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book icon Domingo 29 de mayo de 2022

Los altibajos de la economía argentina

Paula Comandari Paula Comandari

La alta inflación y la pérdida de valor de la moneda local conviven con el crecimiento actual y las expectativas ante los últimos dos años de gobierno de Fernández. Un panorama que ha obligado a los argentinos a reorientar sus decisiones cotidianas.

Paula Comandari (desde Buenos Aires)

Aterrizar en Buenos Aires es siempre encantador: caminar por sus calles rodeadas de imponentes edificios antiguos y perderse en alguna de las plazoletas de la ciudad más europea de Sudamérica, donde no es extraño terminar conversando con algún argentino que quiere contar su historia.

Uno de ellos es Edgardo Martínez, quien hoy administra el restaurante Los Trigales, al frente de la plaza del Congreso. Él dice, muy seguro, que las cosas en Argentina “no pueden estar peor”, y que, con lo que gana hoy, tiene que hacer malabares para pagar su arriendo. Una situación que se repite en el testimonio de varios trasandinos, quienes cuentan que cada vez tienen menos recursos y que les cuesta llegar a fin de mes.

Argentina tiene un índice de inflación anual sobre el 50% y el peso ha perdido completamente su valor. Es tanta la escasez de divisa, que, ahora, si se llega a cambiar $200 dólares en el mercado paralelo, lo que se recibe, literalmente, son fajos de billetes.

Esta realidad se evidencia en números: Argentina tiene un índice de inflación anual sobre el 50% y el peso ha perdido completamente su valor. Es tanta la escasez de divisa, que ahora, si llegas a cambiar $200 dólares en el mercado paralelo, lo que uno recibe, literalmente, son fajos de billetes.

Por eso el dólar es un elemento tan preciado, y la razón que explica por qué el argentino ahorra en divisa americana que guarda bajo el colchón: no exponerse a “perderlo todo”.

A esto se suman las actuales restricciones para acceder a la moneda estadounidense. Legalmente, los argentinos pueden solicitar a su banco solo 200 dólares al mes. “Pero uno paga Netflix y otros servicios digitales, por lo que la cantidad disponible es muy escasa”, dice un hombre que lidera una fundación en el barrio Recoleta.

La situación es difícil para una buena parte de los ciudadanos del país vecino. Christian Romero, un joven sin trabajo desde 2019 y que ahora es chofer de Uber, cuenta que el escenario actual es tan complejo que lo ha obligado a tomar decisiones más drásticas, como cotizar en los distintos supermercados chinos que hay en su barrio antes de comprar, para así adquirir productos más baratos y cuidar los pesos.

Para Romero, salir a comer fuera de casa es únicamente para ocasiones especiales. A lo más va con su pareja por una pizza y dos bebidas. Eso que hasta hace algunos meses costaba 15 dólares, ahora le sale 30. Lo mismo cuando se detiene en algún local callejero a comprar un cucurucho de papas fritas o una torta. “Las porciones son cada vez más pequeñas y cualquier cosa que compras es de peor calidad. Claramente están nivelando hacia abajo”, dice.

Sin embargo, esto contrasta con lo que uno ve a simple vista en algunos de los barrios más turísticos de Buenos Aires. Conseguir reserva en un restaurante es una odisea y los locales a diario están atiborrados de gente. “Eso explica otro de los grandes problemas que enfrentamos hoy: la enorme desigualdad en la distribución del ingreso en nuestro país”, dice María José Castells, economista y profesora de la Universidad de Buenos Aires. “Argentina creció un 10% el año pasado, y ahora seguimos creciendo, lo que demuestra que alguien sacó una tajada. Pero también evidencia que otra buena parte de la población está en problemas, con trabajos informales e ingresos que no permiten terminar bien el mes”, agrega.

En el cuarto trimestre de 2021, el desempleo pasó de un 11% a un 7%. El problema es que la inflación golpea el poder adquisitivo de las personas y los ingresos ya no dan para tener una vida tranquila.

El tema es así: las cifras de empleo indican que ha habido una recuperación del mercado laboral en el último tiempo. De hecho, en el cuarto trimestre de 2021, el desempleo pasó de un 11% a un 7%. El problema es que la inflación golpea el poder adquisitivo de las personas y los ingresos ya no dan para tener una vida tranquila. Por eso aquí se habla de “trabajadores empobrecidos”.

Uno de ellos me comenta que este año se vio obligado a cambiar a sus hijos de un colegio privado a uno público, y que sus niños ya no son miembros del club donde jugaban fútbol. “Ahora juegan en la plaza”, asegura.

“Parte de la desesperanza viene de proyectar dos años muy complicados en lo que resta de este gobierno, más al menos otros dos donde, aún con giro político y de políticas, será difícil hacer cambios por el entorno externo adverso. Los problemas de gobernabilidad pueden ser grandes por la fragmentación política y el crecimiento de propuestas y candidaturas con mensajes antisistema”, dice el economista Aldo Lema.

Así, mientras la administración Fernández & Fernández presenta profundas fricciones, ya hay nombres que aparecen en el escenario electoral, como el del economista Javier Milei, considerado por profesionales argentinos como un personaje de extrema derecha y sin la preparación necesaria para gobernar.

El pesimismo se siente y en la calle un argentino lo resume: “Mientras sigamos teniendo políticos que solo velan por ellos mismos, jamás saldremos adelante”.

Paula Comandari