Click acá para ir directamente al contenido

book icon Domingo 8 de mayo de 2022

Madre hay una sola (e hija/o también, parece)

Carmen Gloria López Carmen Gloria López

La crianza no compartida y el trabajo exigente de ser madre tiene muchas consecuencias sociales. Las principales son que las mujeres están evitando la maternidad y que muchas planean, como máximo, un hijo en sus vidas.

Carmen Gloria López

El aleteo de una mariposa en Brasil puede provocar un tornado en Texas, dice el concepto asociado a la teoría del caos. El agobio de las mujeres puede destruir el sistema de pensiones y a la larga la especie humana, dice mi propia teoría.

Desde que las mujeres pudieron controlar la natalidad con métodos anticonceptivos seguros y eficientes, la mayoría ha decidido tener menos hijos. 

Desde que las mujeres pudieron controlar la natalidad con métodos anticonceptivos seguros y eficientes, la mayoría ha decidido tener menos hijos. 

Las madres mayores de 70 años celebradas hoy, tuvieron en promedio unos 6 hermanos. Las hijas e hijos mayores de 50 que hoy celebran a sus madres, tienen en promedio 3 hermanos o hermanas. Los que celebran este día a su madre con dibujos porque aún no saben escribir, tienen como mucho un hermano o hermana.

El número de hijos por mujer en Chile ha caído de manera constante. A inicios de la década de los 70, el promedio de hijos por mujer chilena era de 3.6 (cayó de 5.5 a eso en solo 20 años). En 2019, la cifra bajó a 1.6. La caída es global, y en el mundo, estamos en el lugar 145 de 187 países.  Con nuestro promedio de 1.6 hijos por mujer, estamos bajo Dinamarca, Estados Unidos, Reino Unido, Irlanda y Nueva Zelanda, y muchos países latinoamericanos.

La caída es global, y en el mundo, estamos en el lugar 145 de 187 países, con nuestro promedio de 1.6 hijos por mujer.

Una tasa global de fecundidad óptima debería ser de 2.1, lo que asegura el reemplazo generacional. En Chile, desde el año 2000, dicha tasa viene ubicándose bajo esa cifra. 

¿Por qué no queremos ser madres? O, mejor dicho, ¿por qué estamos teniendo cada vez menos hijos o hijas?

La vida es cara, los colegios gratuitos son deficientes, los sistemas públicos de apoyo de cuidado de la infancia son aún precarios, las jornadas laborales son poco compatibles con la crianza, demasiadas familias apenas llegan a fin de mes. El 20% de los hogares chilenos con hijos tiene por jefa de hogar a una mujer sola.

Pero incluso aquellas mujeres que comparten la jefatura de un hogar aún se llevan el peso casi total de la crianza. El cuidado de descendientes es visto todavía como un deber femenino, aunque éstos ya hayan superado la fase de amamantamiento. 

El cuidado de descendientes es visto todavía como un deber femenino, aunque éstos ya hayan superado la fase de amamantamiento. 

Hace un par de semanas se viralizó la frase: “Quieren que trabajemos como si no fuéramos madres y que criemos como si no trabajáramos”.

Esta carga cultural es tan alta que las mujeres que ganan más que sus parejas heterosexuales, aumentan sus horas de trabajo doméstico. En un estudio publicado esta semana por el Washington Post, investigadores cruzaron la relación entre ingreso de cónyuges y división del trabajo doméstico de 6 mil parejas casadas heterosexuales entre 1999 y 2017. Las mujeres con hijos reducían su trabajo doméstico de 18 a 14 horas semanales cuando ganaban entre cero y la mitad del ingreso familiar. Una vez que pasaban ese límite -o sea, cuando tenían mejor sueldo que sus maridos- subían sus horas de trabajo a 16 a la semana.

¿Por qué? Las hipótesis van desde la necesidad de reducir el estrés que provoca en el hombre ganar menos, hasta el impulso de cumplir con los estereotipos femeninos… o al menos no alejarse tanto de ellos. 

Y esas madres que están criando solas, aunque estén acompañadas, han entrado, según observo, en una espiral de sobre exigencia que me habría hecho tener una hija en vez de dos. Pasamos de hijos e hijas que se criaban prácticamente solos, ayudando en labores agrícolas, corriendo por calles de ciudades recién estrenadas, pasando el día entero en pasajes peloteando o saltando a la cuerda, a una crianza puertas adentro repleta de actividades extraprogramáticas escolares, de exigencias sociales de estimulación temprana y panoramas variados cada fin de semana en los hogares más pudientes. En los menos, pasamos a niños y niñas encerrados por seguridad dentro de sus casas, con madres y padres que compensan la falta de tiempo y espacio con tecnología a cambio de acarrear una estela de créditos pesados.

Pasamos de madres que debían preocuparse de querer, alimentar y cuidar la salud de sus hijos, a madres que deben evitar que estos sufran, tengan miedo, se aburran, no tengan habilidades especiales o hagan mal las tareas.  

La combinación explosiva de todas las anteriores nos tiene con 15 mil niños menos por año. La maternidad que salía natural ha tomado un cariz de carrera profesional altamente competitiva.

La combinación explosiva de todas las anteriores nos tiene con 15 mil niños menos por año. La maternidad que salía natural ha tomado un cariz de carrera profesional altamente competitiva.

¿Serán las madres una especie en extinción?

No es fácil la solución. Hace 5 años, el gobierno italiano lanzó un programa que ofrece un pago de unos 900 dólares por pareja por cada nacimiento, pero los nacimientos no han subido. Irán, en otro extremo cultural, dictaminó el año pasado que ya no se pueden realizar vasectomías en centros médicos estatales y que solo se ofrecerán anticonceptivos a mujeres cuya salud esté en riesgo. 

Francia logró detener su baja en las tasas de fertilidad apostando por las mujeres; un 3.6% del PIB se invierte en políticas familiares. El Estado francés brinda un subsidio por nacimiento o adopción de unos mil euros por cada hijo menor de 20 años. Además, hay un programa que busca compensar los gastos derivados del cuidado de un niño o niña menor de seis años. La familia puede emplear directamente a un cuidador o cuidadora a domicilio o puede recurrir a una guardería. Gracias a todo esto, Francia tiene la tasa de fertilidad más alta de Europa, con 1.87 hijos por mujer. 

Los investigadores de un estudio llamado “¿Cómo mejorar la natalidad en España?” creen que no son las políticas pronatalistas las que mejor funcionan, sino la integración de jóvenes al mercado laboral con salarios decentes. La investigación concluye que los que disfrutan de unas tasas de fecundidad más cercanas a dos niños por mujer, son los países cuyas economías presentan una menor tasa de desempleo juvenil, fomentan con ayudas sociales la igualdad entre generaciones y además muestran menores niveles de desigualdad de ingresos.

Esos países serían Dinamarca, Países Bajos, Francia, Bélgica, Suecia, Irlanda o Alemania. Y, en el último tiempo, el milagroso caso de Portugal que revirtió sus tasas. 

Por lo menos, tenemos que estudiar cómo se conjugan en Chile estas variables culturales y económicas. Si no entendemos que se requiere una villa para criar a un hijo o una hija… seremos cada vez menos los que podremos decir: Feliz día, mamá.

 

Carmen Gloria López