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book icon Domingo 13 de marzo de 2022

Mejor Documental: Por qué "Summer of soul" merece ganar el Oscar

Marisol García Marisol García

Es casi increíble que hayamos tardado 54 años en conocer la maravilla musical que fue el Harlem Musical Festival, de 1967, por donde desfilaron varios de los mayores nombres de la música negra de su tiempo. La culpa la tiene Woodstock.

Marisol García


Hay cinco títulos que hoy postulan al Oscar a Mejor Documental que se conocerá el 27 de marzo. A cuatro de ellos podemos asociarlos a la crónica y la denuncia política: contra la competitiva ambición económica de la China contemporánea, en el caso de ASCENSION; sobre un legendario motín carcelario de 1971 en Estados Unidos, en el de ATTICA; y un hombre que escapa de una Afganistán convulsionada como refugiado, en el de FLEE; mientras que WRITING WITH FIRE nos muestra el valioso trabajo periodístico de un grupo de mujeres muy pobres en un diario autogestionado en India.
¿Qué hace, entonces, al medio de tanta conciencia social un documental sobre música? En SUMMER OF SOUL no aparecen activistas, sino que estrellas, como Stevie Wonder, BB King y Nina Simone. No vemos espacios amenazantes, sino el disfrute al aire libre de familias frente a un escenario instalado al medio de un parque. Y ni pensar en una denuncia acuciante ni noticiosa: todo ahí sucedió hace 53 años.
Sin embargo, SUMMER OF SOUL es uno de los registros culturales más poderosos que hemos visto en mucho tiempo sobre música, expresión política y black pride. Es ritmo, pero también urgencia de cambios. Talento y capacidad de organización colectiva. Convocatoria, y a la vez ostentación de poderosas pistas de tendencias para la moda y el pop que está por venir.
Y, además, SUMMER OF SOUL guarda la respuesta a una pregunta fundamental:
¿Cómo diablos nunca antes supimos del Harlem Musical Festival, encuentro que a lo largo de seis fines de semana convocó en 1969 en un parque neoyorquino a multitudes de oyentes en vivo y a las principales figuras de entonces en el soul, el gospel, el funk y el blues?
¿En serio nadie sabía de esta maravilla de Festival? ¿Cómo fue que estas cintas de registro no llegaron antes a nuestros ojos y oídos, tratándose de intérpretes tan famosos?

La culpa la tiene Woodstock.
Es el verano de 1969 en el estado de Nueva York. Por un lado, en Harlem, hay una convocatoria de tipo vecinal a jornadas diurnas de diversión frente a músicos negros asociadas a una audiencia casi excluyentemente afroamericana: Mahalia Jackson, Sly and the Family Stone, Max Roach, Gladys Knight, BB King, Stevie Wonder, Nina Simone. Por otro, a no más de 150 kilómetros de allí, tenemos el despliegue definitivo de rock y hippismo: cuatro días de una multitud incalculable frente a Janis Joplin, Creedence Clearwater Revival, The Who, Joan Baez, Joe Cocker y Jimi Hendrix.
La primera cita tenía un carácter de panorama. La segunda, de hito histórico. Si en aquella no había héroes de la guitarra ni símbolos generacionales, en esta podían escucharse a figuras que simbolizaban su tiempo, incluso más que autoridades políticas. La primera se entendió como una cita familiar más o menos amable; la segunda, como el permiso para el desate total.
Era la una o la otra. Y adivinen cuál fue la que los medios y la crónica de época eligieron priorizar.
El Harlem Musical Festival fue filmado por un productor de televisión. Cuarenta horas de registro audiovisual que se mostraron sólo parcialmente en un especial de las cadenas CBS y ABC, y que luego fueron archivadas en una bodega, sin que nadie las revisara. Recién hacia 2004, el interés de un documentalista reactivó el trabajo con esos registros, que hubo que digitalizar y catalogar. La historia concluye en los meses previos a la pandemia, cuando el músico conocido como Questlove (quizás les suene de The Roots) decide tomar el proyecto como director. Según él, la difusión de esas cintas era "un deber".
Desde su estreno en 2021, SUMMER OF SOUL lleva ya montón de premios, incluyendo el de Mejor Documental en el Festival de Sundance y cuatro medallas de los Critics Choice Awards. Postula ahora al Oscar entre críticas encendidas y prácticamente unánimes: "Uno de las mejores películas de conciertos de la historia", dice alguien en un diario británico. "Un desafío a la historia", la describe una revista de Estados Unidos.
En Chile, se mostró en diciembre pasado en Santiago como parte del Festival IN-EDIT, dedicado al cine y documental musical. Ganó entonces el premio otorgado por el equipo.

No es frecuente que los documentales sobre música lleguen a los Oscar. Ya saben: no es fácil tomarse demasiado en serio biografías predecibles sobre rockeros que suben desde los bajos fondos a la cúspide, ni registros de conciertos que a veces más parecen publicidad promocional. Pero cuando las historias de músicos han llegado a esa instancia, lo han hecho con una autoridad inolvidable. Sólo en los últimos años, SEARCHING FOR SUGARMAN y A VEINTE PASOS DE LA FAMA son dos cintas musicales que se han quedado con el Oscar a Mejor Documental. Si ya las vieron, coincidirán en que se trata de títulos que sin duda merecían la posteridad. Ahora, el reconocimiento a un registro sobre un festival al aire libre que en realidad es mucho más que eso —es comunidad y conciencia, estética y ritmo, espiritualidad y furia— no desentonaría ni por un segundo como marca digna de la palabra ‘histórico’.

Marisol García