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book icon Domingo 20 de marzo de 2022

(ni) Primera (ni) Dama

Carmen Gloria López Carmen Gloria López

En el programa “Las caras de La Moneda”, Irina Karamanos dijo que no era ni Primera ni Dama. No es la primera, tampoco, que se ha sentido incómoda con este título y este rol. Ni la primera, además, que debe someterse a una machista costumbre: trabajar gratis detrás de un Presidente.

Carmen Gloria López

La palabra “dama” ya ha sido un tema para el feminismo. Cuando los norteamericanos trataron de devolver a las mujeres a sus casas después de la Segunda Guerra Mundial instalaron en su propaganda el dicho “act like a lady”: compórtate como una dama. En 1970, parte del movimiento feminista se dedicó a combatir ese concepto y reclamar para que se usara la palabra mujer. La idea detrás de esto es que cuando llamas a una mujer “dama” la pones en un pedestal y así restringes su movimiento. Puede parecer un sustantivo gentil y amoroso, pero conlleva una carga cultural de frivolidad y fragilidad. Karamanos catalogó el término de conservador y clasista.

En enero de 2019, la esposa del gobernador de California, Jennifer Siebel, una reconocida documentalista feminista, se autotituló Primera Pareja de Calfornia en un guiño para incluir a las parejas del mismo sexo en este rol simbólico. Declaró que no le gusta la fragilidad y dependencia asociada a la palabra “dama” y que cree que a estas alturas el título debe ser género neutro.

No le diremos primera dama a Irina Karamanos, pero será otra mujer más trabajando gratis detrás de un hombre. La científica social y antropóloga no tendrá sueldo durante cuatro años. Su trabajo ad honorem consistirá en acompañar al Presidente en asuntos protocolares, manejar siete fundaciones que forman la Dirección Sociocultural y, como ella ha dicho, reformular un cargo cada vez más extraño.

No es la única incómoda. Grupos conservadores opinaron que “sin papeles de matrimonio” Karamanos no tenía derecho a ocupar ese rol y organizaciones feministas manifestaron su rechazo, asegurando que era la hora de terminar de raíz con un rol que refuerza las representaciones de género patriarcales.

En 2022, sorprende la naturalidad con que hemos aceptado que la esposa de un mandatario no tenga carrera propia, ni intereses paralelos y esté disponible para hacer ese trabajo. De hecho, el señor Thatcher, el marido de la primera ministra de Finlandia y también el esposo de la ex primera ministra británica, Theresa May, siguieron a cargo de sus negocios mientras ellas estaban a cargo de sus países. Lo mismo el novio de Jacinda Ardern, quien sigue siendo conductor de televisión. Nadie les exigió a ellos abandonar sus vidas para acompañarlas a ellas, ni sintieron ellos la presión de hacerlo. No fue tema.

La idea de primera dama proviene, al parecer, de la denominación norteamericana de “first lady”. Se habría usado por primera vez para denominar a la señora de George Washington en un artículo publicado en 1838. Pero ya en 1933, Eleanor Roosvelt dijo que se negaba a ser un mero adorno en la fila de recepción de la Casa Blanca. Para empezar, estableció conferencias de prensa solo para mujeres, lo que forzó a los departamentos de noticias a contratar, por primera vez, mujeres periodistas en sus áreas políticas.

En Chile, faltaron esposas disponibles desde Bernardo O´higgins para adelante. Arturo Alessandri enviudó en la mitad de su mandato. Su hijo, Jorge Alessandri, soltero, tuvo que recurrir a la señora de su ministro Sótero del Río. En su primer mandato, Michele Bachelet eligió a su madre para acompañarla en ciertas actividades protocolares y la Red de Fundaciones quedó a cargo de Adriana Delpiano y María Eugenia Hirmas. En su segundo mandato, Sebastián Dávalos, su hijo, se hizo cargo de esta red y luego Paula Fortes, que no tenía vínculo familiar alguno con la presidenta.

Según una interesante columna publicada en Tercera Dosis por la doctora en Ciencia Política Carolina Guerrero, en Latinoamérica el cargo ha sido ocupado por hija o hijo, hermana, esposo o personas designadas por el jefe de gobierno sin vínculo sexo afectivo. Irina Karamanos sería la primera en cumplir el rol siendo pareja no oficial del Presidente. Al menos en Chile, en eso es la primera.

Algunas cifras mencionadas en la columna de Guerrero ayudan a entender por qué es un espacio difícil de despreciar. En Latinoamérica, la probabilidad de que las primeras damas con experiencia previa como políticas electas se presenten a una elección es de 70% y hay un 86% de probabilidades de que compitan por el Congreso, Presidencia o la Vicepresidencia. Entre 1999 y 2016, 26 exprimeras damas se han postulado y 19 de ellas fueron electas. En Chile, la única que ha incursionado en política fue Marta Larraechea con su frustrada carrera por la alcaldía de Santiago el año 2000.

En la mayoría de los países, el cargo no está regulado y la ambigüedad del rol es tal que permite un desempeño muy flexible. Es también lo que genera controversia.

Sabemos que Karamanos quiere cambiar el espacio que asumió esta semana. Tal vez logre instalar mayor transparencia en esta área, como solicitara Gloria de la Fuente, del Consejo para la Transparencia, ya que las fundaciones bajo este paragua no quedaron expresamente incluidas en la lista de organismos con obligaciones en la actual Ley de Acceso a la Información Pública.

Tal vez desde ahí, con más fuerza que habiendo rechazado el puesto, pueda romper con la carga patriarcal que acarrea la idea de que tras un gran hombre hay una mujer dispuesta a dejarlo todo, trabajar gratis y postergar sus propios intereses.

Carmen Gloria López