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book icon Domingo 28 de agosto de 2022

La Primera Ministra que con un baile desafió las barreras de la vida privada

Pilar Rodríguez Pilar Rodríguez

Sanna Marin, la gobernante más joven del mundo, debió salir dos veces a defenderse esta semana. ¿Motivo? Un baile animado, risas y celebración. Un video como miles que circulan en las redes sociales, salvo que esta vez la protagonista es ella, la Primera Ministra de Finlandia. Desafiante y pragmática, lucha por romper estereotipos y solo pide que la dejen respirar un poco de alegría.

Pilar Rodríguez

En una sesión fotográfica, le indicaron sentarse como una dama, de medio lado y con los pies juntos. Ella desafió la instrucción y posó de frente, separando levemente sus rodillas. “Es lo que pedirías si fuera un hombre”, protestó sonriendo. Hasta en los más mínimos detalles, la flamante Primera Ministra finlandesa, Sanna Marin, lucha contra los estereotipos que la persiguen por ser joven y mujer. No quiere que los periodistas vuelvan a preguntarle si antes de venir a la convención de su partido “hizo la limpieza de la casa”.

Y ahí está, dando explicaciones frente a los micrófonos -entre lágrimas de impotencia- para insistir en que no ha cometido ningún delito al bailar con amigos en una celebración privada. “Soy un ser humano. A veces también aspiro a la alegría, la luz y el placer en medio de estas nubes oscuras”, dijo Marin. Fiel a su estilo, franco y directo, sí reconoció que fue un error difundir en redes sociales la foto de dos influencers amigas suyas, en el baño de la casa de gobierno, semidesnudas y besándose.

La máxima autoridad finlandesa pertenece a otra generación, qué duda cabe. Ecologista socialdemócrata, de centro izquierda, feminista, deportista y vegetariana, no tiene complejos en mostrarse tal cual es. Sube fotos a su cuenta de Instagram con su hija Emma de 4 años o de su reciente matrimonio con Markus, su pareja de años y padre de la niña, ex futbolista y profesional de las comunicaciones. 

Desafía permanentemente a la crítica ácida y muchas veces anónima en redes sociales. Algunos adversarios políticos la tildaron de “incompetente para el cargo”, extrapolando del video de su baile, un fenómeno viral. Lo menos que dijeron es que debía estar borracha, porque claro, una líder de esa envergadura no podía divertirse de ese modo. Está fuera de los moldes. Y fueron más allá: la forzaron a demostrar con un test de drogas que no consume estupefacientes. 

Pero el costo que paga Sanna no es algo inusual. Es un fenómeno que está estudiado: a las mujeres políticas las agreden e insultan mucho más que a sus pares hombres. Y de ahí, la reacción en cadena de mujeres de todo el mundo, que subieron fotos y videos bailando como ella. Una suerte de #MeToo 2.0.

Sanna Marin ha sido una adelantada: mucho antes de que Finlandia reconociera el matrimonio homosexual, creció en una “familia arcoíris”, como describe, con una madre lesbiana y su pareja, un padre ausente, al que solo vio una vez desde que se separaron. Fue la primera en su familia con un título universitario, en Administración Pública; desafió la falta de recursos, compaginando estudios con un trabajo de cajera y camarera. Una experiencia que marcó su vocación política con un claro leit motiv: que todos tengan las mismas oportunidades, sin importar su origen o condición.

Y hablando de récords, en 2019 se convirtió en la autoridad de gobierno más joven del mundo, con 34 años, y la tercera primer ministro mujer de Finlandia. Algunos la ven como una suerte de “rockstar cool” que puede vestir formalmente con el pelo tomado en un día laboral, o aparecer con chaqueta de cuero y jeans cortos en un festival de música. 

Y quizás le guste lo de provocar a sus electores. 

A fines del 2021 desató un escándalo, cuando posó para la revista Trendi en su país, con una chaqueta negra de generoso escote, y sin sostén. Le llovieron las críticas y los insultos de los más conservadores que, probablemente, respondieron a otro sesgo profusamente estudiado también: las mujeres en cargos públicos que visten de un modo no convencional, como este caso, se les identifica con un perfil menos honesto, menos confiable y menos competente. 

Pero no hemos dicho nada aún sobre su liderazgo. Medallas de reconocimiento abundan: Forbes la situó en el número 85 entre las 100 mujeres más influyentes del mundo en 2020 y, el mismo año, la revista Time le dedicó la portada entre los 100 personajes del año. No solo eso, fue destacada como líder juvenil en el conspicuo foro económico de Davos.

Sanna Marin tiene cuenta corriente a su favor con el manejo de la pandemia. Finlandia, un país con apenas cinco millones y medio de habitantes y una sociedad de bienestar, encabeza la lista mundial con menos contagios y muertes por Coronavirus. La estrategia de la Primer Ministro fue aliarse con los influencers de las redes sociales, para llegar con el mensaje a quienes no siguen medios tradicionales. Estrategia millenial, dirían algunos.

Esta joven que se sumergió en el mundo de la política a los 20 años, no se achica frente a sus contendores. En una reunión del Consejo Europeo, encaró a su par español, Pedro Sánchez, cuando pedía millonarias ayudas económicas. Marin lo interpeló con firmeza:  "¿Y tú qué has hecho? Nosotros nos hemos esforzado. Ahora es tu turno". 

Y qué decir de su cruzada por sumarse a la OTAN, desafiando abiertamente a Rusia, su vecino en una larga frontera. Sin pelos en la lengua, le ha dicho públicamente a Putin que no teme a sus amenazas y ha enarbolado las críticas punzantes por su intervención en Ucrania. Una mujer de armas tomar, más inclinada a los acuerdos y el diálogo, que a los enfrentamientos radicales.

Su homóloga en Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, solidarizó con Marin, acusando que existe un “sexismo de doble estándar” en el juicio público. Y esto que sigue es de mi cosecha. Nadie hace escándalo con las fotos de un Vladimir Putin a torso desnudo o del Primer Ministro australiano empinando una cerveza ante el furor de una multitud en un recital. 

¿Tendrá que caminar ahora con pies de plomo la Primera Ministra finlandesa para mantenerse en el cargo? ¿O seguirá desafiando los estereotipos culturales, que hasta ahora le han redituado una alta popularidad? Eso está por verse.

Pilar Rodríguez