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book icon Domingo 16 de octubre de 2022

Las claves de la inmigración en Chile

Paula Comandari Paula Comandari

Esta semana se conocieron las cifras de extranjeros que viven en Chile: son 1 millón 482 mil 390 personas, y la mayor parte de ellos es venezolano y peruano. Qué hay detrás de estos datos. Se los contamos aquí.

Paula Comandari

Solo 22 mil 200 extranjeros ingresaron a Chile en 2021, según las últimas cifras entregadas por el INE y el Servicio Nacional de Migraciones, lo que demuestra que el factor pandemia generó efectos concretos.

Vamos a los datos: el crecimiento del flujo migratorio fue muy relevante entre 2016 y 2019: aumentó de 450 mil a 1 millón 450 mil. Luego la situación comenzó a cambiar y el interés por ingresar fue bajando con el estallido social y la crisis que se extendió en el país.

Después llegó el Covid y hubo un freno al turismo laboral, compuesto por las personas que llegaban a Chile como turistas, pero se quedaban a trabajar. “Por ejemplo, en 2017, con los vuelos Law, que después se suspendieron, ingresaron 130 mil ciudadanos haitianos”, dice Álvaro Bellolio, ex cabeza de Extranjería durante la administración Piñera.

De hecho, entre 2019 y 2021, según las cifras oficiales, sólo 50 mil extranjeros aterrizaron aquí. Bajo estos supuestos, los gráficos entregados por la autoridad muestran un casi nulo crecimiento del nivel de inmigración en las distintas regiones del país. En zonas como Iquique, por ejemplo, solo habrían desembarcado 5 mil personas en el último año, lo que no se condice con la realidad de lo que estaría sucediendo allí. ¿Hay distorsiones?

Varios dicen que sí. Por ejemplo, Rodrigo Sandoval, el ex director de Extranjería y hoy profesor en la Universidad de Chile y la de Santiago. “Las cifras no necesariamente se condicen con la realidad”, dice.

Detrás de los números oficiales se esconde la inmigración ilegal y quienes ingresan por puntos no autorizados, que es una cifra no menor. Según datos de la PDI, el 2021 ingresaron de manera clandestina 56 mil personas, que se quedaron en el norte o se desplazaron al sector poniente de la Región Metropolitana, generando conflictos sociales importantes en estas áreas, cuyos servicios básicos se han visto superados por una población que crece de manera desmedida.

De hecho, hasta agosto de este año, las cifras de ingresos ilegales se empinan a los 38 mil. Es un escenario que en el gobierno miran con atención y por lo mismo es una materia que pretenden incluir en los nuevos informes. “Efectivamente, esta estimación no incluye a las personas que ingresaron por pasos no habilitados, los que aumentaron por el cierre de las fronteras. Los equipos están trabajando para poder hacerlo en el futuro”, afirma Luis Eduardo Thayer, director del Servicio Nacional de Migraciones.

Según varios de los expertos, un tema que se ha vuelto crucial y estratégico a analizar es la distribución por comuna, que aparece muy desigual respecto de la población total en cada una de ellas. Por ejemplo, un 20% de quienes viven en Iquique son extranjeros, y un 39% en Independencia. Esa realidad es muy distinta a la que viven las comunas en el sur, donde el porcentaje de foráneos es bastante menor.

“El tema es muy dispar. La cohesión entre chilenos y extranjeros es mucho mejor cuando la relación con su población total no es tan importante: si tienes menos de 10% de extranjeros en tu comuna hay buena convivencia, pero si es la mitad, se vuelve mucho más difícil”, dice Bellolio.

Por eso, en las zonas más colapsadas la vinculación se hace más compleja, porque además no compiten en igualdad de condiciones con los locales, y eso genera tensiones y en la mayoría de los casos la relación se vuelve poco sana. Un caso que refleja esta realidad es Alto Hospicio, donde el nivel de extranjeros es altísimo respecto de la pequeña población local que vive allí. Según el censo 2017, Alto Hospicio tenía 108 mil habitantes, y solo con los campamentos han sumado 25 mil personas en los últimos años. Eso genera conflictividad en el uso de los servicios básicos, lo que se ha vuelto un problema importante en esa zona.

Otro aspecto llamativo del último informe es la distribución de colonias por regiones: los extranjeros suelen no esparcirse por distintas zonas del país, sino que eligen lugares específicos donde instalarse. Por ejemplo, los peruanos se concentran en el norte; los colombianos, desde Antofagasta al sur; los haitianos se quedan en Coquimbo y Ñuble; los bolivianos muy al norte, en Tarapacá; y los venezolanos –la mayor población migrante existente en Chile- entre Atacama y Los Ríos.

Esta segmentación se explica por el clima, las oportunidades laborales y las redes que pueden encontrar quienes llegan a Chile por primera vez, un lugar que se ha vuelto cada vez más apetecido por los extranjeros y cuya regulación es uno de los grandes desafíos de la administración Boric.

Paula Comandari