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book icon Domingo 22 de mayo de 2022

El plan Araucanía que a nadie convenció

Andrea Vial Andrea Vial

Una vez más la búsqueda de soluciones para el conflicto en La Araucanía se quedó corto. Para muchos, llegó el momento de intentar un acuerdo político que incluya a los dirigentes más radicales, a las forestales y al Gobierno.

Andrea Vial

Ni el plan anunciado por el Ejecutivo, ni menos la declaración del Estado de Excepción Constitucional de Emergencia, es la solución para el conflicto en tierras mapuche. Por el contrario, lo que piden los dirigentes de las comunidades es un acuerdo político, que se inicia con un diálogo que tiene características muy específicas. Y cuya raíz podría encontrarse en los antiguos parlamentos de hace cuatro siglos.

Lo que piden los dirigentes de las comunidades es un acuerdo político, que se inicia con un diálogo que tiene características muy específicas. Y cuya raíz podría encontrarse en los antiguos parlamentos de hace cuatro siglos.

La ministra del Interior y Seguridad Pública, Izkia Siches, se preocupó de anunciar los ejes del Plan del Buen Vivir para el sur del país, antes de mencionar el Estado de Emergencia. El diseño parecía apropiado, pero la verdad es que nadie reparó en los detalles de las medidas: la noticia esperada era si nuevamente se instalarían las Fuerzas Armadas en las regiones de La Araucanía y del Biobío.

No se trataba de un “rumor de agua”, como se define Biobío en lengua mapuche, sino más bien un ruido que llevaba tres semanas en discusión. Y, como se presumía, el aviso no fue bien recibido por los dirigentes más radicales.

El Presidente Gabriel Boric no tuvo opción para enfrentar la violencia en la zona y declaró el Estado de Emergencia. En cambio, ante las declaraciones del líder de la CAM, Héctor Llaitul, fue un poco más benevolente: “Que sepan que quienes cometan delitos van a ser perseguidos con todo el peso de la ley, pero nosotros no vamos a perseguir ideas”.

Se trata de una reflexión algo sui generis ante quien llamó a “organizar la resistencia armada”. Sobre todo porque, lo más probable, es que el conflicto tenderá a agravarse.

Nada de lo que ofreció Siches -más recursos para la compra de 20 mil hectáreas de tierras, el acompañamiento del sistema de Naciones Unidas para impulsar el diálogo en parlamentos territoriales, los 200 mil millones de pesos para obras públicas, o la reactivación de la tramitación del proyecto de ley que crea el Ministerio de Pueblos Indígenas- tuvo la acogida que La Moneda esperaba.

Los dirigentes sublevados le sacaron la foto al Gobierno. Lo encuentran débil y cada día van sumando más seguidores entre los jóvenes que deciden involucrarse en su lucha. Es que la enfermedad es más grave y con un paracetamol no se cura.

El problema de fondo es que algunos grupos del pueblo mapuche ya no creen en el Estado, y la violencia se transformó en el arma más efectiva para enfrentar a quien consideran su histórico enemigo.

El problema de fondo es que algunos grupos del pueblo mapuche ya no creen en el Estado, y la violencia se transformó, según dicen, en el arma más efectiva para enfrentar a quien consideran su histórico enemigo.

Y esto no se trata del color político que esté sentado en La Moneda. Para los mapuches, los winkas siempre son winkas, así sean de izquierda o de derecha, jóvenes o carcamales.

Entonces, ¿cómo se avanza en una solución con una contraparte que desafía el estado de derecho, atemoriza a la población e impide con sus acciones el normal funcionamiento de la vida cotidiana?

Para algunos, con mano dura. Para otros, con un pacto político que tenga reglas claras en el sentido de que se incluyan sanciones al que se salta la fila. Pero para quienes llevan años estudiando el tema, la solución pasa por otro camino: sentarse a conversar con todas las partes en conflicto.

¿Cómo se avanza en una solución? (...) Para algunos, con mano dura. Para otros, con un pacto político que tenga reglas claras. Pero para quienes llevan años estudiando el tema, la solución pasa por otro camino: sentarse a conversar con todas las partes en conflicto.

Eso significa dialogar con los que están en pie de guerra, las forestales y las autoridades políticas. Y para hacerlo, sin que las condiciones tranquen el diálogo, una alternativa es tejer un acuerdo a ritmo de parlamento mapuche. Algo similar a lo que fueron los parlamentos coloniales, especies de juntas diplomáticas solemnes, que en la práctica buscan parlamentar para pactar la paz.

No son diálogos sociales, porque aquí no se trata de convencer a los ya convencidos, que son la mayoría del pueblo mapuche que ha optado por una convivencia pacífica y que, aunque siguen viviendo en la pobreza y sin mucho Estado presente, no están en conflicto con la nación.

Los parlamentos mapuches, en su definición ancestral, son mucho más que eso.

Se trata de reuniones muy solemnes, tradicionales, donde se toman grandes acuerdos, con todo un ritual ceremonial, donde existe la práctica de conceder y aceptar. Son asambleas preparadas con mucho tiempo y a la cual asisten las máximas autoridades de las partes.

Otra característica es que los parlamentos mapuche se desarrollaban en la frontera. Por poner un ejemplo cercano, al igual que en las conversaciones de paz entre Ucrania y Rusia, éstas se realizan en territorio neutral. Tapihue, Negrete, Las Canoas, Quilín, son ejemplo de parlamentos entre españoles y mapuches.

Pero para ello se necesita un líder que ambas partes respeten y que sea investido por el Presidente, con todo el poder necesario para convocar.

Pero para ello se necesita un líder que ambas partes respeten y que sea investido por el Presidente, con todo el poder necesario para convocar.

“Una especie de Alto Comisionado, con blindaje presidencial, cuyo objetivo sea diseñar la paz duradera”, explica el periodista y escritor Pedro Cayuqueo. Y añade: "Un Francisco Huenchumilla, por ejemplo, un estadista capaz de recoger la experiencia, y por qué no sumar también al exministro Alfredo Moreno al desafío".

La idea es un punto de partida que para algunos podrá sonar un poco ingenuo. Pero si revisamos cómo se solucionaron los principales conflictos de este tipo en el mundo, la mayoría de los que fueron exitosos destrabó el nudo con un acuerdo político.

Andrea Vial