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book icon Domingo 16 de octubre de 2022

El movimiento anti TPP: mucho más que Ahumada

Angélica Bulnes Angélica Bulnes

Cómo y cuándo fue que el TPP-11, el acuerdo que esta semana fue aprobado en el Senado, se convirtió en el tratado más controvertido de la historia y en la bestia negra de un sector grande de la población y del gobierno.

Angélica Bulnes

El rechazo al TPP-11 se empezó a incubar mucho antes de que la presidenta Bachelet firmara este acuerdo de integración económica entre 11 países, el 8 de marzo de 2018, a tres días de entregar el poder. La oposición al Acuerdo Transpacífico ya estaba definitivamente consolidada para cuando, en octubre de ese mismo año, el gobierno de Sebastián Piñera inició su tramitación en el Congreso.

Apenas llegó ahí, diputados, senadores y autoridades fueron presionadas por distintas organizaciones para que lo rechazaran. A veces con escándalo, como cuando un grupo de manifestantes anti TPP trató de fumigar a la senadora Ximena Rincón y al entonces presidente de la DC, Fuad Chahin, en un encuentro de ese partido en Talca. En Valparaíso, en cambio, colgaron pancartas contra el senador Ricardo Lagos Weber por apoyar el tratado. Hubo marchas, protestas y hasta a los sectores que lo habían impulsado, les empezó a tiritar la mano al momento de votarlo.

Por eso, a los parlamentarios no debe haberles sorprendido tanto que tras el 18 de octubre de 2019 en las calles inundadas de rayados, junto con los ACAB o “no más AFP”, también proliferara la frase “no al TPP”. Para esa fecha, el rechazo al tratado ya era una idea enquistada que no ha logrado ser desactivada ni con explicaciones técnicas, ni con las modificaciones que ha tenido el acuerdo con el tiempo, sobre todo desde que Estados Unidos se retiró del tratado en 2017.

La oposición al Acuerdo Transpacífico le debe mucho a Julian Assange. En medio de las acusaciones sobre el secretismo con que se negociaba, el fundador de Wikileaks filtró, primero en 2013 y luego en 2015, capítulos importantes de lo que se estaba acordando, como el relativo a la propiedad intelectual. Estas publicaciones levantaron preocupaciones de distintos sectores, confirmaron la falta de transparencia e información que había, alimentando la desconfianza y también la conspiranoia.

“Tenemos una deuda de honor con Julian Assange”, ha dicho Lucía Sepúlveda, dirigente de la Red de Acción en Plaguicidas. En 2015, ella ya formaba parte de una red de mujeres y organizaciones que se habían coordinado en defensa de las semillas y contra la llamada “ley Monsanto”. El TPP-11 reabrió sus preocupaciones y las activó una vez más.

Por un carril distinto, el abogado Pablo Viollier de la ONG Derechos Digitales levantó inquietudes desde su área. En la quinta región, el joven doctor Tomás Lagomarsino, hoy recién electo diputado, empezó a movilizar a las organizaciones de pacientes y del ámbito de la salud por el efecto que podían tener varias cláusulas sobre el mercado de los medicamentos.

Se levantó por otra parte, Carlos Figueroa, actual asesor internacional e integrante del segundo piso presidencial. Figueroa, graduado de filosofía y ciencia política, parte de RD, se convirtió en uno de los principales voceros de esta causa y asesoró en esta materia al entonces diputado Giorgio Jackson, y sus pares Gabriel Boric y Camila Vallejo que se convirtieron todos en activistas contra el tratado.

Todas estas personas se encontraron en su oposición al acuerdo y terminaron creando la Plataforma Chile Mejor sin TPP (que ahora se llama Chile Mejor sin TLC). En el grupo también pasó a ocupar un lugar muy visible Esteban Silva, curioso personaje con una trayectoria que incluye vínculos con el chavismo, la dirigencia de cuanto movimiento social haya aparecido en los últimos años y asesorías presidenciales en Perú (recomiendo este hilo que alguien amablemente hizo con su CV).

