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book icon Domingo 26 de junio de 2022

El triste y solitario final de los “Hombres Verdes” de Ventanas

Andrea Vial Andrea Vial

Los “Hombres Verdes” trabajaron en los 60 en la refinería de Ventanas y fueron bautizados así por su piel amarillenta y las escaras en su cuerpo atribuidas a la emanación de contaminantes de la planta que, se sospecha, también fue la razón de sus muertes.

Andrea Vial

Hace algunos años, cuando Clemente Aguilera todavía estaba vivo, su mujer, Carolina Vega, sentía vergüenza cuando tendía la ropa recién lavada. Según su testimonio, no podía sacarle las manchas amarillas que tenían las camisas de su marido y, mientras las colgaba, pensaba cómo murmurarían los vecinos.

Lo mismo le ocurría a Eliana Morales. Las sábanas del lado donde dormía su esposo, Raúl Lagos, las refregaba una y otra vez, y no había caso. Ella también sentía vergüenza. “Qué iría a pensar la gente”, se lamentaba, cuando vieran que no era capaz de quitar las salpicaduras color ocre de la ropa de cama.

En ese tiempo, nadie podía explicar con certeza por qué los trabajadores de la Refinería de Cobre de Ventanas tenían un tono amarillento en su piel. Tampoco por qué la ropa estaba manchada con algo verdoso o por qué algunos tenían escaras en los brazos, la cara y la espalda.

Lo sospechaban, eso sí. Y aunque todavía no pueden confirmarlo, estaban y están convencidos que la respuesta está en la prolongada exposición a los metales pesados que existen en la zona.

Clemente y Raúl son parte del grupo de “Hombres Verdes”, cuya historia está descrita en varias crónicas periodísticas. También en el documental del mismo nombre del director Juan Luis Tamayo, una película producida en conjunto con Paulina Ferreti y que fue rodada el 2013 en la localidad de Ventanas.

La historia parte en los años sesenta, cuando la Empresa Nacional de Minería (ENAMI) inició sus operaciones de fundición de minerales en Puchuncaví. En esa época había poca conciencia de los temas medioambientales, menos de las medidas de seguridad para los trabajadores que se exponían a los contaminantes que expelían las grandes chimeneas.

La historia parte en los años sesenta, cuando la Empresa Nacional de Minería inició sus operaciones de fundición de minerales en Puchuncaví. En esa época había poca conciencia de los temas medioambientales, menos de las medidas de seguridad para los trabajadores.

Poco a poco, los operarios fueron enfermando. La acumulación de arsénico, cobre y plomo en el organismo, así como la exposición al mercurio, el amoníaco o dióxido de azufre, pudo ser la causa de su tragedia.

Los estudios científicos y las estadísticas demuestran que, en Puchuncaví y Quintero, los índices de cáncer y enfermedades respiratorias están más elevados en comparación a lo que muestran otras zonas de la Quinta Región.

Los “Hombres Verdes” han muerto a edades tempranas. Muchos de ellos perdieron la vida de una forma extraña y cruel.

Eliana y Carolina mencionan un mismo episodio durante los últimos respiros de sus compañeros. Cuando ya estaban desahuciados, las sondas vesicales en sus cuerpos no solo drenaban líquidos, sino también parte de sus órganos internos que se iban disolviendo como esponjas. “Eran como carne molida, en circunstancias que no comían nada”, recuerda una de las viudas.

Cuando ya estaban desahuciados, las sondas vesicales en sus cuerpos no solo drenaban líquidos, sino también parte de sus órganos internos que se iban disolviendo como esponjas.

De todo el grupo de “Hombres Verdes”, todavía vive Luis Eduardo Pino Irarrázaval. Es él quien ha liderado por años la búsqueda de justicia para estos exfuncionarios de ENAMI.

Verlo en las calles de Quintero, junto a la playa, exhibiendo sus afiches llenos de fotografías de sus amigos con las heridas expuestas, y contándole a los turistas su versión de los hechos, es conmovedor.

Su lucha ha sido intensa, agrupando a las viudas, formando una asociación y recurriendo a los tribunales. Pero le ha ido mal. Pese a que la Corte de Apelaciones de Valparaíso en un minuto ordenó que se exhumaran los cuerpos de sus compañeros, y que en algunos de ellos se encontraron concentraciones de cobre, arsénico y plomo por sobre la norma, en un segundo grupo de cuerpos periciados, el fiscal a cargo de la investigación señaló que no había concentraciones distintas a lo que cualquier persona no expuesta a contaminación podría tener.

La investigación empezó a perder interés y todo se desaceleró. A tal punto que, en medio de la pandemia, el Juzgado de Letras y Garantías de Quintero, a petición de la Fiscalía, cerró la causa.

La investigación empezó a perder interés y todo se desaceleró. A tal punto que, en medio de la pandemia, el Juzgado de Letras y Garantías de Quintero, a petición de la Fiscalía, cerró la causa. En parte, porque el abogado que defendía a los “Hombres Verdes” no se presentó a la audiencia clave donde él mismo pedía la reapertura de la investigación; y también porque después de nueve años, los cargos de cuasidelito de homicidio y lesiones graves gravísimas que constituían la querella, eran difíciles de probar a la luz de los escasos recursos que tiene el Estado para este tipo de investigaciones. Así se desprende de la resolución emanada por el magistrado que resolvió la causa.

Los “Hombre Verdes” o sus familiares no tendrán una indemnización, no habrá sanciones, ni siquiera la tranquilidad de que se acreditaron los hechos.

Y ahí quedó todo. Los “Hombre Verdes” o sus familiares no tendrán una indemnización, no habrá sanciones, ni siquiera la tranquilidad de que se acreditaron los hechos. Y Luis Pino, con sus 78 años, actualmente internado en un hospital desde marzo con una neumonía post COVID, tendrá que conformarse con que alguien recuerde su historia.

Una historia de película, que a muchos trae a la memoria la de Erin Brockovich, pero que desgraciadamente no ha tenido a Julia Roberts o, en este caso, quizás debería ser alguien como George Clooney para contarla.

Andrea Vial