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book icon Domingo 1 de mayo de 2022

Las razones de las nuevas restricciones chinas

Paula Comandari Paula Comandari

Mientras el mundo entero abre fronteras, elimina cuarentenas y el uso de mascarillas para intentar convivir con el Covid-19, China decide ir justo en la dirección contraria. ¿Por qué? Estas son las teorías.

Paula Comandari

Ya durante el verano pasado, los distintos países comenzaron a cranear una estrategia para intentar hacer del Coronavirus un elemento más en la vida de sus habitantes. Las complicaciones en salud que comenzaron a experimentar las personas, por retraso en sus controles, y la crisis económica que afectó a las naciones empujaron a los gobiernos a poner fin a las restricciones y, de a poco, han comenzado a abrir sus fronteras y eliminar medidas como el uso de las mascarillas, incluso en recintos privados. Algunos han ido más allá y han dejado de exigir los pases de movilidad para ir a conciertos o entrar a restaurantes.

Los países que han ido en la dirección contraria son contados con una mano. Uno de ellos es China. Tiene a una de sus principales ciudades, la cosmopolita Shanghái de 25 millones de habitantes, confinada hace más de un mes. Hoy está convertida en un pueblo fantasma, lo que ha provocado, incluso, algo que nunca se vio en el gigante asiático: manifestaciones en distintos puntos del país e incluso saqueos en supermercados, por el temor que sienten sus ciudadanos de quedarse sin alimentos para sobrevivir.

Pero la administración asiática ha decidido continuar con una maniobra que hasta la aparición de Omicron fue sumamente exitosa: la estrategia Covid Cero. Con ella se intenta mantener bajísimas las cifras de contagios y fallecidos, algo que parece convenirle al presidente Xi Jinping, que a fines de este año debe volver a levantarse como líder indiscutido del Partido Comunista chino y asegurar así su tercer período de gobierno.

Ésta sería la principal explicación de por qué China, en oposición al mundo, mantiene estrictos y continuos testeos en varias ciudades, incluida su capital Beijing. Allí, sus habitantes están aterrados de que se establezca una nueva cuarentena general.

El temor detrás de todo es que las interrupciones eventualmente podrían durar todo el 2022, lo que ha provocado una venta masiva de acciones.

Pero este énfasis político por sobre el económico puede generarle grandes problemas al líder chino. Los empresarios miran con suspicacia el que detrás de este nuevo plan haya también un intento por volver a ejecutar una economía planificada. Es decir, que el Estado controle quién abre, quién cierra y cómo se llevan a cabo las rutinas de las 150 millones de compañías que operan allí, en vez de que sea el mercado el que regule la oferta y demanda.

De hecho, hay cuestionamientos públicos de ejecutivos que aseguran que “el Estado se está entrometiendo con la libre empresa como no lo había hecho en décadas”.

Los bloqueos han generado escasez y el surgimiento de mercados negros, que reviven las peores pesadillas de lo que algún día, en el pasado, se vivió en las calles chinas.

Los bloqueos han generado escasez y el surgimiento de mercados negros, que reviven las peores pesadillas de lo que algún día, en el pasado, se vivió en las calles chinas. Según Bloomberg, que hace una encuesta de la resiliencia de los países para enfrentar el Covid-19, China ha dejado de ser un ejemplo y ha bajado de posición, precisamente por esto: la economía está afectada y los ciudadanos están descontentos. Y, por si fuera poco, su política interna está impactando al mundo, con severos retrasos de envíos, productos estancados en containers y una afectación directa a la cadena de suministros a nivel mundial, lo que genera suspicacias para los chilenos que exportan hacia el gigante asiático.

Su política interna está impactando al mundo, con severos retrasos de envíos, productos estancados en containers y una afectación directa a la cadena de suministros a nivel mundial.

No son pocos los que están conviviendo con ese sentimiento: China es nuestro principal socio para los envíos nacionales. Pero las medidas, dice el New York Times, están cobrando un alto precio, no sólo afuera, sino que también en la economía interna: el consumo a nivel nacional cayó 3,5% en marzo, mientras que el gasto en restaurantes se desplomó 16%, según datos oficiales.

Las repercusiones podrían ser de gran escala. Por eso, ya se habla de que la política de Xi Jinping puede acelerar la necesidad de que las cadenas de suministro se vuelvan más regionales. Según declaraciones a Bloomberg de Lorenzo Bergho, director ejecutivo de Vesta, un desarrollador mexicano de edificios industriales y centros de distribución, “la globalización tal como la conocemos puede estar llegando a su fin”, con la gran interrogante de si los consumidores estarán disponibles para aceptar precios más altos por productos fabricados más cerca de sus casas.

Por ahora, los mercados esperan conocer la decisión final que tome el presidente chino en las próximas semanas y si estará disponible para pagar los costos que supone reconocer que la estrategia Covid Cero dejó de funcionar hace mucho tiempo. De lo contrario, habrá que acostumbrarse a ver edificios cercados con acero para reconocerlos como lugares con COVID positivo, y al desplome de una economía cuyo desempeño es crucial en todo el planeta.

Paula Comandari