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book icon Domingo 27 de marzo de 2022

La política de las pechugas

Angélica Bulnes Angélica Bulnes
Fotografía obtenida desde el Instagram de la ministra del Interior, Izkia Siches (@izkias).

La foto que subió la ministra del Interior sacándose leche en La Moneda y que tituló “Soy una vaquita lechera” ha generado, hasta ahora, likes y críticas. ¿Es la reinvención de la lactancia en el espacio público?

Angélica Bulnes

Esta es una de esas noticias que se ven en Twitter, circulan por WhatsApp y alimentan conversaciones. Me refiero a la foto que subió a Instagram la ministra del Interior, Izkia Siches, en su primer lunes en La Moneda, sacándose leche en su nueva y amplia oficina. “Soy una vaquita lechera”, escribió junto a la imagen.

Era un hecho comunicacional que no fue recogido en los medios tradicionales ni en los alternativos. No porque la imagen les pareciera muy natural. Al contrario. En el periodismo local, más allá de las líneas editoriales, seguimos siendo muy pudorosos con respecto a la vida privada de las autoridades. Irina Karamanos, por ejemplo, solo se hizo visible ya bien avanzada la campaña, cuando ella quiso, o el actual presidente le pidió, un papel más protagónico. Antes que eso, nadie le preguntaba públicamente a Gabriel Boric si tenía pareja, aun cuando el tiempo demostró que al público sí le importaba quién sería primera dama. Tampoco se menciona que el ministro secretario general de la Presidencia, Giorgio Jackson, es pareja de la constituyente Constanza Schönhaut, lo que los convierte en una de las duplas más influyentes hoy.

Sobre la imagen de la jefa del gabinete, la única nota que vi fue una de Rocío Montes, en el diario El País… de España: “La ministra chilena Izkia Siches pone la lactancia materna en la agenda de La Moneda”.

Quienes siguen a @izkias en Instagram (566 mil cuentas) saben que no es una foto aislada. Desde que se quedó embarazada, Siches ha ido mostrando de manera bien desinhibida el parto, lactancia, postnatal y vuelta al trabajo. A sus casi 11 meses #babyKhala es un fenómeno de las redes sociales y la activista más joven del país.

Si alguien pensaba que la ex presidenta del Colegio Médico dejaría de hacerlo como ministra, se equivocó. Siches la amamantó en público en el acto en La Pintana del 12 de marzo, se sacó fotos trabajando con su hija en La Moneda y la llevó al viaje a la Araucanía (pero no a Ercilla). Su actitud ha generado likes y críticas: “Una nueva generación de mujeres parecen creer que son las primeras en trabajar o tener funciones públicas y amamantar o cuidar hijos. Igual que ellas hacíamos la pega, con mamás y ayudas, como seguramente lo hizo su madre, pero no andábamos cacareando. Era normal no más”, tuiteó Mariana Aylwin.

“No entienden, esta es otra generación, es otro estilo”. Se repite el argumento, pero es equivocado. Esta no es causa exclusiva de esta generación ni todas tienen el mismo estilo. La ministra vocera, Camila Vallejo, por ejemplo, misma edad, mismo gobierno, misma agenda feminista, ha sido más reservada sobre su maternidad. Tuvo a su hija en 2013, pero solo en los últimos meses ha comenzado a mostrarla más en redes y actividades públicas (¿efecto Izkia?). Quizás porque las veces que la llevó al Congreso generó controversia, como cuando Jorge Schaulsohn la acusó de elitista por participar en una sesión con la niña. No fue la primera en todo caso: en 2002, Carolina Tohá hizo época llegando a la Cámara de Diputados -así se llamaba entonces- con su hija recién nacida. Lo mismo Karla Rubilar en 2009. Y no olvidemos a la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, en la Asamblea General de la ONU con Neve, de tres meses, a cuestas.

Porque aprendemos poca historia, porque la historia de las mujeres no ha sido considerada digna de contarse y porque se asume que la maternidad es algo instintivo, que no se enseña, es cierto que cada generación vive la maternidad como si fuera la primera. De paso también la reinventa. Pero mostrar o dejar de mostrar la lactancia, la pechuga si se quiere, ha tenido muchas veces una dimensión política.

Por décadas fue necesario esconderla para hacerse un espacio en el mundo laboral y político. Me acuerdo de una académica británica, hoy de sesenta y algo años, que decía que al revisar las fechas de su larga y destacada lista de publicaciones, nadie podría descubrir en qué momento había tenido a sus dos hijos. Para ella era motivo de orgullo que su maternidad no se notara en su trabajo, que no le hubiera impedido producir tanto o más que sus pares hombres. A qué costo, no lo explicó.

La generación anterior a la que ahora asume el poder empezó a traer de vuelta en el espacio público la lactancia y crianza. Quizás no sabían que visibilizar la maternidad es parte importante de la agenda feminista, porque rompe el modelo de la mujer guardada en el hogar criando. Simplemente querían poder existir fuera de sus casas con sus hijos recién nacidos, poder amamantar en un espacio público sin que nadie las mirara con cara de horror y sobre todo un posnatal de seis meses, para lo que hubo que vencer el discurso de empresarios y sectores políticos que decían que la economía se hundiría si se extendía esta licencia. Seguramente pensaban que era mucho más productivo que las mujeres se cortaran la leche a las 12 semanas del parto o se la sacaran en unos baños u oficinas bastante más incómodos que la oficina de la ministra.

Pero esta conversación no se trata de quién sufrió más o se quejó menos, sino de cómo se van superponiendo discursos. Hoy las mujeres están pidiendo ayuda para conciliar mejor familia y trabajo. De ahí la agenda del gobierno de avanzar en un sistema nacional de cuidados.

La historia, dice el presidente Boric, no parte con esta generación y eso incluye la de la lactancia. Lo que sí es cierto es que nunca habíamos tenido a una autoridad tan alta que se expusiera de manera tan personal por la causa. Si eso es bueno o no, y qué efectos tendrá ante la ciudadanía y en las políticas públicas, se los dejo puesto a ustedes en la mesa para que lo discutan en el almuerzo del fin de semana.

Angélica Bulnes