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book icon Domingo 24 de abril de 2022

La cruda realidad tras una norma constitucional

Carmen Gloria López Carmen Gloria López

El pleno de la Convención aprobó un artículo que establece -por primera vez en nuestra historia- el derecho a la salud mental. Pero será difícil para el Estado cumplir la tarea asignada: somos uno de los países menos felices del mundo. Esta es la realidad local.

Carmen Gloria López

La Organización Mundial de la Salud define la salud mental como “un estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad”. Este estado sería fundamental para interactuar en sociedad, ganarse la vida, expresar de manera correcta las emociones y disfrutar de la vida.

Poco a poco, la salud mental ha comenzado a verse como un bien básico, más aún como el principal responsable de varios de nuestros males físicos y sociales. A pesar de ello, aún hay generaciones que no creen en la psicología o la psiquiatría, y nuestra inversión en salud mental como país pareciera demostrar que seguimos en esa época.

Por eso el articulado aprobado por la Convención esta semana es tan novedoso e inaugura a nivel constitucional una nueva era: la salud mental señalada explícitamente como un derecho ciudadano, el deber del Estado de proveer las condiciones para alcanzar este bienestar, y un sistema de salud que debe incorporar la rehabilitación y la inclusión dentro de sus tareas.

El articulado aprobado por la Convención es novedoso e inaugura a nivel constitucional una nueva era: la salud mental señalada explícitamente como un derecho ciudadano.

De aprobarse el borrador, no será fácil para el Estado de Chile cumplir con esta tarea. Según una encuesta dada a conocer esta misma semana, somos de los países con más personas que se declaran infelices. Solo nos superan Hungría, Argentina y Turquía. En este estudio, realizado por IPSOS, el 53% de los chilenos dice que se siente feliz o bastante feliz, pero lo que preocupa es que un 46% se considera “no muy feliz” o “nada de feliz”. El promedio mundial de personas infelices es de 36%. O sea, en infelicidad estamos 13 puntos sobre el promedio.

Hace un mes, un estudio de felicidad más robusto, financiado por las Naciones Unidas, nos ponía en sexto lugar de felicidad en Latinoamérica. En ese “Reporte de Felicidad Mundial 2022”, estamos en el lugar 44 de 146 países, con una evaluación promedio de la vida de 6,1 en una nota de 1 a 10.

¿Cuáles son los tres países con mejores índices de felicidad? Finlandia primero, Dinamarca segundo e Islandia tercero. Posiciones que han mantenido a lo largo de los años igual que otros top ten, como Nueva Zelanda, Suecia, Noruega e Israel. Hay cinco países nórdicos entre los diez más felices.

Otro indicador preocupante de nuestra salud mental es que desde el 2008, los trastornos mentales tienen el primer lugar en el motivo de licencias médicas otorgadas.

A pesar de todos estos indicadores, Chile invierte muy poco en salud mental. Solo un poco más del 2% del presupuesto de salud se destina a patologías mentales. Uruguay y Costa Rica invierten un 8%, Nueva Zelanda un 11%. La Organización Mundial de la Salud recomienda un 5%.

¿Cuáles son las consecuencias de nuestra baja inversión en estar bien de la cabeza? En Chile, solo 2 de cada 10 chilenos con problemas de salud mental tienen acceso a tratamiento y el número de atenciones es muchas veces insuficiente.

En Chile, solo 2 de cada 10 chilenos con problemas de salud mental tienen acceso a tratamiento y el número de atenciones es muchas veces insuficiente.

Según un artículo publicado en Ciper llamado “Salud Mental en Chile: urgencias, desafíos y silencio”, escrito por investigadoras del Instituto Milenio de Investigación en Depresión y Personalidad, faltan 921 cargos de médicos psiquiatras adulto e infanto-adolescente para atención ambulatoria; 421 para psicólogos(as), trabajadores(as) sociales, terapeutas ocupacionales y enfermeros(as)”; y de las 85 patologías que cubre el AUGE, solo cinco son patologías neuropsiquiátricas.

A esto se suma, según las investigadoras, “un importante déficit de Centros de Salud Mental Comunitarios, Centros de Apoyo Comunitario para Personas con Demencia, Hospitales de Día, Unidades de Cuidado y Rehabilitación Intensiva, y Hogares y Residencias Protegidas. De hecho, en Chile se requieren en total 1.209 de estos dispositivos de atención, pero la oferta es de 377 para todo el país”.

¿Qué significa esto? Significa, por ejemplo, que Edith no tuvo la atención médica mental que necesitaba a los 16 años, cuando habrían podido diagnosticar y tratar con medicamentos su depresión bipolar. Sin eso y sin saber qué hacer, su propia familia terminó institucionalizándola en un lugar no adecuado y ahora vive en la berma de una carretera. Significa que una chilena que se percibe articulada e inteligente, no tuvo la posibilidad de desarrollarse por no tener acceso a un tratamiento que existe y permite a personas con esta patología llevar una vida normal.

En Chile, los problemas mentales que significan la mayor pérdida de años de vida saludables son los trastornos depresivos unipolares y bipolares, la esquizofrenia, la dependencia y consumo de alcohol y drogas, los trastornos ansiosos, la epilepsia, las demencias, el Parkinson, la migraña, la parálisis cerebral infantil y el síndrome de déficit atencional. Y como en cualquier enfermedad, mientras más tempranamente sean detectados, más eficaz y barato es su tratamiento.

Hacerse cargo como Estado de la salud mental es complejo, pues muchas de estas patologías no se curan y el tratamiento de ellas generalmente es de por vida. No basta un antibiótico ni una cirugía, por eso su costo es alto. Pero hacerle el quite al tema enferma gravemente a la sociedad entera, dificulta su desarrollo y perpetúa la pobreza.

Y eso no lo digo yo, lo dice la Organización Mundial de la Salud. Las investigadoras que escribieron el artículo en Ciper, proponen seguir el ejemplo de Australia e Inglaterra que han tenido resultados positivos en todas las áreas al poner la salud mental como prioritaria en sus políticas públicas.

El Banco Interamericano de Desarrollo hizo un estudio en 2013 y analizó cuánto rendía la inversión en prevención de enfermedades mentales dentro de las compañías. ¿El resultado? Cada dólar invertido en eso redituaba un 400%. Por si alguien quiere partir por casa.

Es una tarea necesaria, no será una tarea fácil.

Carmen Gloria López