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book icon Domingo 10 de abril de 2022

El problema no es comunicacional

Angélica Bulnes Angélica Bulnes

La Convención Constitucional tuvo una mala semana: cinco encuestas mostraron que ha crecido la desconfianza hacia el trabajo que están haciendo, y el Presidente Gabriel Boric habló públicamente de su preocupación. Los convencionales dicen que el problema son los otros, pero todo indica que hay una dificultad adentro.

Angélica Bulnes

¿Qué le pasa a la Convención? Nada, es solo que tiene mala prensa, dicen algunos de sus integrantes. Afuera no todos están de acuerdo. Después de que esta semana cinco encuestas mostraran que la opción rechazo creció significativamente en el último mes, personas u organizaciones abiertamente a favor del proceso por una nueva Constitución, como el Presidente Boric o la Fundación Horizonte Ciudadano, ligada a Michelle Bachelet, pidieron no subestimar las dudas de la ciudadanía.

La Convención Constitucional tiene un gran desafío comunicacional y enfrentará críticas justas e injustas. Su trabajo es cambiar la estructura institucional del país y al menos dos tercios de los y las constituyentes se han preocupado de repetir cada día, desde que asumieron, que van a remover los cimientos del modelo. Era fácil predecir, entonces, que los cimientos no se iban a quedar de brazos cruzados esperando que los echen abajo, y que dedicarían tiempo y recursos a tratar de mantenerse en pie.

El cientista político Claudio Fuentes, que sigue el proceso desde la Plataforma Contexto, explica que en enero empezó a crecer la campaña en contra de la Convención, en redes y más allá, y se ha intensificado desde entonces. Esto, dice, tuvo un efecto moderador en el órgano: empezaron a caerse iniciativas más radicales, varias empujadas por los pueblos originarios que no están contentos y algunos se sienten traicionados.

La relación entre los periodistas y los medios tradicionales con la Convención tampoco ha sido fácil. Al principio hubo reclamos por el acceso, agravados por las medidas Covid-19, situación que ha ido mejorando. Pero de fondo hay constituyentes que desconfían de los medios tradicionales, a veces con buenas razones.

Han existido incluso tensiones entre ambos grupos. Una llamativa fue en enero cuando se realizó la elección para presidir la mesa. Entre medio de una de las nueve votaciones, hubo un altercado entre asesores de Cristina Dorador y periodistas. Desde la institución les pidieron disculpas a los reporteros, que las aceptaron y no publicaron nada sobre el episodio, pero hay quienes creen que fue una variable que influyó en que Dorador no lograra la presidencia.

Hay convencionales que asumen que pueden sortear a la prensa o la desinformación vía redes sociales. “Niegan la existencia de los medios nacionales, la televisión, los diarios, las grandes radios y lo reemplazan por grupos en sus redes”, dice el cientista político Danilo Herrera, del Centro de Políticas Públicas de la UC, desde donde le hace seguimiento a la Convención.

Muchos constituyentes hacen esfuerzos muy destacables por explicar con hilos en Twitter, lives en Instagram y WhatsApp lo que están haciendo. Son muy útiles, pero en la propia Convención tienen datos que dicen que el 60% de las personas no se informa del proceso a través de las redes sociales. La pedagogía constituyente y el combate a la desinformación tienen que ser masivas, no alcanza sumando las burbujas de cada uno.

Otro cientista político, Juan Pablo Luna, quien dirige la Plataforma Telar y mide lo que está ocurriendo en torno a la Constituyente a través de distintas metodologías -como sondeos, monitoreo de redes y paneles de personas a las que entrevistan para seguir sus opiniones-, explica que últimamente les ha costado mucho mantener participando a los grupos de los sectores más vulnerables, porque están muy desenganchados, han perdido el interés por contestar las preguntas.

Actualmente, la Convención tiene a una agencia creativa, otra digital y una productora audiovisual trabajando en campañas institucionales. Es posible que se encuentren con el mismo obstáculo que han tenido otros esfuerzos de la Constituyente por explicarse: “Es tal el nivel de fragmentación existente al interior que resulta extremadamente difícil hacer un relato centralizado”, dice Ximena Jara, experta en comunicación política y directora de Factor Crítico. La idea se repite. Se trata de una institución nueva e inédita que no ha logrado articularse como un todo, por la misma forma en que quedó diseñada.

Es hija del momento en que se hizo la elección, del Estallido Social, de las agendas específicas con que llegó cada integrante y del peso que tienen los independientes. Es, dice Claudio Fuentes, “fragmentada, individualista y desconfiada” y, en ese sentido, muy representativa del país que la escogió. En la Convención no se puede cantar ni la canción nacional sin que sea materia de debate.

A ratos pareciera que hay 154 borradores, y no uno colectivo. Luna explica que a veces, para los observadores, parece que lo que se está construyendo, más que una sola Constitución, es una suma de los artículos que empuja cada uno de sus integrantes, algo que fue evidente en el primer informe que entregó la Comisión de Sistema Político. A la Constitución paritaria, feminista, plurinacional, regionalista, descentralizada, se le pueden sumar más adjetivos, uno para cada habitante del país, pero aunque sea un lugar común decirlo, el todo tiene que ser más que la suma de las partes.

Con ese escenario, no hay campaña, hilo de Twitter o asesor comunicacional que pueda construir un relato común sobre la nueva Constitución. El único posible es que no es la de Pinochet.

Angélica Bulnes