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book icon Domingo 24 de julio de 2022

Los aciertos y desaciertos de las autoridades de gobierno al usar las redes sociales

Angélica Bulnes Angélica Bulnes

Las redes sociales del gobierno, las de autoridades y cuentas institucionales, han estado en los últimos días algo descontroladas, y hoy, con el ya agudizado clivaje político y social en torno a la propuesta de nueva Constitución, las controversias que esto genera, para bien y para mal, incluso involucraron al presidente Gabriel Boric.

Angélica Bulnes

"¿Estoy soñando o qué? ¿Qué dice ahí?", le dijo Francisco Saavedra a su público, en medio de una transmisión en vivo desde su Instagram en Pelluhue.

Habitualmente, mientras graba su programa Lugares que hablan, el popular animador se conecta con sus casi cuatro millones de seguidores y les cuenta lo que está haciendo, denuncia problemas y emplaza a las autoridades.

Y precisamente en eso estaba: “Qué se conecte la alcaldesa, que se conecte el ministro, ¡que se conecte el presidente! Jajaja, ¿te imaginas?”, dice y explica lo que pasó a continuación: entre los comentaristas del live apareció Gabriel Boric y puso: “Hola, Pancho. Mi equipo se contactará con ustedes”. El asunto no estaba pauteado así es que ni el conductor, ni sus seguidores lo podían creer, y quedaron felices con la intervención presidencial.

Si la crítica tradicional a los políticos y autoridades ha sido que están demasiado lejos de la gente, en estos tiempos y con un gobierno tan consciente y presente en las redes sociales, bien podría terminar siendo al revés; es decir, que andan demasiado cerca y en todas partes.

La tendencia a ir despeinando las cuentas institucionales viene desde hace tiempo. Una de las primeras en impulsarla fue la Contraloría con Contralorito, que incentivó la interacción con la ciudadanía y con mucho éxito.

No obstante, con el tiempo su tono más opinante también produjo problemas, y el diputado de la UDI, Juan Antonio Coloma, ofició al organismo para que publicara quién manejaba la cuenta. Hizo así famoso al publicista César Leiva, quien después fue candidato a la Convención Constitucional y hoy está en el Ministerio del Trabajo a cargo de las redes sociales.

En la administración de Sebastián Piñera, en su momento llamaron la atención los hilos de Ignacio Briones que cuando asumió como ministro de Hacienda, en plena crisis post 18 de octubre de 2019, usó Twitter para explicar con un lenguaje más alcanzable los proyectos de su cartera. Fue una aproximación novedosa para un cargo tradicionalmente distante y un trabajo diseñado junto al periodista Felipe Cádiz, de la agencia digital Reactor.

Con el actual gobierno, siempre se supo que las redes sociales iban a ser un tema. En las primeras semanas se habló mucho de que eran el termómetro que usaban las autoridades.

Con el actual gobierno, siempre se supo que las redes sociales iban a ser un tema. En las primeras semanas se habló mucho de que eran el termómetro que usaban las autoridades y que se les daba más importancia que a las encuestas.

Con los meses, las reparticiones y autoridades han ido buscando su identidad digital. La que con mayor éxito la ha logrado es Camila Vallejo desde la Secretaría General de Gobierno, lo que tiene sentido dado que es la vocera. Ha ideado productos, incluidas las entrevistas con autoridades que Carlos Peña criticó duramente en su columna dominical en El Mercurio.

Hay un equipo, pero es la propia ministra quien supervisa todo, y por eso se equivoca poco. Aun así, últimamente he escuchado incluso a algunos de sus partidarios o partidarias preguntarse si los reels y tiktoks de la ministra Vallejo no están empezando a tener tono de sketch escolar.

A esta nueva generación que ha llegado a hacerse cargo de las comunicaciones institucionales, parece estarle costando encontrar el equilibrio entre cercanía y formalidad, a lo que se suma que a veces hay dificultades con el control de impulsos.

A esta nueva generación que ha llegado a hacerse cargo de las comunicaciones institucionales, parece estarle costando encontrar el equilibrio entre cercanía y formalidad, a lo que se suma que a veces hay dificultades con el control de impulsos.

Se producen problemas cuando, por ejemplo, la cuenta del Ministerio de Hacienda retuitea a una cuenta anónima. Se trata de una que suele apoyar al gobierno, pero tal como comentó en ese momento el periodista Andrés Azócar, si los organismos estatales se ponen a difundir tuits de personas que no se identifican, no debería sorprendernos después que estemos “en un pozo de noticias falsas”.

Que fue un error, que a veces los o las community managers se confunden entre sus cuentas propias y las institucionales. “A quién no le ha pasado”, se justificó el año pasado el propio expresidente Piñera cuando compartió un meme sobre la senadora Yasna Provoste, para explicar que fue una equivocación del equipo.

El problema es que últimamente se han producido muchos de esos errores.

A comienzos de mes, el cientista político David Altman fue uno de los que se quejó porque desde la cuenta oficial de la embajada de Chile en el Reino Unido, habían subido el usual gif de Jonah Hill aplaudiendo eufórico. Fue a raíz de un partido de Cristián Garín en Wimbledon, pero justo por esos días se desató en Londres una crisis política que terminó con la renuncia del primer ministro Boris Johnson y las imágenes se interpretaron como que la embajada estaba festinando con el asunto. Tras las críticas, borraron las imágenes.

Hay más de esta clase de episodios. Ocurrió este último este viernes, cuando Sernatur olvidó que el Estado no está para hacer bullying, e hizo un tuit burlándose de Mario Waissbluth, partidario del Rechazo. Ante las críticas, lo borraron.

Quizás haya personas a las que estas polémicas les parezcan banales, pero esta semana el propio presidente Boric demostró que no, menos cuando el debate está tan polarizado.

Quizás haya personas a las que estas polémicas les parezcan banales, pero esta semana el propio presidente Boric demostró que no, menos cuando el debate está tan polarizado.

En los últimos días el mandatario no sólo ha estado muy desplegado en pautas presenciales, sino que también en las redes sociales. Ha subido sus actividades, retuiteado a columnistas y medios cuando le dan la razón y ha hecho acciones inesperadas, algunas de las cuales han salido bien, como su aparición en el live de Pancho Saavedra.

Otras, en cambio, han sido menos felices, como cuando terminó increíblemente enfrascado en una polémica con Chayanne. Todo porque reposteó en Instagram una publicación del diputado de Convergencia Social, Diego Ibáñez, en donde aparece una imagen del cantante puertorriqueño y la frase “cómo convencer a tu familia de votar Apruebo”.

El presidente está advertido por la Contraloría de que no puede hacer campaña y ante las críticas, bajaron la imagen rápidamente. Pero hubo usuarios que no solo sacaron pantallazos, sino que los mandaron a los representantes del artista.

El equipo del cantante publicó una declaración explicando que Chayanne no se involucra en temas políticos e hicieron un llamado a que las personas “o entidades que están haciendo uso indebido de su nombre e imagen, que se abstengan de hacerlo” porque, advirtieron, “podría traer consecuencias legales”.

El Presidente se vio así envuelto en una conversación totalmente innecesaria que solo sirve para demostrar que cuando se trata de cuentas oficiales y autoridades, no solo lo que dicen, sino que también lo que replican o favoritean, salpica lejos.

Por eso, alguien en el gobierno debería poner orden en las redes sociales. La pregunta es quién.

Angélica Bulnes