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book icon Domingo 7 de agosto de 2022

La amistad entre ricos y pobres disminuye la pobreza

Carmen Gloria López Carmen Gloria López

Podíamos intuir que el tener amigos ricos, con mayor poder adquisitivo, genera una diferencia inmensa en la vida, ahora esto ha sido comprobado por uno de los estudios más vastos que se han realizado, y que concluye que tener conexiones entre clases, es uno de los factores que más impacto tienen para salir de la pobreza.

Carmen Gloria López

Esta semana, la revista Nature publicó una de las investigaciones más amplias que se han hecho sobre movilidad social, bajo el título Social capital I: measurement and associations with economic mobility (Capital social I: medición y asociaciones con la movilidad económica).

Los investigadores a cargo -Raj Chetty de Harvard, Johannes Stroebel y Theresa Kuchler de NYU y Matthew Jackson de Stanford- usaron información de 21 mil millones de conexiones de Facebook, para finalmente analizar la amistad de 72 millones de personas, de entre 25 y 44 años, que viven en Estados Unidos. Un número que representa al 84% de la población adulta norteamericana.

Cruzaron esa información con otra que ya tenían: en algunos barrios las personas pobres escalaban en sus ingresos mucho más fácilmente que en otros. Lo que no sabían hasta ahora era el porqué.

El hallazgo que encontraron fue que la diferencia radicaba principalmente en el grado de conexión que existía entre ricos y pobres. Los hijos o hijas de familias de bajos ingresos que podían establecer amistades tempranas con personas fuera de su grupo socioeconómico aumentaban más tarde sus ingresos. Específicamente, si los niños o niñas pobres crecían en barrios donde el 70% de sus amigos era adinerado, aumentaba sus sueldos futuros en un 20% como promedio.

Es el predictor de movilidad social más potente identificado hasta ahora, dijo sin duda uno de los investigadores.

Estas amistades entre grupos socioeconómicos, llamadas “conexión económica” por los autores del estudio, influenciarían desde moldear normas y aspiraciones profesionales, hasta proveer información sobre carreras, pruebas, becas, universidades y, más tarde, oportunidades laborales.

Para ejemplificar de qué hablamos, el New York Times entrevistó a una mujer de 24 años, de una familia de ingresos medios bajos, que conoció en el colegio a una amiga de clase más acomodada. La mujer dice que de su madre heredó el amor por el trabajo duro, pero que las horas que pasó en la casa de su amiga le abrieron su horizonte de posibilidades, por lo que empezó a pensar en la universidad y a prepararse para la prueba de admisión. Asuntos que en su casa no eran tema de conversación.

Desde 1916 se habla en investigaciones académicas del concepto capital social: la red de relaciones que la gente tiene y cómo ésta impacta la vida. Los investigadores también analizaron la calidad de los colegios, la estructura familiar, la disponibilidad de empleos en la zona y la composición racial de los grupos. Nada resultó tener la fuerza predictiva de la conexión económica, o sea, de esta amistad inter clases.

Ya sabíamos que los niños pobres que crecen en entornos de mayores ingresos, generalmente ganan mejores sueldos en su adultez, pero incluso en barrios de ingresos similares, algunas personas subían en la escala de ingresos más que otros. La respuesta era la misma: conexión económica. Incluso en hogares donde faltaban todos los otros tipos de capital social, un aumento en amistades infantiles entre clases sociales era suficiente para aumentar las expectativas económicas de los niños de bajos recursos.

El problema grave es la creciente segregación social y territorial que vive Estados Unidos. En los niños dentro del 10% de menores ingresos, solo 2% de sus amigos viene del 10% de mayores ingresos. En cambio en el decil superior, 34% de sus amigos vienen de ese mismo 10% más rico.

Esto se cruza con otro factor identificado por los investigadores que impacta la conexión económica y la movilidad social: el sesgo de amistad, la tendencia humana a juntarse con los similares. A pesar de que el estudio muestra que las personas de bajos ingresos tienen mucha mayor probabilidad de hacer amigos en sus barrios que los de mayores ingresos, el problema es que en las áreas pobres hay menos gente de segmentos económicos más altos. En ese país esto se agudiza en establecimientos educacionales muy grandes, barrios muy segregados y espacios arquitectónicos que dificultan el encuentro casual.

Los investigadores aclaran que no han descubierto un motor de movilidad social, si no uno de los mejores predictores de ella. A los niños pobres que logran establecer amistades tempranas con niños ricos les va mejor económicamente en su vida.

Triste hallazgo en “el país de las oportunidades”: para que te vaya bien, tienes que apegarte a alguien que las tuvo. ¿No será la conexión económica el más fuerte predictor de mejores oportunidades porque a nivel estructural todo lo demás ha fallado?

La frase más desoladora es aquella con la que abre su reportaje el New York Times: “En las últimas cuatro décadas, las circunstancias económicas en las que nace un niño de manera creciente determinan las circunstancias en las que será adulto”. Es decir, durante cuarenta años en el país más rico del mundo, el lugar donde naces seguramente será en el que mueras.

Carmen Gloria López