También estuvieron ligadas a la plataforma, cada una desde sus propios movimientos, las ex constituyentes Camila Zárate y Elsa Labraña, la misma que se hizo tristemente célebre el día de la inauguración de la Convención mientras le gritaba a Carmen Gloria Valladares.

Como puede verse, debajo de este gran paraguas de organizaciones contrarias al TPP-11, se reunió un grupo muy variopinto de personas, organizaciones, preocupaciones, forma de trabajo y tonos. Interactúan grupos anti todo lo imaginable. Pero, a diferencia de lo que se cree, el mínimo común que los une -más que la postura contra el libre comercio- es el temor a la pérdida de soberanía y el predominio del discurso anticolonialista. Han convivido ahí activistas, técnicos, políticos, unos mucho más entregados al eslogan y a la exageración que otros, por lo que la convivencia no ha sido fácil.

Por otra parte, esa diversidad les ha permitido llegar a distintos niveles. Este año, la plataforma Chile Mejor sin TLC consiguió mucha notoriedad cuando se supo que sus actuales voceros se reunieron con el subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales, José Miguel Ahumada; sin embargo, la verdad es que llevan años de lobby en todos los frentes, calle, redes, Congreso, partidos, organizaciones de base.

Uno de sus principales hitos ocurrió en julio de 2019, cuando la Fundación Equidad, liderada por Lagomarsino, organizó un plebiscito ciudadano en la web en que preguntó “¿Quieres que Chile sea parte del TPP11?”. Votaron 584 mil personas de todo el país, más de medio millón de personas, y un 92% dijo No.

Pese a sus esfuerzos, el 17 de octubre de 2019, tras ya haber pasado por la Cámara de Diputados y varias comisiones del Senado, el TPP-11 quedó listo para ser votado en la Sala, lo último que faltaba para su aprobación. Pero ya se sabe lo que ocurrió al día siguiente: Chile cambió, también el Congreso, y las sucesivas mesas de la Cámara Alta nunca pusieron en tabla la votación del TPP-11, pese a las 28 veces en que el gobierno de Piñera le puso urgencia al trámite legislativo.

En su trayectoria, el movimiento anti TPP ha recibido apoyo desde muchos otros centros y frentes. Por ejemplo, Chile Mejor sin TPP recibió ayuda de la Fundación Heinrich Böll, ligada al Partido Verde Alemán, que les prestaba su sede para reunirse y les puso un periodista, entre otros aportes.

Es importante, en este contexto, mencionar la inesperada contribución ideológica que ha recibido esta causa desde la Universidad de Cambridge en Inglaterra. Ahí está radicado hace décadas el economista chileno José Gabriel Palma, que ha sido un influyente detractor de este acuerdo, muy activo en columnas, foros y entrevistas, al punto que ha sido descrito como el teórico detrás del rechazo al TPP-11. Desde su mismo departamento en esa universidad vino el británico Hassan Akram, que se radicó en Chile en 2014 y hoy es parte del matinal La Voz de los que Sobran, junto a Alejandra Valle y Daniel Stingo, una de las múltiples plataformas que ha utilizado para criticar el TPP-11.

Doctor en Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad de Cambridge, Akram adquirió influencia en el Frente Amplio cuando la economista Claudia Sanhueza, actual subsecretaria de Hacienda, lo invitó a trabajar en el programa presidencial de Beatriz Sánchez, y desde ese momento pasó a formar parte de los equipos económicos de esa coalición.

Por supuesto, si uno empieza a hablar del TPP-11 inevitablemente termina en el subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales, José Miguel Ahumada, convertido en la cara más visible, pero espero que a esta altura tengan claro que no aislada, de la postura anti TPP. El también viene de esa misma universidad, donde realizó sus estudios de doctorado en los que exploró y pulió sus reparos contra los tratados y acuerdos comerciales. Ahí también fue alumno de Palma y conoció a Akram.

Como puede verse en esta pincelada que he hecho, la oposición al TPP-11 es parte de una historia larga, extendida, y que ha unido preocupaciones y miedos muy distintos en diferentes niveles. También es notorio que desde ahí han surgido varias personas que hoy ocupan o han ocupado recientemente posiciones de poder.

Angélica Bulnes