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book icon Domingo 8 de mayo de 2022

Juicio a la semana comunicacional de Boric

Los problemas generados desde el Ministerio del Interior obligaron a La Moneda a concretar un cambio de estrategia que puso al Presidente en el centro de todo. Si bien, en pocos días, logró recuperar la agenda, el nuevo plan genera peligros.

Paula Comandari

Desde que asumió el Gobierno, el Presidente Gabriel Boric decidió jugar un rol de jefe de Estado, menos expuesto a la contingencia y abierto a que sus ministros brillaran en los temas de sus carteras. De hecho, durante varias semanas desapareció del mapa y la idea era que volviera a aparecer para marcar un hito importante: El fin de la instalación. En ese momento, marcaría las directrices de su administración para los próximos meses.

El plan era un intento de revalorizar la figura presidencial para las grandes ocasiones e instalarlo como alguien que mira los temas desde una perspectiva global. Pero los “errores no forzados”, empujados por el Ministerio del Interior, obligó a La Moneda a concretar un cambio radical en el diseño original. La única persona capaz de recuperar la agenda era el propio mandatario y, para hacerlo, él debía salir a dar la cara frente a los medios nacionales. 

La única persona capaz de recuperar la agenda era el propio mandatario y, para hacerlo, él debía salir a dar la cara frente a los medios nacionales. 

El mismo coincidió con la tesis que surgió desde su gabinete, en conversaciones con la vocera de gobierno, Camila Vallejo. El cambio no pasó inadvertido: ahora Boric daba una entrevista profunda en La Tercera, TVN y Radio Cooperativa, donde sus intervenciones, según algunos analistas, parecían más de un ministro de Interior que de un Presidente de la República. Porque habló de delincuencia, de la Araucanía, de la Convención, del rumbo económico y de los desafíos que enfrentan en el corto plazo. Todos temas que no estaban considerados que se refiriera hasta ese momento. Tampoco que saliera a desmentir los trascendidos que hablaban de la salida del jefe de gabinete de Izkia Siches.

“No le quedaba más que salir a él en esta contingencia”, dice Eugenio Tironi, quien afirma que, en lo que va de Gobierno, “los ministros no han dado el ancho”. En cambio, según el sociólogo, el Presidente tiene una densidad, una seguridad en sí mismo, una libertad que nadie más tiene y que es capaz de cambiar el tono en unos pocos días. “Frente a grandes turbulencias, no se puede seguir con piloto automático, ni dejando que actúen los segundos o terceros”, dice Tironi.

Esa mirada la comparte Cristián Valdivieso, director de Criteria, quien al comienzo de la administración Boric, consideró estratégico que el Jefe de Estado tomara un papel más distante. “Más parecido al rol que jugó Patricio Aylwin, algo que conceptualmente pareció adecuado, pero en la práctica –producto de las circunstancias- imposible de cumplir”, comenta Valdivieso. Tal vez por las expectativas que generó el propio Mandatario, cuando antes de asumir se instaló en la Moneda Chica, y la gente depositó en sus hombros un sinfín de sueños, muchos de los cuales los ministros no fueron capaces de encarnar.

Por las expectativas que generó el propio Mandatario, cuando antes de asumir se instaló en la Moneda Chica, la gente depositó en sus hombros un sinfín de sueños, muchos de los cuales los ministros no fueron capaces de encarnar.

Probablemente porque en los tiempos que corren no es tan sencillo traspasar el capital político del Mandatario a su gabinete. “El vuela solo y la ciudadanía distingue entre él y los demás”, dice el académico UDP Claudio Fuentes, mientras hace un repaso por la historia: en Bachelet 1, por ejemplo, la ex Presidenta fue muy bien evaluada, no así su administración; en Piñera 2, fue él el personaje castigado y, en varios pasajes, su Gobierno tuvo buena evaluación. Ahora, sin embargo, en Palacio saben que hay que detener la caída de la evaluación del Presidente, la que podría estar empañada por el desempeño de sus ministros.     

En la Moneda se convencieron que para ordenar al Gobierno era necesario regresar a la figura de Boric y espantar, en la medida de lo posible, los eventuales peligros que le podría acarrear esta sobreexposición mediática. Podría llevarlo a “pisar el palito” o a cometer equivocaciones que, según los analistas, le costarían caro. 

En la Moneda se convencieron que para ordenar al Gobierno era necesario regresar a la figura de Boric y espantar, en la medida de lo posible, los eventuales peligros que le podría acarrear esta sobreexposición mediática.

Miremos los hechos: esta semana, Boric mató la constitución de Ricardo Lagos; señaló que la propuesta constitucional de Bachelet era aguachenta, generando cierta animadversión entre los ex Mandatarios; se volvió a amarrar al destino de la Convención y dejó abierta una tercera vía. Es decir, tuvo sus costos.

Por lo mismo, según Valdivieso, este nuevo diseño se debe ir testeando. “Es probable que ahora se mueva nuevamente hacia el plan original”. Esto tiene que ver con tener a un Presidente en segundo plano y mirando desde arriba, como sugieren en Palacio, si su gabinete logra empoderarse. Sin embargo, para que el repliegue tenga éxito esta vez se requeriría, según varios analistas, un ajuste en sus secretarías de Estado.

Por ahora, el rol protagónico del mandatario durante los últimos días ha obligado a los distintos actores a conversar sobre temas que el Gobierno quiere instalar. No es casualidad que “ahora estemos hablando de seguridad y de orden público, más carabineros a la calle, o poner la mirada en la infraestructura crítica”, afirma Fuentes, lo que viene a demostrar que el Presidente es capaz de plantear una agenda concreta, algo que Interior, hasta ahora, no fue capaz de materializar.

Paula Comandari