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book icon Domingo 28 de agosto de 2022

El juicio al juicio a Cristina

Angélica Bulnes Angélica Bulnes

“Los argentinos adoran las noticias”, dice el diario El País y agrega que tienen siete canales dedicados a dar informaciones 24/7. Cómo no va a ser así con el tipo de casos que alimentan la política del país vecino y que compiten con cualquier serie. Esta semana hemos tenido una muestra más con la batalla judicial que protagoniza Cristina Fernández de Kirchner.

Angélica Bulnes

Tres presidentes extranjeros en ejercicio, Andrés Manuel López Obrador, de México, Luis Arce de Bolivia y el recién asumido mandatario colombiano, Gustavo Petro, le dieron su apoyo. El propio mandatario de Argentina, Alberto Fernández, también. Catorce embajadores en distintas misiones internacionales y una multitud de manifestantes en las calles. Todo eso es solo una parte de la defensa que ha logrado desplegar a su favor Cristina Fernández esta semana. 

Paralelamente circula por las redes sociales un meme que dice: “Ladrones hay en todas partes, pero fan club de los ladrones, solo en Argentina”.  

 

Inmune a esos comentarios, la vicepresidenta Fernández y sus partidarios, dentro y fuera de su país, creen que ella es Lula. El brasileño Lula da Silva fue condenado y puesto en prisión en abril de 2018, en el contexto del caso Lava Jato, para luego ser liberado un año y medio después.

Lula siempre alegó que era víctima de una persecución política para impedir que se presentara a las elecciones de 2018, lo que terminó con Jair Bolsonaro gobernando el país. El año pasado, la Corte Suprema de Brasil determinó que el célebre juez Sergio Moro, quien lo metió preso, había actuado con parcialidad en su caso, dándole la razón al ex mandatario. Hoy Lula es el principal candidato en las próximas elecciones de octubre. 

Su caso sentó un precedente que ha terminado siendo complejo para la región latinoamericana, porque ya no hay figura política relevante, más si es de izquierda, que al verse involucrada en un caso de corrupción no diga: “Soy Lula, soy Lula”. 

Es lo que cree o quiere hacer creer a los demás Cristina Fernández, es decir, promueve la idea de que es una líder popular invencible a la que la única manera de sacar de la escena que han encontrado sus enemigos, es la persecución política a través de causas judiciales y acusaciones torcidas de corrupción.

Por eso, desde que esta semana terminaron los alegatos de la fiscalía en el caso Vialidad que pidió en su contra 12 años de cárcel y que quede inhabilitada para ejercer cargos públicos para siempre, la Señora K y los suyos no han hecho más que apuntar en contra del fiscal a cargo de la causa, de los jueces y de los tribunales en general. 

“Cuando uno ve lo que está pasando en la Justicia y en esta causa… veo la decadencia del sistema judicial y expreso ese decaimiento desde 2016”, dijo el presidente de Argentina, Alberto Fernández. EL PRESIDENTE. El mismo que tiene que velar porque las instituciones funcionen y debe respetar la separación de poderes. 

Lo más escalofriante fue cuando en la misma entrevista en la que el mandatario hizo esas declaraciones, en el programa A dos voces, le preguntaron por la seguridad del fiscal Diego Luciani, a cargo de la causa, “ya que siempre está el recuerdo de Nisman”, le dijo el periodista. Ante lo que Fernández hizo una macabra comparación: “Alentar la idea de que le puede pasar a Luciani lo que le pasó a Nisman… hasta acá lo que le pasó a Nisman es que se suicidó. Hasta acá no se probó otra cosa. Espero que no haga algo así el fiscal Luciani”, afirmó. 

Alberto Nisman fue encontrado muerto con un disparo en la cabeza en su departamento en enero de 2015, cuatro días después de haber denunciado a la entonces presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, por el presunto encubrimiento del atentado a la AMIA a través del Pacto con Irán. Al día siguiente estaba previsto que presentara su denuncia ante el Congreso. 

Su muerte aún no ha sido aclarada, pero la justicia la investiga como un asesinato. Así lo estableció el juez Julián Ercolini. El propio Alberto Fernández decía en 2015 que “nadie en la Argentina piensa que Nisman se ha suicidado”. 

Que ahora, como presidente, trajera de vuelta el caso y lo describiera como suicidio, olió a amenaza y a indebida injerencia en el trabajo de los tribunales. Ante las críticas, él luego explicó que la pregunta lo sorprendió y que hubo una “enorme tergiversación” sobre lo que dijo, pese a que lo sostuvo en vivo y sin cortes. 

El asunto es demostrativo de que en el gobierno están dispuestos a usarlo todo para defender a Cristina, y hay más de una razón: una, es por supuesto que finalmente ella sigue siendo la que tiene la principal base de apoyo en su sector; otra, es que si la justicia puede con Cristina, puede con todos. “En el destino de la señora de Kirchner está escondido el destino de una legión de gobernantes y políticos”, ha dicho el columnista de La Nación, Carlos Pagni.

El caso del que se acusa a Cristina no es muy complejo, es uno de corrupción más o menos de manual. El protagonista, Lázaro Báez, es un amigo de su marido, que pasó de ser empleado de un banco a millonario empresario durante el periodo presidencial de la pareja. 

Días antes de que Néstor Kirchner asumiera en 2003, fundó una empresa que se adjudicó prácticamente todas las licitaciones de obras públicas durante los años siguientes en la región de Santa Cruz, el epicentro del poder kirchnerista. Muchas de las obras nunca fueron terminadas, se pagaron sobreprecios y se hicieron licitaciones falsas, y todo eso tiene a Lázaro Báez preso desde el año pasado. 

Pero el fiscal Luciani quiere a Cristina, dice que nada de eso puede haber ocurrido sin que Fernández lo supiera y tolerara mientras era presidenta. Como consecuencia, la acusa de asociación ilícita, y ha presentado argumentos y armado un caso riguroso, según dicen los observadores… aunque no es fácil encontrar observadores imparciales en Argentina. Pero al fiscal le falta un papel, una firma, un audio, un mensaje de texto de la propia Cristina. 

La ex presidenta tiene a su favor la lealtad aparentemente inquebrantable del constructor, porque a Báez, ni la cárcel lo ha ablandado y no ha dicho una sola palabra en contra ni de ella, ni del amigo muerto. 

Hay muchas probabilidades de que a la Señora K no le pase nada: incluso si fuera condenada en primera instancia, lo que podría ocurrir en diciembre, tiene otras dos oportunidades para apelar. En el intertanto, le alcanza para ser candidata en 2023 y quedar protegida por el fuero hasta al menos el final de un eventual nuevo mandato. 

Mientras la justicia se tarda, el juicio público es mucho más rápido, y la ex presidenta es experta en manejar a las masas. Se victimiza, hace denuncias contra el proceso, los fiscales y los jueces. Unió en su esfuerzo al dividido gobierno y al peronismo en general. En el camino, incluso ha conseguido sacar del foco de atención, vamos a ver por cuánto tiempo, a la inflación y la complicadísima situación económica por la que atraviesa el país. Al menos, nunca nadie podrá acusarla de que no sabe ganar perdiendo.

Angélica Bulnes