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book icon Domingo 19 de junio de 2022

El otro conflicto en la Araucanía

Paula Comandari Paula Comandari

A los históricos problemas de violencia en la Macrozona sur, ahora hay que sumarle uno que tiene a los agricultores en estado de tensión: temen que sus cultivos de granos sean destruidos, lo que está presionando a los dueños de los predios a limitar la siembra en una zona estratégica para el abastecimiento de todo el país.

Paula Comandari

A los ataques incendiarios, atentados y robo de madera que persisten en las regiones de la Araucanía y Biobío, ahora hay que agregar un nuevo frente: los agricultores de la zona están preocupados de que les destruyan sus cultivos de trigo y maíz, lo que está presionando a los dueños de los predios a limitar el cultivo local.

La decisión podría impactar en un 20% la producción en una zona que representa gran parte del cultivo que se genera en el sur del país.

Pero partamos desde el principio: Chile importa la mitad de los granos -elementos básicos para la producción de harina, masas y pan- desde Argentina, Estados Unidos, Canadá y Paraguay, en un mercado donde Rusia y Ucrania juegan un rol fundamental. Los países en conflicto representan casi el 30% de las exportaciones hacia el mundo. Y el bloqueo de esos envíos, producto de la guerra, causa estragos y ha encumbrado los precios a cifras que no se habían visto hasta ahora.

Hay más. El acceso al producto se ha visto agravado con la prohibición de las exportaciones desde la India: hoy los granos se limitan al consumo interno, después de que una ola de calor liquidó el 70% de la cosecha en ese país. Y si bien no representa un porcentaje importante del intercambio mundial, esto también incide en los precios. “India era la gran salvación para sustituir a Rusia, ilusión que se desplomó de golpe hace algunas semanas”, dice un productor nacional.

Por eso, los más pesimistas hablan derechamente de escasez. Tanta que, según varios agricultores, en los próximos seis meses el kilo de pan podría llegar a los cinco mil pesos. Y Chile es uno de los mayores consumidores de pan del planeta.

Los más pesimistas hablan derechamente de escasez. Tanta que, según varios agricultores, en los próximos seis meses el kilo de pan podría llegar a los cinco mil pesos. Y Chile es uno de los mayores consumidores de pan del planeta.

Pero hay otros problemas dando vueltas: el bloqueo de fertilizantes desde Rusia. El país bajo el mando de Vladimir Putin es un proveedor global estratégico y en lo que va del año ha bajado un 24% sus exportaciones. Eso pone en peligro la provisión de alimentos en el mundo, incluido Chile, porque la urea –el principal de los fertilizantes a nivel global- es el que entrega los nutrientes no sólo para que los cultivos puedan crecer, sino que también para mejorar su rendimiento.

Según Bloomberg, las entregas inadecuadas de fertilizantes este año también podrían afectar las cosechas del 2023, lo que haría perpetuar el problema. El tema es tan sensible a nivel internacional que, según el diario económico, Estados Unidos estaría silenciosamente negociando con Rusia para lograr que el producto siga fluyendo hacia el mundo. De ese modo, se podría frenar la caída en la producción que afectaría el abastecimiento de alimentos en todo el planeta.

“Sin fertilizantes hay que considerar menor producción, y eso genera menos productos de toda índole en el mercado”, afirma un agricultor, que ya experimenta un incremento en los precios. “Si antes de la pandemia yo pagaba menos de 300 mil pesos por tonelada, ahora pago más de 800 mil; o sea, tres veces más”, agrega. ¿El efecto secundario? A varios agricultores pequeños les están cerrando las líneas de crédito para acceder al producto.

Es un panorama complejo que las grandes compañías pueden afrontar. Sin embargo, una buena parte de los pequeños agricultores ve el riesgo de tener que cerrar producto de este contexto.

Es un panorama complejo que las grandes compañías pueden afrontar. Sin embargo, una buena parte de los pequeños agricultores ve el riesgo de tener que cerrar producto de este contexto. Porque, además, hay que considerar el alza de los costos de la energía, los fletes y containers, todos problemas logísticos que han encarecido las operaciones.

Esa situación también la afrontan los empresarios frutícolas. Deben lidiar con estas trabas, incluida la lentitud con la que hoy opera el comercio internacional, que hizo que varios de los cargamentos con frutas desde Chile llegaran podridos a los mercados de destino, como Estados Unidos y China. Por eso, desde el sector dicen que ésta es la peor temporada en los últimos 35 años y nadie proyecta que la situación vaya a mejorar pronto.

La pelota ya está dando vueltas. Ahora hay que ver quiénes, en el panorama actual, pueden o podrán seguir jugando.

Paula Comandari