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book icon Domingo 31 de julio de 2022

La exitosa y criticada manera de interpretar una antigua historia de amor

Jimena Villegas Jimena Villegas

A pesar del éxito que ha tenido en Netflix la nueva adaptación cinematográfica de un libro de Jane Austen, la puesta en escena y la actuación de Dakota Johnson en “Persuasión”, como una mujer arrepentida de haber dejado a su gran amor debido a su pobreza, han sido blanco de críticas para nada benevolentes.

Jimena Villegas

El 15 de julio entró a Netflix “Persuasión”, la más reciente adaptación de una novela de la escritora británica Jane Austen. Protagonizada por la actriz y empresaria Dakota Johnson, la película ocupaba esta semana el puesto número 5 entre lo más visto de esa plataforma de streaming.

Se trata de una historia romántica, igual que todo lo que salió de la pluma de la autora inglesa, y tiene como eje narrativo al personaje interpretado por Johnson, bajo el nombre de Anne Elliot. Es una joven -aunque no tan joven- librepensadora, bondadosa y aguda hija de familia provinciana.

La cinta arranca con la protagonista tendida en el césped y en brazos de su amor, el marino Frederick Wentworth. Mientras esta imagen se desenvuelve lentamente, irrumpe la voz de Anne, quien se dispone a relatar su historia en primera persona y dice: “Estuve a punto de casarme una vez”.

         

A partir de ahí, con este gesto autorreflexivo y más bien ligado a la expresión artística contemporánea, esta apuesta de “Persuasión” se divorcia de inmediato del texto original, cuyo primer capítulo -antes que hablar sobre la historia amorosa de Anne- está enteramente dedicado al delirio narcisista del patriarca de la familia Elliot. Es más, puede ser que, entre otras, ésta sea una razón muy poderosa para que en general la crítica haya sido dura con este filme.

Esta apuesta de “Persuasión” se divorcia de inmediato del texto original, cuyo primer capítulo -antes que hablar sobre la historia amorosa de Anne (...) puede ser que, entre otras, ésta sea una razón muy poderosa para que en general la crítica haya sido dura con este filme.

El diario británico The Guardian dice que “Persuasión” es una cinta “petulante, mal concebida y poco persuasiva”, mientras que El País acusa que es “una versión que tiene poco de romántica” y “menos de comedia”.


Sí, puede ser. Puede ser, en efecto, que haya mucho que criticar a esta película. Por ejemplo, la curiosa selección del elenco, completamente fuera del registro original y que mezcla a personas de raza blanca y de raza negra sin que medie en ello una sola explicación.

También está la tendencia a intercalar chistes, la ligereza en la interpretación de algunos personajes y, sin duda, las caricaturescas versiones para las hermanas de Anne, tan horribles en su comportamiento, e incluso tal vez peor que las propias espantosas hermanastras de la Cenicienta.

Pero pasa que, dentro de un ecosistema cinematográfico tragado por las sagas de Marvel, estos defectos de la cinta importan bien poco. Porque, igual que las películas de los superhéroes, ésta atrapa de principio a fin. Es divinamente entretenida y sostiene esta gran virtud de la entretención en uno de sus grandes defectos: la modernidad con que está relatada.

Estos defectos de la cinta importan bien poco (...) Es divinamente entretenida y sostiene esta gran virtud de la entretención en uno de sus grandes defectos: la modernidad con que está relatada.

Esta constante apelación de Dakota Johnson a la cámara sólo refuerza el intento de intimidad con la única persona posible: el espectador, quien es el que puede entender -desde una lectura del siglo XXI- el gran arrepentimiento de Anne, que rechazó al amor de su vida sólo porque él no tenía suficiente plata para casarse con ella.

Desde ese eje matrimonio/dinero es que aparece todo el universo de la autora, el cual es de mujeres de pueblo sometidas a la rigidez de las creencias y las convenciones. Son mujeres que, mientras cuchichean y se dejan llevar por cosas que son de señoritas, viven para esperar y para ser elegidas por el hombre correcto, un galán que debe tener tanto la edad, como la posición social correcta.

Sin duda es la fotografía de una época que está a años luz de ésta. Jane Austen fue una joven -y después una mujer no casada- que vivió en la Inglaterra de la regencia. Era un mundo agrario a punto de entrar en la era industrial, que sobrevino junto a la longeva reina Victoria. En ese entonces las damas que podían ser damas y no sirvientas, se educaban en casa, sabían tocar el piano y -como dice un personaje de “Emma”, otra de sus novelas- debían “complacer” a quien vivía con ellas; o sea al marido y/o la familia.

¿Cómo acercar esta visión antediluviana del ser femenino a personas de ahora, que viven la batalla por la igualdad de género en la calle o en un nuevo proyecto de Constitución paritaria? Quizá con la pachorra de la Anne que dibuja Dakota Johnson. Una Anne que elige tomar vino sin vergüenza, que busca expresarse libremente, que ironiza incluso consigo misma -tanto o más de lo que ironizaba con discreción Jane Austen en sus libros- y que se ha comprometido a nunca más fallarle a los designios de su corazón por culpa de la razón y sus cálculos.

Esta última tensión es uno de los grandes nudos de Austen. Y es, de hecho, el eje sobre el que se desarrolla “Sensatez y sentimiento”, tal vez su adaptación al cine más famosa. En ella, una contenida y siempre prudente Elinor, interpretada por Emma Thompson, se queda con su amor verdadero, a diferencia de lo que le pasa a su hermana Marianne, a quien la pasión le impide ver la falsedad de un pretendiente demasiado guapo que acaba rompiéndole el corazón.

Este filme, dirigido por Ang Lee en 1995, también puede verse en Netflix. Es mucho más tradicional en su puesta en escena. Tanto o más como era tradicionalmente la mirada y la posición que se tenía en la sociedad sobre las mujeres y su rol. Han pasado sólo 27 años, pero entonces no había géneros fluidos, ni mucho menos la lucha por la paridad.

Y en ese entonces, Dakota Johnson tenía 5 años y apenas era la hija de Melanie Griffith y Don Johnson. No se había convertido en lo que es hoy: la heredera de una dinastía de actores, que parte en Tippi Hedren, su abuela, y que tiene en ella a una típica exponente de las mujeres de este tiempo: además de actriz y modelo, es activista. Defiende a los animales y a las mujeres que, como la propia madre de su madre, han sido acosadas por hombres.

En Netflix también está “Orgullo y Prejuicio”, un drama de 2005 a cargo de la estupenda Keira Knightley. Las tres películas, con sus diferencias y coincidencias, podrían fácilmente servir para armar un maratón de Jane Austen y comparar: tiempos, historias, tendencias, adaptaciones y momentos. También bastaría con usarlas sólo para lo que el cine ha permitido siempre: pasar, como dice la publicidad, unas buenas horas de sana diversión.

Jimena Villegas