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book icon Domingo 7 de agosto de 2022

El mapa de las encerronas en Santiago

El atraco de autos en movimiento comenzó a aparecer tímidamente en Chile hace dos años. Pero este delito se ha masificado este 2022 y se piensa que detrás de estos violentos eventos hay bandas criminales organizadas. Aquí, les contamos cómo operan y dónde se concentran los episodios que mantienen a los chilenos en vilo.

Paula Comandari

El martes recién pasado un conductor de Uber denunció que mientras conducía por la autopista Acceso Sur en dirección al norte, en la zona de Puente Alto, fue interceptado por tres automóviles, desde donde descendieron cinco personas con sus rostros cubiertos. Lo intimidaron con armas de fuego y lo obligaron a bajarse, mientras lo golpeaban en la cabeza. En pocos minutos, los delincuentes escaparon efectuando disparos al aire.

Esta imagen que hace dos años era un evento excepcional en el país, hoy se ha extendido de manera peligrosa en Santiago, provocando temor entre los chilenos. El modo violento de actuar mantiene en estado de alerta al gobierno y a las diversas instituciones encargadas de velar por la seguridad de la población. Incluidas las policías y las propias concesionarias, que reconocen que ha habido un aumento desolador de este tipo de delitos: 5.968 denuncias hasta el 31 de julio, algo que ocurre no sólo en carreteras, también en calles y avenidas.

Si bien muchos piensan que este tipo de episodios violentos ocurre con mayor frecuencia en las zonas acomodadas, son las comunas más vulnerables las que concentran esos hechos, en los que grupos de personas abordan autos de alta gama. Estas son Huechuraba, San Bernardo, Cerro Navia, La Pintana y Pudahuel, con un aumento del 110% de este delito con intimidación, respecto del 2021.

Sin embargo, el número de personas que ha hecho denuncias por atracos en la Zona Oriente también se ha extendido. Según el municipio de Vitacura, por ejemplo, los puntos más inseguros son el Puente Centenario, el que une Vitacura con Ciudad Empresarial, donde incluso se han generado balaceras; la Rotonda La Pirámide, en la bajada al Colegio Saint George; y el sector de Santa María de Manquehue-Gran Vía, cercana a dos bombas de bencinas Copec, en las salidas al Oriente y al Poniente, donde los delincuentes tienen fácil escapatoria.

Hasta hace pocos años, el gran problema que enfrentaba la Región Metropolitana era el aumento de robos de autos detenidos, sobre todo en los últimos años de pandemia en donde hubo restricciones, cuarentenas y toques de queda. ¿El plus? Sus dueños no vivían el momento traumático del suceso.

Según Carabineros, en 2021 hubo una reorientación en el accionar de los delincuentes, que dedicaron sus energías al robo de camiones para sustraer las especies que éstos transportaban, entre ellas carne y artículos electrónicos, principalmente en ruta. Pero la vuelta a la normalidad y el aumento del parque automotriz atrajo el interés de bandas que ahora atacan autos en movimiento: actúan organizadas, en grupo, con mayor frecuencia entre las 21 y las 24 horas y con mucha violencia, lo que ha fundado el temor entre los chilenos.

Es el tema que más inseguridad genera. Porque los atracadores actúan incluso frente a niños y extrañamente se ha hecho común que los expertos den recomendaciones de cómo bajar a sus hijos en el momento del asalto. Lo más curioso es que hoy son muchos menores de 14 años los que protagonizan estos robos, algo que preocupa no sólo a las víctimas, sino que también a las autoridades. Como explica Carabineros, “son los que actúan con mayor violencia, porque atacan con mucha adrenalina y sin experiencia alguna”.

Sin embargo, respecto de este punto hay un dato auspicioso: la intervención de menores ha ido decreciendo. Si en 2020, cinco de cada diez eran menores de 18 años, hoy de los 160 detenidos en los últimos dos meses, solo un 9% es un niño o adolescente. Aun así, en el catastro de las policías hay varios que son reincidentes.

El caso de una encerrona a un camión blindado en Pudahuel el miércoles pasado, en la ruta 68 con dirección a Santiago, muestra otro elemento alarmante: el nivel de profesionalismo con el que actúan las bandas. “Unos 11 individuos bajaron con oxicorte para intentar abrir material de acero y extraer los artículos electrónicos”, dice el parte policial. El tema más delicado es el desparpajo con que actúan: ya no trasladan los vehículos a un sitio despoblado, sino que lo hacen a vista y paciencia de las personas.

La ejecución del Plan Anti Encerronas 2.0 del gobierno y Carabineros, con mayor fiscalización y patrullajes, logró un quiebre en las cifras. Tras el peak de 1.048 robos violentos de automóviles registrados en mayo, el número se redujo a 864 en julio. Sin embargo, sigue existiendo una sensación de vulnerabilidad, que parece haberse intensificado en el último tiempo. Por eso, esta semana las municipalidades de Las Condes, Lo Barnechea y Vitacura prometieron mayores esfuerzos para atacar el problema.

La mesa pública-privada entre la administración Boric y las concesionarias liberó su primer compromiso: las compañías acordaron invertir 1.000 millones de pesos para mejorar y aumentar las cámaras de seguridad en las carreteras, la compra de radiopatrullas y mejorar la tecnología en los centros de control desde donde supervisan la operación de las autopistas.

Ahora, los expertos recalcan que el trabajo debe ir más allá de la prevención y atacar parte importante de esta red; es decir, fiscalizar desarmadurías, plantas de autos y dueños de talleres mecánicos dedicados a extraer repuestos de autos, que muchas veces son robados por encargo, y se venden por partes o se envían fuera de Chile. Sin ir más lejos, hace dos meses, Carabineros detuvo a uno de ellos en 10 de julio, con repuestos de autos que tenían encargo por robo.

El tema desafía no sólo al gobierno, Carabineros y al propio Ministerio Público, sino que a las concesionarias, que hoy deberán enfrentar una demanda colectiva de decenas de víctimas que han debido vivir la pesadilla de una encerrona.

Paula Comandari