Click acá para ir directamente al contenido

book icon Domingo 13 de marzo de 2022

Las últimas movidas de Marcel

* La petición clave que le hizo a Boric * El nombre que quiere en Impuestos internos * El perfil y misión que definió para el embajador en la OCDE

Paula Comandari

Mario Marcel aterriza en Teatinos 120 con una idea clara: dar tranquilidad a los inversionistas y aumentar la recaudación para concretar un número importante de demandas sociales.

Por ello, el tema tributario es la principal prioridad, al menos en los primeros meses. Y por eso, el ahora ministro de Hacienda se ha encargado de cada uno de los detalles en torno a esta materia, incluida la necesidad de generar puentes al interior del Congreso, sobre todo considerando que el Senado se encuentra completamente dividido entre oposición y gobierno.

Por lo mismo, sabe que las negociaciones deben generarse con inteligencia, en el llamado diálogo social –que ya comenzó-, y que además busca generar una conversación con los distintos actores que, de alguna u otra manera, se verán afectados con los cambios.

“Esto no se llevará a cabo como en administraciones anteriores, en que Hacienda llegó a imponer un proyecto”, dicen fuentes cercanas a Marcel. Además, comentan que la reforma tendrá un nombre especial y que la idea sería ir por la línea de un pacto.

En esta cruzada, hay dos elementos cruciales que el ex presidente del ente emisor diseñó para ajustar todas las piezas.

Primero, dicen, le habría solicitado al presidente Gabriel Boric usar una de las llamadas 12 balas –los cargos que el presidente puede designar de manera directa, aunque sean de alta dirección pública- para elegir al nuevo director del Servicio de Impuestos Internos (SII), que a ojos de Marcel será clave en el diseño de la reforma tributaria.

“Debe ser una persona comprometida con el sector, que tenga experiencia en el mundo público, y que no sólo sepa de gestión, sino que sobre impuestos, porque en la discusión el servicio tendrá mucho que decir”, explican fuentes de Hacienda, que insisten que serán claves en esta pasada la creación de instrumentos, hacer cálculos y efectuar bajadas de las decisiones a los contribuyentes.

Para encabezar el organismo se barajaron varios nombres, hasta que en la nueva administración Boric optaron por uno: el ingeniero comercial con mención en Economía de la Universidad de Chile, Hernán Frigolett, master en Ciencias en la Universidad de Londres, y ex Tesorero de la República, un nombre que también sonó para ocupar el cargo de consejero del Banco Central, y que al igual que Marcel es de sensibilidad socialista.

Si bien estas designaciones pueden cambiar a último minuto, Frigolett cumpliría varios de los requisitos, aun cuando irónicamente fue crítico de las últimas decisiones macroeconómicas del Central, con Marcel a la cabeza: ha sido asesor del ahora oficialismo en materias tributarias desde el 2018, lideró otro organismo público y tiene roce político, algo fundamental en los tiempos que vienen.

Los cercanos a Marcel afirman que el nuevo ministro no deja absolutamente nada al azar, más aún cuando se trata del tema tributario. Por eso, dicen, ha ido varios pasos más allá, eligiendo, por ejemplo, esta vez a un técnico tributario para que tome el lugar en una embajada “política”: la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la OCDE, un organismo de cooperación internacional compuesto por 38 estados, y cuyo rol ha sido coordinar políticas económicas y sociales de sus miembros y atacar la desigualdad, un énfasis importante de la propuesta que busca el gobierno de Boric.

Para cumplir ese rol, eligieron a un académico, con experiencia en el mundo público y privado, experto en temas tributarios y que ha asesorado a distintos gobiernos de la Concertación en la materia, cuyo nombre se mantiene en total secreto.

La idea de Marcel es que este “personaje” utilice a la OCDE de manera proactiva, para encontrar un respaldo desde afuera a su plan tributario. ¿Cómo? Mostrando que las propuestas están basadas en estándares de la institución, lo que puede ser una buena guía para ver qué se incluye y qué se deja fuera en el proyecto.

Es un cargo estratégico, porque será este embajador el encargado de socializar con los distintos países una idea clave: que ésta no es una reforma radical y que los inversionistas siguen teniendo tranquilidad para poner sus fichas en Chile.

Paula Comandari