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book icon Domingo 8 de mayo de 2022

La investigadora del caso Berríos

Angélica Bulnes Angélica Bulnes

Quién es María Elena Santibáñez, la abogada a cargo de indagar la acusación de abuso sexual que se conoció esta semana en contra uno de los sacerdotes más influyentes de las últimas décadas.

Angélica Bulnes

“Yo trabajo en lo penal, en temas de abuso y una gracia que tengo, es que soy capaz de ser empática con la gente”, dijo María Elena Santibáñez en El Mercurio cuando se convirtió, en 2018, en la primera mujer en recibir el premio Abdón Cifuentes que reconoce a profesores de la UC por su aporte al desarrollo de Chile.

Su experiencia como abogada especializada en la persecución de delitos sexuales y contra la niñez explican que haya obtenido ese reconocimiento. También que esta semana los jesuitas le pidieran que lleve una investigación muy compleja para ellos y de alto impacto público por lo mediática de la figura en cuestión: el sacerdote Felipe Berríos, acusado por una mujer de hechos de connotación sexual mientras ella era menor de edad.

Los jesuitas le pidieran que lleve una investigación muy compleja para ellos y de alto impacto público por lo mediática de la figura en cuestión: el sacerdote Felipe Berríos.

Su nombramiento ha sido bien recibido en distintos sectores, empezando por la Fundación para la Confianza, que es la institución que ha orientado a la denunciante. Desde ahí han derivado casos a la parte penal de la Clínica Jurídica de la Universidad Católica, que Santibáñez dirige, la han visto trabajar y conocen su trayectoria.

Su larga experiencia tiene que ver con que empezó temprano. Entró al colegio a los cuatro años, en Arauco, a donde la llevaron a vivir sus padres notarios desde Concepción. A los 16 ya era estudiante de Derecho en la Universidad Católica, donde se sentía chica y sola.

El desencanto se le pasó cuando descubrió el derecho penal, el área del crimen y castigo, donde tradicionalmente no abundaban las mujeres, ni se ahondaba en el estudio de los delitos sexuales, que a fines de los 80, principio de los 90, no era una materia que se tratara con demasiados matices ni atención al contexto. Ahí ella descubrió un interés que luego perseguiría.

Pero lo más importante en su proceso de formación fueron las clases con Enrique Cury, que para ella fue más que un mentor. “Mis papás se separaron cuando yo era adolescente, y si bien siempre mantuve contacto con mi papá, perdí esa relación de cotidianeidad. Don Enrique fue como un segundo padre”, explica.

Tras egresar fue su ayudante, trabajó con él en la universidad y se fue como su abogada asistente cuando lo nombraron juez de la Corte Suprema en 1998. Todo eso implica que ella se formó con uno de los penalistas más brillantes que ha tenido el país.

Pertenece también a la generación a la que le tocó la implementación de la Reforma Procesal Penal desde el Ministerio Público, a donde llegó a trabajar con el fiscal nacional Guillermo Piedrabuena. Ahí ejerció de primera directora de la recién creada Unidad de Delitos Sexuales y Violentos, donde estuvo hasta 2008.

Desde entonces, ha visto una serie de casos de esos que forjan el carácter, como el de Lissette Villa, que a sus 11 años murió en un hogar bajo la supervisión del Sename; o el de un niño de cuatro años, violado y golpeado hasta morir por su padrastro en la comuna de San Bernardo.

Ha visto una serie de casos de esos que forjan el carácter, como el de Lissette Villa (...) o el de un niño de cuatro años, violado y golpeado hasta morir por su padrastro.

Hoy está instalada en la Universidad Católica, en la misma facultad en la que alguna vez se sintió como pollo en corral ajeno. Ahí ha podido conciliar la parte práctica y teórica del derecho, haciendo clases, dirigiendo el Departamento de Derecho Procesal, a la par con su rol en la Clínica Jurídica donde también lidera el área de Niñez que ha atendido a más de 300 menores víctimas de delitos violentos y/o sexuales. También es consejera del Observatorio Judicial.

En sus más de 20 años de trabajo, ha visto el cambio en la aproximación a los delitos sexuales. Cómo estos casos han adquirido más notoriedad, la manera en que han ido cayendo estereotipos y las diferencias en el respeto y resguardo de las víctimas. “Sin duda falta mucho, pero hay avances, la diferencia es del cielo a la tierra si comparas con lo que pasaba hace dos décadas”, afirma Santibáñez.

Destaca también que la sociedad ha comprendido que no hay espacios en que no se puedan cometer abusos, ni grupos que estén eximidos de tener autores de esta clase de crímenes. “No hay imposibles y eso significa que hay que escuchar atentamente a las personas y organizar los antecedentes”.

La Iglesia Católica es uno de esos sectores que alguna vez se asumieron inmunes al abuso sexual. En los últimos años, Chile y el mundo han visto lo extendidos que estaban y las formas en que se encubrieron. Para ella, abogada católica, ha sido doloroso y ha profundizado en las raíces de la crisis, ya que integró la Comisión para Análisis de la Iglesia que formó la UC para entender las estructura y lógicas en que se dieron y que tuvo duras conclusiones.

Para ella, abogada católica, ha sido doloroso y ha profundizado en las raíces de la crisis, ya que integró la Comisión para Análisis de la Iglesia que formó la UC.

Los protocolos que se han creado para enfrentar esta clase de denuncias explican que ahora esta abogada, como parte de sus actividades privadas, y sin representar a ninguna institución, esté a cargo de investigar la denuncia en contra de Felipe Berríos. De ese caso, por ahora, ella no habla. Lo hará a través de un informe en un plazo máximo de 90 días cuando termine de recoger antecedentes, tenga la declaración de la denunciante, del denunciado y todo lo que considere relevante para determinar si la acusación es verosímil.

Dado que la mujer afectada era menor de edad cuando ocurrieron los hechos, ese documento irá a la Congregación para la Doctrina de la Fe, órgano vaticano que tendrá que determinar, entonces, si se abre un juicio canónico.

Si habrá una investigación en el Poder Judicial o no, corre por una vía paralela y depende de la voluntad de la denunciante de presentar su caso en tribunales.

Angélica Bulnes