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book icon Domingo 28 de agosto de 2022

El mundo según Héctor Llaitul

Pilar Rodríguez Pilar Rodríguez

Es el hombre de la semana y si apuramos un poco, de los últimos veinte años, en el llamado conflicto mapuche. Líder de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), Héctor Llaitul fue detenido el miércoles 24 de agosto sin oponer resistencia y ahora está en prisión preventiva. Los periodistas Pablo Vergara y Ana Rodríguez publicaron en 2015 el libro “La Frontera”, que se sumerge en las profundidades de un conflicto centenario en la zona mapuche, con miradas diversas. Dada su contingencia y con la autorización de sus autores, seleccionamos algunos párrafos que sintetizan la visión política de Llaitul y sus dichos, tras una conversación que sostuvieron con él en la comuna de Macul, Santiago.

Pilar Rodríguez


Hijo de un campesino analfabeto

“Me acerqué al mundo mapuche gracias al FPMR (Frente Patriótico Manuel Rodríguez)”, dijo esa vez en Macul. Aunque no era ninguna novedad para quien siguiera la historia de la CAM, el reconocimiento era importante. Llaitul, que se presentaba como “hijo de un campesino obrero mapuche analfabeto”, decía que, aunque hubiera pasado por las dos organizaciones de izquierda que enfrentaron a la dictadura, el pensamiento que estaba desarrollándose en el sur era esencialmente mapuche. 

¿Comandante Héctor?

A Llaitul, dijo alguna vez la prensa, en la CAM le decían “Comandante Héctor”(…) En el caso de Llaitul, era algo que podía vincularlo al Frente Patriótico Manuel Rodríguez, su anterior militancia antes de convertirse en dirigente mapuche. En el FPMR, la elite eran los comandantes, una mezcla de superhéroes con súper revolucionarios.

Pero esa vez, Llaitul explicó por qué no era comandante. (“Hay una cosa bien paradójica por la que me dicen así. Una vez me tocó dirigir una resistencia a piedra y palo contra una forestal en Traiguén. Y el vago conocimiento de mis hermanos mapuche les hizo decir: ´ya po, el comandante, el comandante´. La prensa lo tomó y se pegó conmigo y durante un tiempo le estuvieron dando con eso. Sí, me dijeron comandante, me asignaron el grado”). Nunca, dijo, había tenido alguna vinculación con gente de izquierda que le hubiera permitido llegar a alguna academia militar. En términos familiares, además, no se consideraba históricamente izquierdista.

¿Era Llaitul entonces más izquierdista que mapuche? “Obviamente. Siempre estamos en una línea fronteriza entre ser mapuche y no serlo. Y ser parte de una sociedad mayor, del colonialismo ideológico cultural occidental. Yo era como la mayoría de los mapuche. Soy parte de la diáspora. Soy williche y de joven emigré y me inscribí en la lucha de la izquierda chilena. Busqué, como muchos, en espacios no mapuche alguna expectativa de vida mejor”.

Misiones y desencuentros en el FPMR

La última misión de Llaitul dentro del aparato político-militar del FPMR fue en las Fuerzas Estratégicas, al mando de los comandantes Mauricio Hernández Norambuena, Ramiro, y Luis Lisímaco Gutiérrez Fischmann, el Chele. Ambos estaban a cargo de la construcción de fuerzas insurgentes en Curanilahue, Octava Región. “La idea era proyectar una construcción político militar con inserción en las masas oprimidas, y eso incluía obviamente al pueblo mapuche. Y como yo tenía el ascendiente, fui designado para cumplir parte de las etapas de construcción. Era un trabajo estratégico y ahí estaban los cuadros más específicos del mundo rodriguista”, explicó Llaitul.

De todos modos, la mirada de Llaitul era más profunda: estaba arraigada en lo que se había topado en el mundo mapuche, donde encontró comunidades “dormidas, y no podíamos llegar con una visión de aparato militar a ellas”. La reflexión que algunos mapuche llevaban sobre la autonomía , además, abrió más distancia entre él y el Frente.

