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book icon Domingo 23 de octubre de 2022

Los costos de desafiar el uso del velo en Irán

Pilar Rodríguez Pilar Rodríguez

Una joven de 22 años es golpeada mortalmente por no llevar bien puesto el velo; otra joven atleta desafía al régimen islámico y compite con su pelo al descubierto. Un mes de protestas ininterrumpidas que suman más de 200 muertos. Un gobierno y una sociedad tensionados entre la severidad de la ley Islámica y los vientos de libertad que presionan por cambios.

Por Pilar Rodríguez

La atleta iraní, Elnaz Rekabi, entró en escena para desafiar el muro de escalada de más de cuatro metros, que tenía por delante. Era la final de su prueba en los Juegos Deportivos Asiáticos. De inmediato, se produjo un murmullo de sorpresa en las graderías del estadio de Seúl. La mujer de 33 años, que representaba a su país, iba con el pelo al descubierto, recogido en una coleta y una cinta como único adorno. No llevaba puesto el velo o hiyab que obliga la severa ley islámica desde 1983 en Irán. Un acto desafiante que encendió las redes sociales y se viralizó en todo el mundo.

Horas después, se excusaría en su cuenta de Instagram, diciendo que fue un acto “involuntario” y que estaba demasiado preocupada de ponerse los zapatos y el equipamiento y olvidó ponerse el hiyab. Muchos interpretaron que, en realidad, había sido forzada por el gobierno a disculparse.

Como sea, la actitud desafiante de la atleta podría tener consecuencias insospechadas para ella, como latigazos en público, multas y pena de cárcel. Por eso, venía muy nerviosa en el avión que la traía de regreso a Irán, tras la competencia internacional. Hay versiones que indican que incluso le confiscaron su celular y su pasaporte antes de viajar.

Un temor nada infundado, cuando un mes antes la joven de 22 años, Mahsa Amini, fue detenida en plena calle por la llamada policía moral, con mujeres vestidas de negro de pies a cabeza y policías armados. La razón, no llevar bien puesto el velo reglamentario y dejar asomar parte de su cabello. Se la llevaron a un cuartel, supuestamente, para darle una “clase informativa”, pero en realidad recibió una serie de golpes en la cabeza y terminó en el hospital, donde la declararon muerta dos días más tarde.

La muerte de Mahsa no es un caso aislado en Irán. La República Islámica que derrocó en 1979 al sha de la dinastía Pahlevi instauró con todo el peso de la fuerza la llamada sharía o ley islámica, que persigue y castiga con torturas, azotes, prisión e incluso pena de muerte, a quien se rebele. El brazo de la policía moral vigila con ojo de águila, especialmente a la población femenina: 40 millones de mujeres y niñas que viven sometidas y relegadas al último plano, con espacios muy restringidos de libertad.

El 16 de septiembre, Irán tuvo su propio estallido, cuando se conoció la muerte de la joven de 22 años. Hombres y mujeres salieron a protestar en todo el país. Especialmente ellas, que al grito de “mujer, vida, libertad”, lanzaban sus velos al viento, dejando al descubierto sus cabelleras. Otras, más atrevidas, quemaron su hiyab en hogueras colectivas y se cortaron mechones de pelo, ante la mirada atónita de los partidarios del régimen de los ayatolas. El símbolo no tardó en replicarse, cuando conocidas figuras mundiales subieron videos a sus redes sociales, cortando su pelo en solidaridad con la protesta.

El debate se ha instalado en la sociedad iraní, entre quienes piensan que el velo es una tradición musulmana ancestral, que protege la pureza de las mujeres; y quienes consideran que no es más que un símbolo de represión, de la falta absoluta de libertad y derechos con la que se mueven las mujeres en este país asiático. Están obligadas a cubrirse con el velo desde los siete años, hasta que se casan, siempre y cuando su marido esté de acuerdo. Pero en público, siempre deben ir cubiertas.

Es como una línea ideológica, la “línea roja” como la llaman algunos, que el régimen iraní parece no estar dispuesto a ceder. Las organizaciones femeninas que defienden las libertades siguen presionando. Desde hace un tiempo, todos los miércoles, cientos de ciudadanas salen a la calle para pedir el uso opcional del velo. Pero hasta ahora, la ley no se mueve ni un centímetro. Incluso, se han viralizado videos de mujeres que llevan el hiyab y atacan a jóvenes que van con la cabeza descubierta. No solo eso. Las denuncian, son detenidas y la policía las obliga a grabar testimonios de arrepentimiento que se exhiben luego en la televisión estatal.

Algunos observadores indican que las protestas se han intensificado en el último año, en todo el territorio iraní. Y la causa ya no es solo la represión en contra de la mujer. Hay reclamos por la deprimida situación económica, derivada en parte de las sanciones impuestas por el desarrollo nuclear; o la precariedad de los profesores y la educación; y reclamos de la minoría kurda.

Todo un desafío para el régimen liderado por los ayatolas. Más aún, cuando el 40% de la población es menor de 40 años, toda una generación joven que no tiene apego por los estrictos códigos impuestos y que no siente temor a traspasar barreras. Hombres y mujeres. Los líderes espirituales han pedido sanciones duras y eso explica que las fuerzas policiales hayan recrudecido su actuar para reprimir con armamento a los manifestantes. Las organizaciones de Derechos Humanos cifran en 215 los muertos en el último mes de protestas, entre ellos, 27 menores de edad.

El gesto desafiante de la atleta Elnaz Rekabi, de competir sin el velo, seguramente tendrá consecuencias. Oficialmente sus disculpas fueron aceptadas por el gobierno, pero sus familiares y amigos temen que pueda ser detenida y castigada, cuando los focos de las cámaras dejen de poner su atención en ella.

Pilar Rodríguez