Click acá para ir directamente al contenido

book icon Domingo 22 de mayo de 2022

Lo que era el final terminó siendo un comienzo

Rodrigo Jordan Rodrigo Jordan

A 30 años de la primera ascensión chilena al Monte Everest, el líder de dicha expedición reflexiona sobre el inesperado cambio de vida que experimentaron él y sus compañeros después de llegar a la cima.

Rodrigo Jordán

Fue un 15 de mayo de 1992. A las 10:15 de la mañana, Cristián García-Huidobro se transformaba en el primer chileno en alcanzar la cumbre del Everest. Claudio Lucero lanzaba por la radio la frase que quedó grabada en la historia de Chile: “Te felicito, te felicito, un éxito total, absoluto y categórico para Chile, nunca más huevadas a medias, te felicito”.

Cuarenta minutos más tarde yo me unía a Cristián en un abrazo largo y sentido. Juan Sebastián Montes lo haría un poco más tarde, realizando la ascensión sin oxígeno suplementario. Los tres en la cumbre más alta del planeta.

Habían sido diez años, dos intentos fallidos, un compañero perdido –Víctor Hugo Trujillo había fallecido en la primera de nuestras expediciones en 1986– y sólo la segunda ascensión mundial por la difícil cara Este o del Kangshung.

Han pasado 30 años y lo recuerdo como que fuese ayer.

Y, sin embargo, mirando hacia atrás con la perspectiva de todos estos años, veo dos cosas importantes.

La primera tiene que ver con el objetivo. Alcanzar la cumbre del Everest se alzaba como una meta, como un resultado. Y su logro, el fin de un largo y arduo camino de trabajo y dedicación. Pero no fue así.

Alcanzar la cumbre del Everest se alzaba como una meta, como un resultado. Y su logro, el fin de un largo y arduo camino de trabajo y dedicación. Pero no fue así.

Siempre tuve la inquietud de que la actividad de montaña es un tanto mezquina. La cumbre la logramos nosotros para nosotros. Es muy difícil compartir el logro. No hay estadios ni público que te acompañen. No hay aplausos de la platea. No hay cómo contribuir a otros.

Al respecto, mi padre me dijo una vez que no me angustiara, que ya surgiría la forma de entrega y la contribución a la sociedad. Vinimos a servir y no a servirnos, nos enseñaba.

Entonces lo que pareció el final fue, en verdad, un comienzo. Nuestras vidas cambiaron después de llegar a la cima.

Entonces lo que pareció el final fue, en verdad, un comienzo. Nuestras vidas cambiaron después de llegar a la cima. Se nos abrieron nuevas puertas y oportunidades. Seguimos con nuestras ascensiones y exploraciones. Antártica, Patagonia, África, Groenlandia, Himalaya. Escribimos libros y produjimos documentales, aportando a la ciencia, compartiendo el valor de la naturaleza, la amenaza del cambio climático… en fin. Todo con gran aceptación de las personas y el público.

Pero, más importante aún, iniciamos nuestros programas de educación al aire libre que hoy día llegan a centenares de niños, adolescentes y adultos en actividades que van más allá de las fronteras de Chile.

Esto nos llevó a las causas sociales y a participar activamente en una serie de organizaciones de la sociedad civil. Y, por lo tanto, a estar presente y contribuir a la superación de la pobreza en Chile y América Latina.

La cumbre del Everest, creo, nos permitió hacer una contribución a nuestra sociedad.

Y la segunda tiene que ver con el equipo humano.

Con justicia se destacó la intensa, seria y responsable preparación que tuvimos los integrantes de la expedición para enfrentar este demandante desafío. Y es cierto: entrenamos duro y, con ello, conseguimos un nivel técnico y físico óptimo.

Sin embargo, lo que caracterizó a este equipo fue la condición humana de los integrantes. Ellos no sólo fueron grandes montañistas, sino que fueron y son grandes personas. Venimos de familias diversas con distintos modelos de formación, somos de condiciones socioeconomicas diferentes, tenemos distintas perspectivas religiosas y políticas.

En fin, tenemos visiones de mundo muy opuestas. Y, sin embargo, fuimos capaces de dejar nuestros "Yo" a un lado y trabajar por un objetivo común. Lo importante no era el interés particular de cada uno de los integrantes, sino el logro colectivo de ondear la bandera chilena en la cumbre más alta del mundo.

Lo importante no era el interés particular de cada uno de los integrantes, sino el logro colectivo de ondear la bandera chilena en la cumbre más alta del mundo.

Para ello, los miembros de la expedición trabajaron muy duro, pero más importante que ello, actuaron con mucha generosidad. Siempre considerando las necesidades del otro, siempre dispuestos a prestar ayuda, siempre postergándose en beneficio de los demás, siempre poniendo primero el colectivo en vez de lo particular. Todo ello con empatía, afecto y respeto.

Estoy absolutamente convencido que esta forma de “ser personas primero que montañistas" fue el elemento crucial en nuestro éxito. Fue un profundo privilegio dirigir un equipo humano como éste.

Con humildad creo que, tal vez, en todo esto hay una clave sobre cómo trabajar para enfrentar los grandes desafíos de nuestro país.

Rodrigo Jordán