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book icon Domingo 19 de junio de 2022

Las causas y azares del regreso de Bachelet

Paz Zárate Paz Zárate

La Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, anunció que no buscará un segundo período en su cargo. A partir de eso, tanto la prensa nacional como la internacional especularon sobre las causas de la decisión. La ocasión es propicia para analizar la misma a la luz de estándares desapasionados, como por ejemplo, la historia de la misma organización que ella ha dirigido.

Paz Zárate

Parece difícil abordar a Bachelet con ojos fríos. Ella es aún demasiado influyente en Chile, su país de origen, que atraviesa un momento definitorio de su historia. Por otro lado, a nivel internacional, ella es una figura reconocible y, al mismo tiempo, desconocida.

A diferencia de Chile, donde una buena parte de la población la recuerda con afecto, en estos cuatro años al mando de esta oficina internacional, Bachelet no mostró mayormente su carisma y se mantuvo hermética: casi no dio entrevistas que dieran luces acerca de su vida en Ginebra o de su posición personal sobre aspectos complejos del cargo.

Ciertamente, un repaso a la historia de la oficina de derechos humanos de Naciones Unidas permitía desde un inicio adelantar que este rol resultaría bastante más complejo y polémico para Bachelet que la dirección de ONU Mujeres.

Un repaso a la historia de la oficina de derechos humanos de Naciones Unidas permitía desde un inicio adelantar que este rol resultaría bastante más complejo y polémico para Bachelet que la dirección de ONU Mujeres.

El trabajo de la Oficina del Alto Comisariato para los Derechos Humanos, principal entidad de la ONU en la materia, es de hecho tan desgastante, que la mayoría de los predecesores de Bachelet, al concluir el período para el cual se los designó originalmente, no intentaron postularse para un segundo tiempo.

Fuera de que la sustancia de las materias a las cuales la oficina se aboca, es espinuda y dolorosa, el suyo es un rol expuesto a críticas feroces y que fácilmente granjea enemigos a quienes lo detentan. Incluso uno de los antecesores de Bachelet fue asesinado (el brasileño Sérgio Vieira de Mello).

No se trata en absoluto entonces de un cargo cómodo o proclive al lucimiento personal. Por lo mismo, nadie ha saltado de ahí a la Secretaría General de Naciones Unidas: no es realmente un trampolín para otras cosas. Y Bachelet conocía perfectamente la naturaleza del trabajo: un cargo donde se va a servir en viajes constantes a zonas complejas, sin esperanza de caerle demasiado bien a nadie, y más aún en un ambiente como el actual, donde la polarización alcanza a las potencias, trenzadas hoy en desacuerdos profundos a raíz del conflicto en Ucrania, tensionando de forma más intensa que antes la estructura multilateral.

Bachelet conocía perfectamente la naturaleza del trabajo: un cargo donde se va a servir en viajes constantes a zonas complejas, sin esperanza de caerle demasiado bien a nadie, y más aún en un ambiente como el actual, donde la polarización alcanza a las potencias.

¿Fue bueno el desempeño de Bachelet en el mismo?

Lo primero que hay que decir, es que a ella se la designó en el cargo por su compromiso personal e indudable con la causa de los derechos humanos -y particularmente la igualdad de género- a la luz de su historia personal y sus labores como jefa de Estado, amén de su conocimiento de la estructura de la ONU y sus habilidades blandas.

Todo esto ha sido útil en el contacto con los distintos países, y en la misión de representación del compromiso del sistema de Naciones Unidas para la promoción y protección del conjunto de derechos y libertades establecidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Derechos Humanos ciertamente es un campo donde la ONU sigue teniendo influencia en el concierto internacional.

También habría que agregar que tal vez es un poco pronto para juzgar la performance de Bachelet, pues aún le queda un par de meses de trabajo, los que seguramente aprovechará para finalizar pendientes, como el lanzamiento del esperado informe sobre las violaciones a los derechos humanos de los uigures por parte del gobierno chino.

Más allá de las serias dificultades que hubo para gestar su visita a este país y de cómo China intentó presentarla al mundo, reportes cómo éstos dependen de un trabajo hecho en terreno por numerosos equipos técnicos que estudian la evidencia de manera prolongada, y de acuerdo a procedimientos uniformes de trabajo: son estos métodos, usados por los cientos de especialistas que trabajan en esta institución, los que garantizan la seriedad del trabajo de la oficina cuando estos reportes se emiten.

No hay que olvidar que además de los equipos técnicos que se envían a los países como avanzada, la institución cuenta con oficinas permanentes en lugares como México, Colombia, Guatemala, Guinea, Honduras, Burkina Faso, Camboya, Chad, Liberia, Mauritania, Níger, Palestina, Siria, Sudán, Túnez, Uganda, Yemen y, por supuesto, Ucrania.

El rol que corresponde a la cabeza de la organización es, entonces, mayormente de vocería de esos reportes realizados por especialistas: no de investigación directa. Ahora, en el caso de China y su tratamiento de la minoría uigur, el reporte de los expertos de la oficina estaba casi listo antes del viaje a Bachelet a ese país; y luego de la misma debe estar siendo finiquitado en sus detalles. Corresponde esperar a leerlo, antes de decidir si la institución hizo un buen trabajo en este caso específico.

Haciendo entonces la salvaguarda para el tema de China, y sabiendo que queda aún un poco de trabajo por delante y que la oficina es bastante más que su cara visible, ¿qué más podemos ver del desempeño de la Alta Comisionada?

Bachelet es, ciertamente, una líder identificada con la izquierda. Y es normal preguntarse si ella hizo lo que se esperaba en situaciones donde alguien pudo haber esperado parcialidad, por ejemplo, respecto de regímenes dictatoriales en América Latina. Y la respuesta a esa pregunta es que sí. Bachelet hizo lo que se esperaba de ella.

Respecto de Venezuela, en 2019, emitió un informe que la prensa tildó de lapidario, acusando en él al régimen chavista de graves violaciones de los derechos civiles, políticos, sociales y económicos de los venezolanos, además de violencia y abusos de las fuerzas de seguridad.El gobierno de Maduro reaccionó con furia ante el mismo y presentó nada menos que 70 observaciones al documento.

En cuanto a Cuba, Bachelet tampoco ha guardado silencio. Ha pedido la liberación de los manifestantes arrestados en las masivas protestas que vienen ocurriendo en la isla y que son consideradas las más importantes desde la llegada al poder de los hermanos Castro en 1959.

Y esta misma semana en que anuncia su alejamiento de su cargo, Bachelet ha denunciado el persistente deterioro de los derechos humanos en Nicaragua, y en su denuncia evalúa de manera completa el estado de las libertades más esenciales en ese país.

Michelle Bachelet se retira de la arena internacional después de años de intenso servicio. La distancia, y el tiempo, ayudarán al juicio objetivo que se haga de su labor; pero por lo pronto, en casa, merece el reconocimiento propio de quienes guiaron sus vidas por un gran sentido del deber, y el servicio a su país y a la comunidad internacional.

Paz Zárate