Perfil del “weichafe” (guerrero)

“Tiempo atrás también me cautivó eso del mundo intelectual. Estudié en la universidad y ahí se da mucho eso de elaborar y firmar documentos. Pero si reducimos todo a que el intelectual está en un lado y el trabajo en terreno en otro, no vamos a avanzar nunca. Es necesario involucrarse directamente en el mundo pobre. El intelectual tiene que estar en la cotidianeidad. En el campo uno tiene que defecar en un pozo negro, lavarse en un arroyo, no hay talco para los pies, red para los celulares ni para los notebooks, ni posibilidad de leer. Duermes con pulgas. Cosas duras. Y trabajar”.

-¿Y esa tiene que ser la escuela del militante?

- Claro. Y si tienes la fuerza suficiente, puedes leer y discutir. Esto no está negado.

Ese era el Hombre Nuevo mapuche. El weichafe, como corrigió Llaitul. Un hombre amplio con varias facetas.

Llaitul dijo que eran pocos, porque implicaba involucrarse totalmente (“tú, tu familia, tu comunidad. Él tiene que salir, asumir clandestinidad, cárcel, muerte, todo”). Además, el weichafe era un jefe militar que debía calibrar qué cosas servían para la lucha, siempre:

- No solo debe ser bueno para la resistencia, tirando piedras, pegando palos o pegando un tiro. Tiene que saber trabajar. El hacha, madereo, los animales, la agricultura, la relación con los otros.

- Matías Catrileo es la expresión de lo que debiera ser el militante mapuche consciente, inteligente y de buenos valores. Recoge sus orígenes, viene al sur, se acerca a proyectos por aquí y por allá y conoce a la CAM y la asume como suya. Discute, aprende, profundiza, porque es un tipo muy agudo. A mí me visitó en la cárcel para conversar, discutir. Él deja ese mundo occidental y parte a las comunidades, pero no para buscar ese apego romántico, sino para involucrarse en un proyecto político de lucha – explicó Llaitul.

“Recuperación” de tierras

Su ideal, dijo entonces, era que el Estado y sus autoridades no se metieran en esas zonas. Aunque, contó, ya estaba ocurriendo eso en algunos lugares, como Traiguén, Tirúa, Lleu Lleu “donde a la gente le pueden robar un animal y nosotros hacemos justicia. No permitimos que llegue la policía o el tribunal. Eso es control territorial. Antes entraban personas extrañas a las comunidades y hacían lo que querían. Ahora no cualquiera puede entrar cuando recuperamos territorio, sea por la vía legal, semi legal o ilegal. Nuestro ideal es que todo transite en el marco de la rebeldía, fuera de la institucionalidad, que la resolución no venga del Estado, porque eso genera la inviabilidad de nuestro proyecto autonomista”

Pero el sueño de Llaitul no era solo la tierra. Era el control territorial. Recuperar tierra ahora era una forma de desafiar al Estado para construir un proyecto de rearticulación mapuche. “Esto no se resuelve con (dar) diez predios a diez comunidades; esto se resuelve con la recuperación del territorio histórico. Y ese es un gran objetivo estratégico. Pero eso es una elaboración y una autoasignación que se la tiene que dar el movimiento mapuche en su momento”.

Definición de un revolucionario

“Nos decimos revolucionarios en tanto hacemos transformaciones. No es antojadizo. Si tenemos un predio forestal que era de la Forestal Mininco, de la CMPC, de los Matte, de una multinacional, y pasa a ser mapuche por la vía de la resistencia, eso es un cambio revolucionario, porque dejó de ser de la dominación y pasa al poder mapuche”.

Aunque repetía en sus palabras la idea de la lucha, Llaitul no era un apologista de la violencia. No creía que el conflicto terminara con un mapuche colocando una bomba en Santiago, por ejemplo. “Nosotros reivindicamos todas las formas de lucha, pero si tiras una piedra y repliegas a un latifundista, o cien personas tiran piedras y repliegan a los pacos, y eso te permite controlar un predio, esa acción miliciana es más revolucionaria que poner una bomba”, explicaba.

Somos responsables de este proyecto y eso significa estar en la lucha contra las forestales y en los conflictos. Por eso reivindicamos la lucha contra campamentos, guardias paramilitares, Y Carabineros. Y vamos a reivindicar otros procesos de lucha contra cualquier otro tipo de inversión capitalista territorial. No vamos a permitir la entrada de inversiones, sean geotérmicas, hidroeléctricas, forestales o mineras. La CAM va a estar ahí”.

Pilar Rodríguez