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book icon Domingo 3 de abril de 2022

La compleja tarea de gobernar a las redes sociales

Angélica Bulnes Angélica Bulnes

En el oficialismo admitieron esta semana que tienen un problema con Twitter. Y se hizo evidente que el uso y peso que le darán a estas plataformas, ahora ya en el poder, es un desafío complicado.

Angélica Bulnes

Era predecible que en un gobierno encabezado por gente que se ha articulado personal y políticamente en y con las redes sociales, lo que pasara o dejara de pasar en Twitter, Facebook e Instagram sería relevante. Lo fue de hecho, desde antes de que Gabriel Boric asumiera. El chequeo para designar autoridades incluyó una exhaustiva revisión del historial digital de cada persona, sus comentarios, fotos y likes.

Pasaron cosas cómicas esos días en las que se les hicieron aseos profundos a muchas cuentas de Twitter. En la de una de los primeros designados, apenas filtrado el nombre, se pudo seguir en vivo como desaparecían comentarios, hasta que el autor sencillamente borró la cuenta completa.

Es comprensible: en todas partes hay carreras que se han truncado por culpa de un antiguo comentario en las redes. La estadounidense Neera Tanden iba a ser directora de presupuesto de Joe Biden, hasta que reflotaron tuits en los que trataba de “fraude” o “Voldemort” a senadores republicanos. Fue una pena que los aludidos estuvieran encargados de visar su nombramiento que, por lo mismo, nunca ocurrió.

Aunque lo que decimos en redes a veces nos parecen comentarios sin mayor implicancia, se entienden como juicios definitivos y perduran, incluso, después de eliminados si alguien se guardó un pantallazo. Lo sabe la delegada de la Región Metropolitana, Constanza Martínez, cuestionada por sus tuits del pasado: “si quiero prender fuego a algo, sea a la Iglesia y a la Constitución de Pinochet”. Ella dice que era una cita de una canción de Alex Adwanter, letra que le recordarán cada vez que haya disturbios en la calle.

El afán comentarista no se les acabó a las autoridades, una vez asumidas. Las redes sociales son centrales en su todavía no muy bien definida estrategia comunicacional y confían en ellas más que en los medios tradicionales. A diferencia del Presidente, que bajó drásticamente sus apariciones presenciales y digitales desde que asumió, solo en su primera semana los ministros publicaron 471 post en Twitter, con las ministras Vallejo y Siches arriba, según datos de Ubik.

Dado que a veces hay confusiones entre quienes fueron y quienes son hoy por sus cargos, en más de una oportunidad han generado controversia con sus tuits. Como la ministra de Bienes Nacionales, Javiera Toro, que tras el incidente en que un carabinero hirió a una persona mientras era atacado por una turba, tuiteó, apurada, que para el gobierno es prioridad “refundar” Carabineros, término que el Presidente ha evitado.

En La Moneda, eso provocó un llamado a los ministros y ministras a no hablar de lo que no les compete. Hacia afuera hubo un reconocimiento inesperado: “Quiero hacer una autocrítica: yo creo que mi sector, y quiero ser bien específico, me refiero a la izquierda, me refiero al Frente Amplio, me refiero incluso a la gente que me rodea, tiene un problema con Twitter", dijo en radio Universo el diputado Gonzalo Winter, cercano al gobierno. “Muchas veces las redes sociales apresuran a que uno emita un juicio y es algo que no podemos hacer”, explicó el subsecretario de Prevención del Delito, Eduardo Vergara. Y la portavoz del Ejecutivo, Camila Vallejo, pidió cuidar el uso en redes “para no adelantar juicios que pueden terminar siendo prejuicios respecto a hechos de los cuales no tenemos toda la información”, según señaló.

Su problema con Twitter, en todo caso, no es solo lo que dicen o dejan de decir las autoridades y sus aliados ahora que son gobierno. También tiene que ver con cuán sensibles son a las críticas que llegan desde ahí. El peso de las redes se ha sentido desde el primer día con la fallida nominación de Felipe Berríos como coordinador de campamentos en el Ministerio de Vivienda. Paula Comandari ha estado siguiendo las designaciones en el área económica para el Rat Pack, y ha visto cómo se demoran, tambalean o se caen nombramientos por el efecto que podrían provocar ciertos nombres entre tuiteros. Su impacto se agudiza porque lo que sucede en esas plataformas, es hoy la principal forma con que La Moneda mide las reacciones de la opinión pública. Hay muchos periodistas monitoreando las conversaciones y desde la Secom reciben informes recurrentes sobre las discusiones trending topics y tendencias.

“Para este gobierno, Twitter es lo que para Sebastián Piñera era la Encuesta Cadem”, decía recientemente una nota de La Tercera. No está resuelto si esa va a ser una definición de gobierno o solo ha faltado tiempo para montar una estrategia más diversa, pero tiene riesgos. Twitter es muy útil para identificar posiciones sobre un asunto, pero no es nada representativo y tiende a sobrevalorar ciertos argumentos y minimizar o incluso anular otros. Sobre todo en tiempos en que la opinión pública se ha vuelto tan esquiva y voluble, se requieren más y no menos instrumentos para seguirla. Eso, y mucha valentía y libertad para empujar medidas que pueden parecer correctas pero impopulares. Medirlas solo a través de las redes sociales no ayuda mucho a ese objetivo.

Angélica Bulnes