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book icon Domingo 22 de mayo de 2022

Las características y riesgos de la era de lo impresentable

Angélica Bulnes Angélica Bulnes

En Chile y varios otros países, el juicio público, en particular el político, incorporó una dimensión moral, representada en el término “impresentable”, tan en boga por estos días en el país. He aquí sus usos, sus limitaciones, sus significados y sus posibles riesgos.

Angélica Bulnes

Les recomiendo que antes de leer esta columna hagan el siguiente ejercicio: entrar a Twitter, tipear en el buscador del sitio “impresentable” y ver qué aparece. Yo lo hago todos los días, porque es la manera más rápida de saber cuál es el escándalo de turno y el motivo de odio colectivo.

Esta semana empezó con la ministra de Desarrollo Social, Jeanette Vega, adjudicándose los impresentables, luego de que dijera en Tolerancia Cero que en Chile hay presos políticos y saliera a retractarse después.

“Es completamente impresentable que una autoridad de Gobierno, en una democracia, afirme que existen presos políticos. Implica cuestionar gravemente la ley y la institucionalidad, que el propio gobierno, más que nadie, está llamado a respetar y representar”, dijo el excandidato presidencial del Partido Radical, Carlos Maldonado.

Con las horas, otros fueron tomando la posta. “El mismo gobierno que se comprometió con la desmilitarización de La Araucanía, repone el estado de excepción en Wallmapu. Impresentable”, tuiteo la constituyente Alondra Carrillo.

Más o menos al mismo tiempo, el diputado republicano Luis Fernando Sánchez anunciaba un oficio para que el ministro Segpres, Giorgio Jackson, informe del “uso de 500 millones de pesos en viaje de vacaciones de los convencionales a Antofagasta. Es impresentable y debe aclararse ese despilfarro”.

Otros postulaban, en cambio, que los impresentables eran los convencionales que se restaron de ir a esa ciudad.

Fueron impresentables un día (o varios) de esta semana también las actrices que apoyaron a Nicolás López, los cortes en el Metro, la ausencia de banderas chilenas en la ceremonia de entrega del borrador de constitución, el INDH porque decidió que no presentará querella por delito de lesa humanidad durante el Estallido Social. Eso sin contar los muchos otros ejemplos que podría citar en países como Argentina o España, donde el término también prolifera.

La palabra tiene dos acepciones en el diccionario. Una es “que no se puede presentar en público por su aspecto” y la segunda que se refiera a algo o alguien “de escasa calidad moral o intelectual”.

Impresentable, impresentable, impresentable. La palabra tiene dos acepciones en el diccionario. Una es “que no se puede presentar en público por su aspecto” y la segunda que se refiera a algo o alguien “de escasa calidad moral o intelectual”. Su uso no es nuevo, tal como demuestra, con ejemplos del pasado, el director de la Academia Chilena de la Lengua, Guillermo Soto, que obviamente se entusiasma rápido con este tipo de preguntas.

Sin embargo, él también ha detectado que su uso se ha vuelto recurrente y explica que tiene que ver con el segundo significado de la palabra: “Se trata de juicios de reproche ético; y entrando a especular, lo interesante es el amplio uso de este juicio moral en el campo político, que concuerda con la idea, bastante extendida, de que venimos viviendo, desde hace un tiempo, un periodo de gran moralización de lo político”. El término no apunta a hacer un juicio ni técnico ni afectivo sobre algo, sino que uno “derechamente moral”.

El asunto está ligado a lo que se conoce como la indignación moral, un tipo especial de rabia que tiene mucha más categoría que la ira a secas. Porque no está bien andar odiando, así como así por la vida, pero estar ofendido por las faltas éticas de los demás es distinto. No solo te distancia de la corrupción ajena, sino que puede contribuir a denunciar la injusticia. Adicionalmente, trae muchos likes en las redes sociales, por lo que esta clase de furia exaltada se ha extendido de la mano de ellas.

A Ignacio Álvarez, doctor en Literatura y académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, conocido en Twitter como @espelunco (el mismo que inventó el tuit “Irina. ¿Qué?”, el cual se viralizó previo al cambio de mando) es otro que se entretiene pensando en usos y significados de palabras como ésta: “Hay una cuestión ética y estética en la expresión impresentable. Es feo y malo. Eso implicaría cierto consenso estético, que obviamente no existe, pero es lo que quiere implicar el hablante, me parece, cuando la usa”.

De tanto invocar la palabra y repetirla, el gesto parece cada vez menos valiente y más un facilismo. Porque no obliga a explicar nada.

De tanto invocar la palabra y repetirla, el gesto parece cada vez menos valiente y más un facilismo. Porque no obliga a explicar nada. Tal como dice Álvarez, implica que algo es “feo y malo” y, con eso, el caso queda cerrado. Para qué argumentar más.

Eso, agrega él, encierra una trampa: “Agregar la dimensión ‘estética’ a esa discusión es, en la práctica, un abrazo del oso. Porque lo que estoy diciendo es que es obvio que eso que llamamos ‘impresentable’ efectivamente lo es. ‘¿Cómo es que no lo ves?’ Preguntar ‘por qué’ es retóricamente inviable, o te deja en la posición del ignorante. Por eso es tan valiosa la gente que se atreve a discrepar de las impresentancias o la que pregunta por qué sería impresentable algo”.

En los últimos años, hemos transitado desde una época en que la mayoría de las situaciones se daban por presentables a una en que todas (todos, todes, etc.) son demasiado impresentables.

Pero en tiempos inciertos, de convicciones flexibles, identidades que entran en conflicto, noticias falsas, en las que poco se puede dar por sentado, sobre todo en los meses que vienen, que prometen ser intensos y discutidos, tal vez sería prudente no apurarse ni ser tan tajante en los juicios.

No vaya a ser que los impresentables de hoy se conviertan en los presentables de mañana. Lo digo porque he visto uno que otro caso de ese fenómeno en el último tiempo.

Angélica Bulnes