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book icon Domingo 29 de mayo de 2022

Elvis, las dos caras de un Rey

Jimena Villegas Jimena Villegas

En agosto se cumplen 45 años de la muerte del hombre que creó el mito de las estrellas del pop. Dos trabajos audiovisuales lo recuerdan. Un documental de Netflix sirve como aperitivo de uno de los grandes estrenos del año, la película “Elvis”, exhibida esta semana en Cannes.

Jimena Villegas

El 16 de agosto se cumplen 45 años de la muerte de Elvis Presley y la industria, obviamente, se ha venido preparando. Dentro de un mes se estrenará la película “Elvis”, que dirigió un especialista en musicales: Baz Luhrmann. Nacido en Australia, Luhrmann es bien conocido por trabajos híper cargados de luces, colores y artificio, como “Moulin Rouge”.

Contar la historia del primer ídolo juvenil del mundo le queda perfecto a este director, porque la historia de Elvis está llena de épica, luces, colores y artificio. Tiene momentos maravillosos, como su estallido a la fama desde Mississippi al cielo, cuando tenía apenas 21 años. Y tiene momentos oscurísimos, como su propia muerte, que se venía anunciando desde el año 1973, cuando fue a dar al hospital en estado comatoso por culpa del demerol, el mismo narcótico que acabó con Michael Jackson.

La película “Elvis” es esperada. Tuvo su debut en Cannes esta semana y va a llegar a Chile en julio. Fue concebida como una biografía en clave de ficción. Obviamente, parte de su encanto es el punto de comparación: cuánto se parecen (o no) los personajes del filme a los seres verdaderos. 

El propio Elvis es interpretado por el modelo y cantante Austin Butler, que en fotos se ve menos guapo de lo que se veía Elvis. Pero la gran estrella del elenco es Tom Hanks, quien se hizo cargo del rol más controvertido, el del “Coronel” Tom Parker. 

Desde el punto de vista de este personaje es que Luhrmanne cuenta la historia del “rey del rock”. Parker es el promotor, un hombre de negocios, que tomó a un cantante de barrio y lo transformó en un fetiche. Vio el influjo erótico que las caderas de Elvis despertaban en las adolescentes. Vio su capacidad de dominar el escenario. Vio un talento imposible, que se había alimentado con lo mejor de la música negra y también de la blanca. Y vio, por cierto, la mina de oro en potencia que tenía delante.

El “Coronel” es, por lo mismo, el gran villano de otra pieza cinematográfica sobre El Rey, y que estará disponible en Netflix hasta el 31 de mayo. Se llama “Elvis, El Buscador”. Es un documental de dos capítulos, hecho por HBO en 2018. En él, se ve la mano de la que fue su única esposa, Priscilla Presley. 

Esta cercanía con una viuda, que también bendijo la película de Baz Luhrmann, lleva a que no se aborden ciertas facetas de Elvis, como su rol de padre o de pareja. Pero en realidad poco importa, porque se nota que este documental -que está lleno de memorabilia- es un ejercicio hecho para conocer y valorar a un intérprete grandioso que, como reza el título, fue un buscador eterno. Alguien que no desechó ni una sola influencia, si le pareció que merecía la pena tomarla. Pero que, en vez de copiar, desarrolló siempre su versión propia. Construyó un estilo. No se pareció a nadie. 

Fue un buscador eterno. Alguien que no desechó ni una sola influencia, si le pareció que merecía la pena tomarla. Pero que, en vez de copiar, desarrolló siempre su versión propia. Construyó un estilo.

El eje narrativo de “Elvis: El Buscador” está en uno de los momentos de inflexión de su carrera, un especial para la televisión que se emitió en 1968. Al verlo, sentado con su guitarra y sus músicos en círculo, rodeados de público y en un estudio, uno piensa de inmediato que realmente fue él quien hizo el primer concierto “unplugged” de la historia.

Parker pensaba que con este especial podía fortalecer el lado musical de su pupilo. Elvis llevaba siete años haciendo películas y era muy infeliz. Porque lo que el documental deja muy claro que lo suyo era la música.  

En realidad, viéndolo cantar en estas imágenes es imposible no comprender que Presley era de verdad un pedazo de músico. Lo dicen los testimonios de sus compañeros de trabajo, todos artistas connotados, como Bruce Springsteen, Tom Petty o Cissy Houston, la madre de Whitney Houston, que fue una de sus coristas.

En este documental también interviene Tom Parker, el “Coronel”. Lo hace para defenderse y decir que artísticamente su representado nunca hizo nada que no quisiera hacer. Pero uno duda. En una entrevista, Elvis confiesa que hubiese querido viajar, y no lo hizo. Se nos dice que fue porque Parker no podía acompañarlo: era holandés y nunca confesó que tenía problemas de visa. Para obviar el asunto, construyó la carrera de El Rey sólo en Estados Unidos. 

De hecho, Parker no fue a verlo al único país al que Elvis sí pudo conocer: Alemania. A esta nación lo llevó el servicio militar, muy poco después de la muerte de su madre Gladys. Dice el documental que ella era el verdadero cable a tierra de un músico tan frágil y sensible, como son prácticamente todas las grandes estrellas del rock. 

Elvis quería ser Elvis Presley. No sabía cómo lidiar con la soledad ni con la muchedumbre. Al ser el primero, quizás no entendió esa rara apropiación que hacen los fans con sus estrellas: los llaman sólo por su nombre, como a Luismi.

Elvis era -dice este trabajo audiovisual- un chico bueno de pueblo, que se volvía chico malo sólo en escena. En la vida diaria, necesitaba contención y estímulo. Necesitaba cantar y cantar. Se mató cantando, de hecho. Explotado por las largas temporadas en Las Vegas y las giras eternas organizadas por el “Coronel”.

En la vida diaria, necesitaba contención y estímulo. Necesitaba cantar y cantar. Se mató cantando, de hecho. Explotado por las largas temporadas en Las Vegas y las giras eternas organizadas por el “Coronel”.

Dicen que al final ya casi no coordinaba las ideas. Pero oyéndolo interpretar con tanto sentimiento “Hurt”, una de las canciones con las que cierra el documental, no se le notaba. Cual haya sido el infierno de El Rey, se fue con él el día que murió en Graceland. 

Y a los demás nos quedan las memorias. Las de estas películas, que nos lo traen en persona o recreado, 45 años después. Y las de la música, con sus canciones eternas, su voz de barítono y esa intensidad que todavía traspasa la piel.  

Jimena Villegas