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book icon Domingo 22 de mayo de 2022

Los llamativos versos de las nuevas canciones de Drexler

Marisol García Marisol García

Cada visita a Chile del cantautor uruguayo lo ha mostrado en inquietudes diferentes. La de hoy es la de un inmigrante en Madrid con nuevo y multinacional disco, en el que parece particularmente inquieto con el tema del amor y la libertad en los tiempos de la pospandemia.

Marisol García

Hay canciones que captan la atención por su ritmo. Por sus arreglos instrumentales inesperados. O por la voz de ángel de quien la canta. A Jorge Drexler —a estas alturas, uno de los cantautores adultos más reconocidos en el mundo hispanoparlante— le prestamos oído desde hace varios discos sobre todo por sus reflexiones.

No es que sean poéticas, en un sentido convencional de la palabra. Tampoco, particularmente incisivas ni agudas. Digamos que a Drexler —un músico que nunca tuvo formación de tal, sino que de médico, porque así es la vida— hay que concederle al menos una ventaja: sus canciones casi siempre incluyen versos atípicos, ingeniosos, definitivamente más elaborados que los del proyecto de trovador promedio. 

Sus canciones casi siempre incluyen versos atípicos, ingeniosos, definitivamente más elaborados que los del proyecto de trovador promedio. 

Basta con poner la canción “Oh, algoritmo” -de su nuevo disco “Tinta y tiempo”-, que como dice su nombre, está dedicada al algoritmo de internet. Debe ser la primera que escucho. "Dime tú lo que debo cantar / sé que lo sabes mejor incluso que yo mismo", le dedica. Es una fascinante reflexión, ya no sólo sobre qué música funciona o se descarta en nuestra actual dinámica de escucha, sino también sobre las elecciones, gustos e incluso libre albedrío que nos permite —o no nos permite— una internet que nos conoce demasiado.

"No sabes si la escogiste o te escogió", cantará Drexler más adelante. Y no está hablando de una mujer, sino de un impersonal shuffle –o ruleta musical– digital.

El disco “Tinta y Tiempo” es también la excusa para volver a tener a Jorge Drexler en Santiago, este fin de semana, con tres conciertos en el Teatro Caupolicán entre jueves y sábado. El uruguayo ya ha estado otras veces antes ahí. La verdad es que sus visitas a Chile han sido varias, y desde mucho antes de su actual fama trasatlántica.

Lo recuerdo en shows en el Teatro Oriente, en el Centro Arte Alameda, en el Teatro de la Universidad de Concepción y en el Teatro del Lago, en Frutillar. Incluso recuerdo cuando su nombre era algo menos que una apuesta de algo así como una neotrova sudamericana con vocación, resignada a audiencias pequeñas: en 1999, Drexler llegó a Santiago a presentar su disco “Frontera” en el reducido espacio del Café del Patio, refugio ya desaparecido de Providencia. 

Bueno, pero no nos distraigamos. La guía de este comentario eran los llamativos versos de las nuevas canciones de Jorge Drexler. Y aquí sí que los convenzo. Lo que sigue tiene que ver, según el propio autor, con las ansiedades más básicas que nos trajo la pandemia y esa odiosa "distancia social".

La canción “Tocarte” demuestra que Jorge Drexler sigue siendo un solista formado en las lecciones de la trova hispanoparlante

La canción “Tocarte” demuestra que Jorge Drexler sigue siendo un solista formado en las lecciones de la trova hispanoparlante, que, recordemos, en su propio país cuenta con referencias de tanto peso como Alfredo Zitarrosa o Daniel Viglietti. Pero es interesante cómo Drexler persiste en llevar esas influencias, digamos que más canónicas —ojo que también Joao Gilberto ha sido fundamental en su camino de compositor sobre guitarra— a cruces nuevos, que sorprenden por su osadía.

En “Tinta y Tiempo” aparecen como invitados, entre otros, el español C. Tangana y el panameño Rubén Blades, acaso dos extremos generacionales y de estilo para un canto anclado en las raíces, cuidadoso en lo que cuenta y siempre atento a las inquietudes de su tiempo, incluso si éstas son despreciadas por esa "alta cultura" que a veces tantos problemas tiene con simplemente disfrutar. 

Marisol García