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book icon Domingo 10 de abril de 2022

Las claves de la nueva polémica de Siches

Andrea Vial Andrea Vial

Entre los factores que se encadenaron y que terminaron con la ministra realizando una acusación falsa, hay uno más desconocido por la ciudadanía: su temperamento.

Andrea Vial

Izkia Siches, es joven, tiene 36 años, es espontánea, simpática y trabajadora. Es inteligente, estudió medicina y ejerció su profesión en el Hospital San Juan de Dios. Militó en las juventudes comunistas, pero fue elegida presidenta del Colegio Médico como independiente. Es carismática, impulsiva, feminista y empática.

Tiene amistades de todos los colores políticos, un marido ingeniero y una hija de un año de edad. Quería ser ministra de Salud, pero el Presidente Gabriel Boric le pidió encabezar el gabinete. Es valiente, deslenguada, irónica e impetuosa. Es sensible a la crítica, precipitada, querible y buena conversadora.

Es todo eso, según sus cercanos y cercanas. Pero, además, es la ministra del Interior y de Seguridad Pública.

Y como en un antiguo chiste en que un niño le dice a su madre que no lo despierte porque no quiere ir al colegio, y la mamá le responde: “hijo, tienes que levantarte, recuerda que eres el director de la escuela”, pareciera que, a ratos, a Siches se le olvida el cargo que ocupa.

El miércoles por la tarde, en una sesión en el Congreso, la ministra señaló en tono de anécdota lo que a todas luces era algo serio y delicado: un avión con venezolanos expulsados de Chile había vuelto al país con la misma gente a bordo. Una denuncia que incluía varios delitos; un relato que, para colmo, no era cierto.

“Hoy en la comisión de seguridad de la Cámara de Diputadas y Diputados, emití información incorrecta”, escribió por Twitter horas más tarde. “Por esto, en espíritu republicano, pido mis más sinceras disculpas a Rodrigo Delgado y su equipo”.

¿Qué la hizo equivocarse tanto, afectando su credibilidad, dañando la imagen del Gobierno y de paso logrando empañar el anuncio que horas más tarde haría el Presidente Boric para presentar su plan de reactivación económica?

Tres situaciones: su personalidad, una información errónea que nadie en su gabinete había chequeado, y la presión que sintió al enfrentarse a un grupo de parlamentarios en el tema migratorio.

De su temperamento no hay mucho que agregar. Basta verla y escucharla. Es obsesiva, muy espontánea e intensa. Ese cóctel, dicen sus colaboradores, es fatal cuando corresponde morderse la lengua.

El día que expuso la política migratoria en la Comisión de Seguridad de la Cámara Baja, la ministra venía de presentar ante el Senado la estrategia del Gobierno para enfrentar la violencia en el sur de Chile. Su equipo de asesores la había entrenado. Llevaban cuatro jornadas simulando un intenso interrogatorio sobre temas que no digamos les son muy cómodos. Y aun así llegó un momento de la audiencia en que la secretaria de Estado se salió de madre o, dicho de otra forma, Siches fue Siches.

La única explicación para tamaño desatino, es que la presión le jugó una pésima pasada. Eso en la forma, porque en el fondo, la jefa del gabinete pensaba que estaba contando un hecho que de verdad había ocurrido.

Según quienes asistieron a la reunión técnica del traspaso de su cartera, la directora subrogante del Servicio Nacional de Migrantes, Carmen Gloria Daneri, afirmó que en un vuelo a Venezuela y ante la imposibilidad de desembarcar a los expulsados, los ciudadanos extranjeros regresaron a Chile tal como partieron.

En La Moneda hubo un grupo que exigía una cabeza. Así se hace en política cuando se meten las patas, así se debe hacer ahora, decían. El Presidente Boric no estuvo dispuesto a entregar a su ministra y, entonces, los ojos se volcaron a Daneri. Pero el director del servicio, recién asumido, Luis Eduardo Thayer, dijo no. Quiero escucharla, advirtió. Y cuando Daneri reconoció que se había equivocado y lo puso por escrito en una nota a Izkia Siches, las cosas se apaciguaron.

La ministra del Interior sabe que fue más que inoportuna y que el episodio es grave. Pero hubo un trabajo previo que la ayudó a mitigar el aterrizaje, y que en esta ocasión le trajo rédito: el apoyo decidido del Partido Socialista a través de los senadores José Miguel Insulza y Álvaro Elizalde. No fue casual. Su primer anillo en Interior, un grupo de tres médicos, algunos con más carrete político que otros, entienden que ser independientes los debilita cuando caen las bombas muy cerca. Entonces, como ya conocen a su jefa, llevan un tiempo buscando alianzas con quienes saben de Estado. Eligieron al PS y no al Partido Comunista, pero la razón de esa opción vendrá en otra columna.

Pero si en algo tiene que cooperar esa alianza, no es en enseñar al equipo de la jefa de la cartera del Interior, los pasos de un chequeo de la información. Donde deben ayudar es en transmitir los códigos mínimos de cómo se ejerce el poder. Y eso tiene que ver con practicar la mesura, la reflexión y la templanza, algo que escasea en el diccionario de la ministra Siches.

Andrea Vial