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book icon Domingo 1 de mayo de 2022

Los cambios después de Nicolás López

Angélica Bulnes Angélica Bulnes

Desde que se conocieron las denuncias contra el cineasta Nicolás López, declarado culpable de abuso sexual esta semana, se abrió una discusión sobre las prácticas y el trato a las mujeres en el sector audiovisual. ¿Qué hay de nuevo desde entonces?

Angélica Bulnes

Han pasado casi cuatro años desde que un grupo de actrices denunció en junio de 2018, en la revista Sábado de El Mercurio, al director Nicolás López. El reportaje dio paso a un juicio en el que fue acusado de violación, abuso sexual y ultraje a las buenas costumbres por hechos ocurridos entre 2004 y 2016, que pandemia mediante, se empezó a cerrar esta semana cuando fue condenado por dos delitos de abuso sexual y lo absolvió de los otros cargos. Queda pendiente la pena y si irá o no a la cárcel, lo que se resolverá el lunes 16 de mayo.

El caso de López, con todas sus particularidades, fue un hito. Se dio, claro, en un contexto más amplio, en pleno auge del mayo feminista de 2018 que recorrió las universidades y tras el surgimiento del movimiento MeToo a fines del año anterior en Hollywood, que puso en evidencia los delitos de Harvey Weinstein, pero también el trato abusivo y denigrante que en muchos casos se les daba a las mujeres en el mundo de la actuación.

El reportaje sobre López le puso nombre y apellido local a un fenómeno global y mostró que también pasaba aquí. A eso también contribuyó que fue publicado -solo semanas después- otro artículo denunciando al director de teleseries Herval Abreu, quien a diferencia de López fue sobreseído de las acusaciones en 2019.

El reportaje sobre López le puso nombre y apellido local a un fenómeno global y mostró que también pasaba aquí.

Estos casos remecieron el ambiente y aceleraron cambios. Por mucho que los mecanismos de trabajo de López o los castings en las casas de Abreu no fueran necesariamente la norma, uno de los primeros efectos que tuvo su exposición fue que muchos hombres que trabajan en el sector o incluso más allá, se pusieran a revisar sus closets para ver si había algún esqueleto.

Ante el temor a una ola de acusaciones, no fueron pocos los que se preguntaron cómo se veían sus acciones y relaciones del pasado bajo unos estándares que antes no habían aplicado, ya que no era muy común hacer una reflexión sobre lo que significa consentimiento, bajo qué condiciones existe, sobre todo en relaciones de poder (hago una pausa aquí para sugerir la serie de Netflix, Anatomía de un escándalo, que es mala pero entretenida a la vez, y ofrece una oportunidad para pensar qué significa la frase “no es no”. O el libro de Vanessa Springora, El Consentimiento). Hubo incluso productores de proyectos que llamaron a los periodistas que estaban haciendo las investigaciones para saber si había acusaciones en contra de sus directores. En algunos casos, el miedo llevó a una reflexión sobre las formas de trabajo, la representación de mujeres y la constitución de los equipos.

Precisamente en esa línea, una de las cosas que han ocurrido en los últimos años es que los equipos de trabajo han tendido a diversificarse. Hoy las directoras son mucho más requeridas, pero también se ha ampliado el número de mujeres en puestos técnicos, sonidistas, iluminación, cámara, que antes ocupaban casi siempre hombres.

En muchos casos están organizadas y han creado asociaciones como Nosotras Audiovisuales. Están muy empoderadas, más todavía si son jóvenes y muchas personas comentan que eso ha contribuido a ir expulsando de los sets un tipo de humor y lenguaje machista. El proceso no es sin tensiones y hay gente que resiente estos cambios que, además, pueden ser exigidos de manera bien vociferante.

Están muy empoderadas, más todavía si son jóvenes y muchas personas comentan que eso ha contribuido a ir expulsando de los sets un tipo de humor y lenguaje machista.

Otros cambios visibles: “Te diría que desaparecieron los vidrios empavonados de las oficinas de directores, de productores, todo es transparente, visible”, cuenta un actor, mientras que un productor agrega que los castings, ensayos, son en el set, con camarógrafos, no a puerta cerrada.

La Asociación de Productores de Cine y Televisión (APCT) trabajó un protocolo de prevención y hay varias de estas empresas que han avanzado en la creación de mecanismos para enfrentar situaciones de conflictos no solo sexuales, sino que también laborales, más aún si aspiran a trabajar con compañías y plataformas internacionales que hoy exigen medidas en ese sentido.

En la productora Fábula, por ejemplo, previo a cada filmación se hace una charla en que se establecen normas de relación para equipos que tienen que convivir intensamente, por lo que es importante fijar condiciones de respeto dentro y fuera del set. Hay, además, un canal de denuncia que garantiza el anonimato.

No quiero pintar una película demasiado optimista, todavía hay espacios opacos, pero a la vez se ve que hay avances. El principal, en todo caso, es que las mujeres le hayan puesto nombre a los abusos y se hayan atrevido a denunciarlos, hasta lograr, en el caso de Nicolás López, una condena. Pero la justicia, como muestra este juicio, es lenta y expuesta. Otras personas han optado por la funa y la cancelación, mecanismos que pueden ser tremendamente problemáticos y arruinar vidas. Por eso, mientras más protocolos y prevención haya, más seguras estarán todas y, posiblemente, también todos.

Angélica Bulnes