escolares como una herramienta de conexión.

Los especialistas están de acuerdo en que para sortear el momento, lo más importante, lejos, es visibilizar el problema y generar reflexión y diálogo entre padres e hijos, y profesores y estudiantes

Los especialistas están de acuerdo en que para sortear el momento, lo más importante, lejos, es visibilizar el problema y generar reflexión y diálogo entre padres e hijos, y profesores y estudiantes. De lo contrario, dice el rector Lizama, lo que tendremos en los próximos años será “un estallido de carácter juvenil”.

Paula Comandari