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book icon Domingo 11 de septiembre de 2022

La reina en cuatro capítulos (de Netflix)

Angélica Bulnes Angélica Bulnes

El impacto generalizado que se produjo más allá de las fronteras del Reino Unido con la muerte de la Reina Isabel II, no sería igual sin la serie The Crown. La monarca fue una presencia permanente y una figura global desde lo que parece siempre. Apareció en novelas, pinturas, estampillas, canciones y libros, pero para quienes no somos súbditos de la corona británica y sí esclavos de Netflix, nuestra mejor comprensión a su, a la vez, expuesta y hermética figura, y a su implacable sentido del deber, está dada por la exitosa serie que ya ha estrenado cuatro temporadas. Una ficción que las audiencias tratamos como si fuera un documental de la vida real.

Angélica Bulnes

Se ha especulado mucho sobre si la Reina veía The Crown, si le gustó o no, y se ha criticado profusamente la fidelidad de la serie, o más bien, la falta de ella, pero cuando le preguntaron al príncipe Harry, al que dada su categoría de oveja negra familiar es al único que se le pueden sacar respuestas fuera de protocolo, explicó que “no se ajusta del todo a la realidad. Pero permite hacerse cierta idea de ese estilo de vida, de la presión de poner el deber por encima de la familia, de todo lo demás y de lo que puede provocar eso”.

Si él lo dice, por algo será.

En la serie están retratados algunos de los episodios claves de la vida de la Reina que, desde que llegó al trono en 1952, alcanzó a nombrar 15 primeros y primeras ministras, la última esta misma semana.

La temporada inicial muestra cómo la joven recién casada se convirtió décadas antes de lo esperado en la líder de la Corona británica y también la relación que forjó con su admirado primer ministro Winston Churchill. En el segundo capítulo se ve, por ejemplo, cuando Isabel, todavía Isabel, y su marido Felipe se van de viaje a África y disfrutan los que no saben que serán sus últimos días de libertad, alejados del estricto protocolo habitual. Días que duran poco, porque su padre, el rey Jorge VI, muere, y ella se convierte en una joven e inexperta monarca. También se ve un lado más oscuro de la realeza, y las cosas que se permitían, como tratar de “salvajes” a la gente de otros países.



En la segunda temporada ya es una reina mucho más empoderada, pero que aún así, no puede no resistir el impacto que le produce la visita de la rutilante pareja que conforman John y Jackie Kennedy al Palacio de Buckingham en el verano de 1961. La serie destaca el contraste entre los jóvenes, chic y deslenguados estadounidenses, y la rigidez de la protocolar monarquía.

La reina, acostumbrada a pura reverencia, se siente empequeñecida por el brillo de Jackie y el encandilamiento que produce sobre su entorno, especialmente en su marido, más aún cuando la primera dama habla mal de ella frente a otros. Pero, la Reina, que rara vez sale mal parada en la serie, se encarga de demostrar que no todo lo que brilla es oro y que tiene bien puesta la corona.

Uno de los episodios en que sí se hace un retrato más duro de Isabel II, es en el de la tragedia de Aberfan, en la tercera temporada. El 21 de octubre de 1966, en cosa de segundos, 144 personas de un pequeño pueblo de Gales fueron aplastadas por una avalancha procedente de una mina de carbón. De ellas, 116 eran niños. Es uno de los hechos más tristes de la historia británica, al punto que más de medio siglo después de ocurrido, recrearlo fue extremadamente difícil para la producción.

Cuando la catástrofe ocurrió, tanto el primer ministro, Harold Wilson, como varios integrantes de la familia real, incluido el príncipe Felipe, corrieron a ofrecer consuelo. No así la Reina, que se demoró ocho días en ir a visitar a las familias afectadas. Cuatro décadas después, ella confesó que no ir de inmediato a Aberfan era el error que más lamentaba.

Si esos fueron momentos oscuros, algunos de los más felices de su vida los pasó en su Castillo de Balmoral, en Escocia, donde murió el jueves. Era el lugar de sus vacaciones familiares y en el que se podía dedicar a sus ocupaciones favoritas: la caza, pesca, los caballos y los picnics.

La cuarta temporada lo describe, y también muestra como la familia real, no sin cierto sadismo, sometía a personajes ajenos a ella a la “prueba de Balmoral”, por la que, por cierto, tuvieron que pasar Diana de Gales y Margaret Thatcher.

La primera ministra, quien gobernó entre el 1979 y 1990, llegó por primera vez invitada al castillo, y junto a su marido, Denis, hizo su mejor esfuerzo para encajar en las extrañas dinámicas familiares de la realeza, en un mundo de herederos y terratenientes que a la citadina Thatcher, criada en el discurso del rigor y el esfuerzo individual, no le gustaba ni comprendía.

La serie deja ver que ese fin de semana estuvo lleno de situaciones incómodas; por ejemplo, la primera ministra y su marido llegan a comer antes de tiempo y vestidos de etiqueta, mientras la familia real está tomando té en tenida de campo. Distinto es cuando le llega el turno a una muy joven Diana de ir a presentarse al Castillo, ocasión en que los deja a todos encantados con su espontaneidad… menos al que realmente quería fascinar.

Hay muchos más episodios memorables en la serie: el príncipe Felipe preguntándole a su esposa cuál es su hijo favorito; la noche en que un hombre desesperado logra colarse en la pieza de la Reina; la inesperada amistad que forjó con el primer ministro Harold Wilson, pese a los mutuos prejuicios que los separaban; o el capítulo que explora los vínculos de su tío Eduardo -el rey frustrado que abdicó para casarse con Wallis Simpson- con el nazismo.

El hecho que no está contado, por ahora, es la muerte de Diana en un accidente en París en 1997, momento en que la actitud de la Reina fue ampliamente criticada y comparada con la frialdad que mostró para el desastre de Aberfan. Eso es parte de lo que se supone que viene en la quinta temporada que se estrena en noviembre.

Los que no quieren esperar hasta ese mes, pueden buscar la película La reina, dirigida por Stephen Frears y protagonizada por Helen Mirren. Ahí se ve el conflicto entre un recién llegado y joven primer ministro Tony Blair. La película, excelente por lo demás, se estrenó en 2006 y fue la primera que se atrevió a meterse en la vida de la familia real, un tema hasta entonces tabú para los realizadores británicos.

Es posible que ahora que Isabel II ha muerto, aparezcan muchas otras producciones cinematográficas y que se tomen más licencias. Dios salve a la Reina de ellas.

Angélica Bulnes