Click acá para ir directamente al contenido

book icon Domingo 5 de junio de 2022

Las insólitas causas de los hospitales fantasmas

Andrea Vial Andrea Vial

Son especies de elefantes blancos instalados en distintas comunas del país, algunas de las más alejadas y pobres, y que llevan años sin ser habilitados para su funcionamiento.

Andrea Vial

El Presidente Gabriel Boric en su cuenta pública hizo referencia a ese Chile que se quedó atrás, al que no le llegaron los logros de las últimas décadas y que consolidó -según resaltó- un país fragmentado social, cultural y territorialmente.

Y a continuación, el Mandatario contó una historia, la del Colegio Insular Isla Robinson Crusoe, que funciona en un recinto de emergencia desde el tsunami del 2010. “Les habían dicho que sería transitorio”, señaló el Jefe de Estado en su discurso. “Pero el año pasado egresó una generación que cursó sus estudios desde primero básico a cuarto medio en estos containers, entre olores inmundos, sin las condiciones dignas que se merecen”, agregó. “No vamos a permitir que esto siga así”, sentenció.

Tampoco habría que permitir lo que está ocurriendo con los hospitales nuevos de Ancud, Carahue, Curicó y Quellón. Miles de compatriotas esperan por años que sean habilitados. Pero ahí están, preciosos, inmaculados, inertes, casi como sacándole la lengua a los ciudadanos que los miran, pero que no los tocan.

Son edificios que han sido inaugurados en sus distintas etapas, con autoridades muy contentas cortando cintas, pero que luego regresan a sus oficinas y publican las fotografías del acto en sus sitios web, pero de operación de las instalaciones, nada.

Son edificios que han sido inaugurados en sus distintas etapas, con autoridades muy contentas cortando cintas, pero que luego regresan a sus oficinas y publican las fotografías del acto en sus sitios web, pero de operación de las instalaciones, nada.

Antes de comentar cuáles son las razones de estos atrasos, insólitas en algunos casos, revisemos cómo y quiénes son los responsables de la decisión de levantar estos establecimientos de alta complejidad.

En Chile existen tres modelos para construir un hospital. Uno es a través de la Dirección de Concesiones de Obras Públicas. Allí, el privado que se adjudica el proyecto financia y mantiene el recinto, el MOP paga por ello y el Ministerio de Salud se hace cargo de toda la operación sanitaria. Esta opción ha funcionado bien, dicen los entendidos, salvo en lo que se refiere a los servicios complementarios, como alimentación. No están bien evaluados.

Otro modelo: el Minsal mandata al Ministerio de Obras Públicas para que construya, la dirección de arquitectura licita las obras y luego Salud opera.

El tercer modelo se llama de mandato sectorial. Es decir, el propio Ministerio de Salud construye y gestiona. Y de paso se regula a sí mismo.

Uno de los típicos problemas, cuando se construye un hospital, es que el MOP considera que su trabajo está listo cuando el edificio está parado; para el Minsal, en cambio, cuando se cuenta con la autorización sanitaria para su apertura.

Uno de los típicos problemas, cuando se construye un hospital, es que el MOP considera que su trabajo está listo cuando el edificio está parado; para el Minsal, en cambio, cuando se cuenta con la autorización sanitaria para su apertura. Entre medio es donde ocurren los problemas. Y nos referimos a aquellos que traspasan las dificultades propias de una operación tan sofisticada como poner en marcha un hospital.

Vamos a los ejemplos corroborados por sus alcaldes:

El hospital de Curicó, al igual que las escuelas containers de la Isla Juan Fernández, se perdió en el terremoto del 2010. Desde esa época, funciona en un hospital de emergencia con su vida útil vencida.

La construcción del nuevo recinto -de 140 mil metros cuadrados- partió en el último año de Bachelet. Debió haber estado funcionando hace dos años, pero en el último informe se leen 16 mil observaciones que impiden su inauguración. Algunas son tonteras; otras, asombrosas. Por ejemplo, pasillos por donde no caben las camillas o ductos de oxígeno inhabilitados.



Vamos al hospital de Ancud. Se construyó y está listo, pero las obras de alcantarillado, luz, agua y accesos recién están licitándose. O sea, los servicios básicos no fueron en paralelo a la construcción.

El hospital de Carahue partió el 2015, pero la empresa que lo construyó se declaró en quiebra y ahí lo dejó, flamante por fuera, pero lleno de problemas para su operación. En el Servicio de Salud de la Araucanía, su mandante, señalan que hay un nuevo contrato desde hace dos y que trabajarán de noche, porque los ciudadanos de la zona ven poco movimiento.

Otro caso: el hospital de Quellón. La primera piedra se colocó el 2008, tiene un 94% de avance en 15 años y el Minsal asegura que estará listo en septiembre próximo.

La frustración de quienes miran estas obras inconclusas cabe bien en la frase del Presidente Boric en su primera Cuenta Pública, cuando se refiere a las causas del estallido social: “Fue una explosión de múltiples malestares y descontentos que fueron ignorados o minimizados por décadas”.

La frustración de quienes miran estas obras inconclusas cabe bien en la frase del Presidente Boric en su primera Cuenta Pública, cuando se refiere a las causas del estallido social: “Fue una explosión de múltiples malestares y descontentos que fueron ignorados o minimizados por décadas”.

La diferencia es que los ciudadanos de Ancud, Quellón, Curicó y Carahue son más pacientes. Están acostumbrados a que no los vean y quizás sería hora de atenderlos, antes de seguirle mirando la cara a los otros tantos compatriotas que han decidido salir a romper lo que el Estado les dio con sacrificio, postergando a otros que de seguro sabrán cuidar lo que en justicia merecen.





Andrea Vial