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book icon Domingo 7 de agosto de 2022

Los discutidos "tickets dinámicos" de Bruce Springsteen

Marisol García Marisol García

Asombro y profunda decepción ha producido en los fans del gran músico estadounidense delegar en un algoritmo el precio de sus shows, haciendo que el valor de los tickets incluso pueda llegar a los 4 mil o 5 mil dólares. Algo contraproducente para un artista que durante toda su trayectoria se ha sostenido en el lema de ser algo así como "la voz de la clase trabajadora".

Marisol García

Recuerdo haber leído alguna vez que Fugazi, una banda hardcore de Washington de enorme prestigio, tenía la política de preocuparse de que sus fans nunca pagaran más de diez dólares por ir a verlos tocar. En sus conciertos tampoco había merchandising a la venta.

Era, claro, una filosofía independiente y apegada a ciertos principios que, uno asume, sería imposible de extender al resto de los músicos. De todos modos, eso no evita preguntarse qué tanto se preocupan los grandes cantantes y grupos por hacer que su trabajo en vivo sea masivamente accesible, en lo musical, lo técnico y también lo económico.

O, al menos, que sus giras no se vuelvan como clubes reservados a una élite.

En otras palabras: ¿dependen de los músicos los precios de las entradas a conciertos? ¿Hay en éstas espacio a una decisión de su parte? ¿O todo queda a cargo de la implacable lógica del libre mercado?

Las dudas siempre están, pero esta semana se han encendido aún más por lo que podríamos llamar "el caso Springsteen-tickets". El cual tiene por un lado al gran músico Bruce Springsteen. Por el otro, a la enorme agencia Ticketmaster. Y, al medio, a los impactados y dolidos fanáticos.

Grandes notas de prensa, en todo el mundo, se han ocupado de la deriva que tomó la puesta a la venta de entradas para la gira que el cantautor hará en su país el próximo año, y que en algunas ubicaciones ofrece boletos por 4 mil y 5 mil dólares.

Grandes notas de prensa, en todo el mundo, se han ocupado de la deriva que tomó la puesta a la venta de entradas para la gira que el cantautor hará en su país el próximo año, y que en algunas ubicaciones ofrece boletos por 4 mil y 5 mil dólares. ¿Cómo defender algo así, tan lejos de los precios de mercado? ¿De quién es la culpa?

En lo formal, la culpa es de algo llamado "ticket dinámico", el cual va ajustando su precio de acuerdo a la demanda, vía algoritmo y en tiempo real. Ciertas localidades más apetecidas no valen lo mismo que otras. No sólo por su ubicación, sino que por otro montón de factores.

Así, algo que parte en, por ejemplo, 200 dólares, puede escalar hasta varios miles. Quienes hemos usado aplicaciones de transporte sabemos que, dependiendo de la hora del viaje, a veces hay un cargo extra. O que comprar con adelanto un pasaje de avión sale más a cuenta que a pocos días del vuelo. Es algo así.

Ante la polémica por un sistema que la verdad es poco habitual hasta ahora en la música —aunque no es la primera vez que se implementa—, Ticketmaster confirmó en un comunicado oficial que son "los promotores y representantes de artistas quienes establecen la estrategia de precios, incluidos los puntos de precio dinámicos y fijos”. O sea, para los que se cuestionaban si esta alza desmedida del valor de los tickets para la próxima gira de Bruce Springsteen ha sido completamente intencional, la respuesta es sí. Sí lo ha sido.

Para los que se cuestionaban si esta alza desmedida del valor de los tickets para la próxima gira de Bruce Springsteen ha sido completamente intencional, la respuesta es sí. Sí lo ha sido.

Hay varios asuntos asociados a esto que complejizan más las cosas, tales como la legalidad (o no) de la reventa, según el país; la especulación online; la cantidad de intermediarios que aparecen entre un show y la audiencia.

Pero esa maraña no quita que podamos discutir si acaso todo esto es o no legítimo, y si acaso los músicos no debiesen involucrarse en ello, no sólo como un acto de consideración con sus seguidores, sino como parte de una identidad de ética artística, tal como la vemos en sus adhesiones políticas o sus opiniones sobre ecología, feminismo o raza.

Es cierto que un músico famoso no puede coordinar todo alrededor de la divulgación de su trabajo. Pero tampoco queda muy bien pasarse al lado de los especuladores de bolsa, ¿no?.

Menos aun cuando toda tu trayectoria se ha sostenido en el lema de ser algo así como "la voz de la clase trabajadora". El Boss no es Mick Jagger, digamos. Una web online mantenida por los fans de Springsteen comentó todo esto en estos días con una frase apabullante: “Esta vez sí estamos sufriendo una crisis de fe”.

Una nota de hace unos días en el diario La Tercera descartó de primera fuente que algo similar pudiera replicarse en Chile, porque el mercado nacional "no está maduro para algo así", según comenta allí un productor de conciertos.

Pero el punto no es sólo ese. Si tan sólo corriera el negocio, lo del "ticket dinámico" sería un mecanismo fuera de nuestro control y opiniones. El punto es que la música también trata de afectos e identidades. No está mal mantener en perspectiva que la música, incluso la mejor, no es un producto de almacén.

Marisol García