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book icon Domingo 22 de mayo de 2022

La incómoda junta de vecinos que se acerca

Paz Zárate Paz Zárate

La primera semana de junio tendrá lugar en Los Ángeles, California, la Cumbre de las Américas. Esta instancia de diálogo regional tiene lugar cada tres o cuatro años desde 1994. Pero esta edición, ya desde los preparativos, ha resultado muy inusual. Revisemos por qué.

Paz Zárate

El anfitrión de esta cumbre es Estados Unidos. Y en tal calidad, en abril pasado, su Cancillería anunció que probablemente Cuba, Nicaragua y Venezuela no serían invitados a participar. ¿Motivo? Esta reunión está destinada a centrarse en la democracia en la región.

Aunque no es novedad para nadie que estos tres gobiernos tienen relaciones complejas -y en ocasiones malas- con Washington, aquí lo peculiar quizá es que, aún antes de cursarse las invitaciones (que hasta el día de hoy, formalmente, no se han enviado) se les notificó públicamente y por adelantado que serían desairados.

Aunque no es novedad para nadie que estos tres gobiernos tienen relaciones complejas con Washington (...) se les notificó públicamente y por adelantado que serían desairados.

¿Cuál fue la reacción de estos países probablemente excluidos?

Nicaragua dijo “no nos interesa asistir“ a una cumbre que “no dignifica a nadie, más bien ensucia... Los latinoamericanos tenemos que defendernos para que nos respeten”. Daniel Ortega, como es sabido, desde siempre ha acusado a Estados Unidos de ser intervencionista y de tratar de socavar su gobierno. Pero su actual posición es de receptor de una condena universal por haber “obtenido” (entre comillas) un cuarto mandato consecutivo a punta de encarcelar contendores y perseguir a la prensa, incurriendo en graves violaciones de DDHH.

Cuba, por su lado, indicó que su exclusión es un revés para las relaciones apenas días después de que sostuviera con Estados Unidos sus primeras conversaciones de alto nivel en cuatro años. Estados Unidos, por su parte, acusó a Cuba de victimizarse para distraer la atención de su historial de derechos humanos, incluyendo recientes violaciones contra quienes han protestaron en la isla en manifestaciones generalizadas, algo que la administración Biden ha denunciado. A pesar del historial, hay que notar que Cuba sí participó en las cumbres de 2015 y 2018 en Panamá y Perú, respectivamente.

¿Y Venezuela? Decenas de otros países han reconocido a Juan Guaidó como el legítimo jefe de ese Estado, rechazando a Maduro por gravísimas violaciones a los DDHH y por manipular su reelección en 2018. A pesar de todo, Maduro sigue en el poder, con apoyo del ejército y… de Rusia, China y Cuba. Maduro ya fue excluido de la cumbre de 2018 por esta censura regional.

Además, se ha mencionado que teóricamente El Salvador también podría ser excluido de la cita, al existir preocupación por la erosión de las instituciones democráticas.

Frente a esto, ¿qué han dicho los demás países?

Se ha generado una situación incómoda. Varias naciones no saben si confirmar o no su presencia.

Se ha generado una situación incómoda. Varias naciones no saben si confirmar o no su presencia, que podría ser vista como un abanderamiento en este impasse y/o como un posible abanderamiento mayor, en el contexto del conflicto en Ucrania.

En el entendido que el sólo anuncio de la probable exclusión fue negativo, México, por su lado, instó a todos los países a ser incluidos, agregando que, de lo contrario, “no podría asistir”. Y Chile observó, a través de Cancillería, que si bien el anfitrión es quien cursa las invitaciones, “los últimos años demuestran que en Venezuela, Nicaragua y Cuba la exclusión no ha dado resultados en materia de derechos humanos”. Lo que sin duda es correcto.

Ahora bien… ¿por qué, pese a este impasse, esta conversación hemisférica valdría la pena en estos momentos?

La agenda de esta reunión, además de la democracia en la región, incluye al menos dos asuntos claves:

1.- Los efectos de la guerra rusa en Ucrania en nuestro continente, incluyendo problemas con la cadena de suministro y el aumento del precio de la energía, de productos básicos y de fertilizantes, con consecuencias para la seguridad alimentaria.

La seguridad alimentaria es, como ha relevado el gobierno de Perú recientemente, un asunto de seguridad nacional para países latinoamericanos, los que, en su mayoría, usan para sus cultivos fertilizante ruso, hoy no disponible.

2.- La migración, desafío continental que ahora es asunto político y electoral de importancia. Sólo la migración venezolana marcando el mayor desplazamiento después de las guerras en Siria y Ucrania (6 millones de venezolanos han sido desplazados en la última década).

Por otro lado, no debemos olvidar la migración del Triángulo Norte de Centroamérica (incluyendo miles de niños que viajan solos). Los cruces en la frontera México-Estados Unidos están en niveles récord. Y algo parecido se vive en el otro extremo del continente: la frontera de Chile con sus vecinos del norte.

Los gobiernos del continente -hay que reconocerlo- han intentado abordar el problema migratorio con diversos mecanismos, pero aún la cooperación regional es débil. En cuanto a los efectos en el continente americano de la situación en Ucrania, partiendo por la inseguridad alimentaria, es un tema fresco y que necesita acción coordinada y oportuna para, por ejemplo, buscar proveedores alternativos de fertilizantes para varios países de la región. Así se reduciría el riesgo de que menores cosechas en 2023 deriven en escasez de comida.

Volviendo a la cumbre, se espera que esta semana se clarifique qué países asistirían. Estados Unidos ha dicho que espera que concurran al menos 27 países (de los 35 que, por ejemplo, componen la OEA).

Más allá de este evento, una pregunta que flotará en el aire en esta cumbre es ¿dónde quiere estar América Latina?

A partir de la guerra en Ucrania, el orden mundial conocido ha cambiado. Rusia, una autocracia manchada por gravísimos crímenes de guerra cometidos en una invasión injustificada a otro país, se encamina a una mayor represión interna: entrará en un repliegue.

El nuevo escenario será entonces de una bipolaridad imperfecta: de un lado Occidente (con rol destacado para Europa y menor para Estados Unidos); y del otro China, superpotencia de enormes intereses comerciales en América Latina.

¿Debiera preocuparnos, en América Latina, depender altamente de China… y que ésta no sea una democracia?

Paz Zárate