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book icon Domingo 15 de mayo de 2022

Elon Musk y Twitter reabren la discusión sobre Trump

Angélica Bulnes Angélica Bulnes

El impredecible Elon Musk anunció que si logra concretar la compra de Twitter quiere de vuelta a otro extuitero que metía todavía más ruido que él: Donald Trump. Con eso reabrió el debate sobre lo que significó la expulsión del expresidente de Estados Unidos y el efecto que tuvo para la red social.

Angélica Bulnes

El día en que Joe Biden juró como nuevo presidente de Estados Unidos, el 20 de enero de 2021, los periodistas que seguían la ceremonia comentaban que había algo que, incluso a su pesar, les estaba faltando. Se referían a Donald Trump o, para ser más precisa, a su cuenta en Twitter, @realdonaldtrump, que revisaban nerviosamente casi como si fuera un tic, aun cuando sabían que no iban a encontrar nada ahí. 

Trump no se fue de la Casa Blanca callado y sin tuitear por gusto: pocos días antes, la red social le había cancelado definitivamente el acceso a hablarle a sus casi 90 millones de seguidores, tras el ataque al Capitolio que protagonizaron el 6 de enero algunos de sus partidarios porque se negaban, y todavía se niegan, a reconocer el triunfo de Biden.

Al igual que Facebook e Instagram, Twitter optó por cerrarle la boca porque consideró que sus comentarios de ese día violaron las normas sobre incitación a la violencia. La decisión sigue siendo controvertida hasta hoy: los partidarios del expresidente dicen que fue un acto de censura y una demostración del sesgo anti republicano de la plataforma. Los detractores creen que fue una medida moralmente necesaria y tardía frente a un presidente que amenazó las bases democráticas del sistema, poniendo en duda hasta el proceso electoral.

La discusión reflotó a comienzos de esta semana, cuando el multimillonario y también extravagante tuitero Elon Musk, se puso del lado de los primeros y anunció que si concreta su compra de Twitter, que después puso en pausa, le devolverá al expresidente su cuenta en la red social, además de señalar que expulsarlo fue una mala y absurda decisión.

La discusión reflotó a comienzos de esta semana, cuando el multimillonario y también extravagante tuitero Elon Musk  anunció que si concreta su compra de Twitter, que después puso en pausa, le devolverá al expresidente su cuenta en la red social.

La salida forzada de Trump hace ya casi un año y medio ha tenido efectos. Desde esa cuenta, que usó para construir su campaña presidencial y que no soltó ni un minuto durante su presidencia, el controvertido mandatario pudo hablar sin filtros ni contrapesos de un modo que hubiera sido imposible incluso en los medios más obsecuentes. Ahí no tenía que responder preguntas ni dar explicaciones.

Tampoco respetar horarios, algo que le permitió intervenir en las pautas noticiosas: bastaba una frase incendiaria publicada de madrugada para alterar todas las portadas del día, y por eso los editores se acostumbraron a despertar cada mañana a revisar, con una mezcla de ansiedad y vértigo, si durante la noche el presidente había usado la red social para despedir a alguno de sus asesores, humillar a un adversario, sembrar desinformación o amenazar con atacar a otro país (como el posteo contra el líder de Corea del Norte que decía: “Kim Jong-un ha dicho que el botón nuclear está en su escritorio todo el tiempo. ¿Podría alguien de su hambriento y mermado régimen decirle que yo también tengo un botón, pero que el mío es mucho más grande y más poderoso que el suyo, y que funciona?”).

Su salida trajo una extraña calma a los medios, se sintió como cuando alguien apaga de improviso una música fuerte, y la gente recién en ese momento se da cuenta lo perturbador que era el ruido. 

Trump era tan omnipresente en Twitter, que en Estados Unidos llegaron a pronosticar que el divorcio con la plataforma sería doloroso para las dos partes. No ha sido tan así.

Trump era tan omnipresente en Twitter, que en Estados Unidos llegaron a pronosticar que el divorcio con la plataforma sería doloroso para las dos partes. No ha sido tan así. Si bien la red social perdió a uno de sus usuarios más activos, sigue siendo decisiva para los consumidores de noticias -verdaderas y falsas-, y tiene un enorme impacto en la política y en la agenda pública.

La salida del ex mandatario redujo inicialmente el flujo de desinformación con respecto a la elección en Estados Unidos, pero no impidió que sigan circulando noticias falsas, y que la beligerancia y la confrontación sean todavía predominantes en la red social.   

La cancelación de su cuenta lo dejó sin el micrófono que amplificaba todas sus acciones, justo además en el momento en que dejaba la Casa Blanca.

En el caso del expresidente, es cierto que la cancelación de su cuenta lo dejó sin el micrófono que amplificaba todas sus acciones, justo además en el momento en que dejaba la Casa Blanca. Sin embargo, Trump no ha desaparecido de la escena política de Estados Unidos. Sigue teniendo una base de apoyo tan amplia que le permite ser una figura dominante en el partido republicano, al punto que, tal como contó recientemente The New York Times, por su casa en Mar-a-Lago, en Florida, desde hace meses que desfilan candidatos a las elecciones legislativas y de gobernadores de noviembre que peregrinan hasta allá en busca de su apoyo.

Cada cierto tiempo hace comunicados de prensa y recientemente creó Truth Social, una plataforma a imagen y semejanza de Twitter, desde donde espera poder azuzar a los suyos. Aunque no le ha resultado fácil echar a andar ese proyecto, ha dicho que se quedará ahí incluso si Musk le devuelve su cuenta. Algo que, pese a todo el ruido que ha metido el dueño de Tesla en las últimas semanas con su anunciada propuesta de comprar por 44 mil millones de dólares la red del pajarito, ahora es incierto, desde que Musk tuiteó -cómo no- que puso en pausa la operación hasta tener más información sobre cuál es el real porcentaje de cuentas falsas y boots que hay en Twitter.

Angélica Bulnes