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book icon Domingo 24 de abril de 2022

Por qué el Congreso no quiere a Jackson

Al ministro se le ha hecho cuesta arriba su desplazamiento en el Parlamento, como quedó demostrado con la votación del proyecto alternativo al quinto retiro. Además, su problema es que se enfrenta a un Congreso veleidoso e inmanejable.

Andrea Vial

Gabriel Boric tiene dos grandes tenazas para ejercer el poder y las debe cuidar con especial ahínco para evitar que se le deterioren. Su mano izquierda, el ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Giorgio Jackson; y la derecha, el ministro de Hacienda, Mario Marcel.

Ambos representan las dos alas de las coaliciones gobernantes, dos formas de hacer política, dos maneras muy distintas para relacionarse y negociar con sus contrapartes.

Ambos tenían un mandato del Presidente: paren el quinto retiro. Y pese a que volvieron de esa batalla magullados y sin opción a medalla de honor, lo lograron. El problema es que la guerra continúa: en Valparaíso hay mucho soldado bien armado y nadie entiende mucho de qué lado pelean.

De hecho, el ministro Jackson regresa esta semana al Parlamento con el proyecto de salario mínimo, y nuevamente tendrá que enfrentar un campo hostil. Y no solo porque habrá de pararse frente a la oposición, sino también en el terreno de los propios partidarios del Gobierno. ¿Por qué el hombre fuerte del Frente Amplio tiene tantos enemigos?

A Jackson no le ha salido fácil relacionarse con el Congreso. Y parte de las razones radica en que lo conocen bien, saben cómo actúa y, en ese sentido, hay viejas cuentas por cobrar.

Nadie pone en tela de juicio que el ingeniero civil de la Universidad Católica, expresidente de su federación de estudiantes y diputado por 8 años, es un hombre inteligente, estudioso y de cabeza organizada. Tampoco nadie duda que habla por Boric.

Pero es muy generalizada la crítica a su modus operandi. Los comentarios se repiten: que no genera confianza, que avanza en las conversaciones, extrae información y luego se esfuma sin pagar los costos del resultado. Asegurado, comentan. Que es arrogante y poco empático, que escucha solo cuando le interesa, pero que a la vez es un hábil negociador, que nunca abre todas sus cartas y que eso hace que sea poco factible que esté siempre diciendo la verdad.

Tampoco le perdonan ciertas faltas de respeto, como cuando hace poco programó dos reuniones almuerzo a la misma hora y, claro, no pudo cumplir bien con ninguno de los grupos de comensales.

Los comentarios se repiten: que no genera confianza, que avanza en las conversaciones, extrae información y luego se esfuma sin pagar los costos del resultado.

Todas estas debilidades son subsanables si el espacio de acción no estuviera tan fragmentado. Jackson lo comprobó in situ cuando vio cómo al Partido Comunista se le arrancaron de la fila un par de votos en el tema de los retiros, lo mismo ocurrió en el Partido Socialista. Hasta algunos independientes llamaron la atención por lo desconcertante de sus posturas.

Salvo las 20 diputadas y diputados del Frente Amplio, el ministro Jackson no tiene a nadie más asegurado en su bolsillo. Porque hasta el mismo PC -su aliado en La Moneda- tiene divididas sus aguas entre los que se identifican con la actual dirigencia del partido y los que apoyan al alcalde de Recoleta, Daniel Jadue. Dicho de otra forma, antes bastaba un llamado de Guillermo Tellier para que pusiera orden, ahora esa práctica no garantiza la conducta de sus militantes.

¿Qué podría hacer Jackson en esta realidad jabonosa, imposible de predecir, donde las miserias afloran con más fuerza que las grandezas?

Como va, tiene poco margen. La personalidad no la podrá cambiar y construir confianzas no es algo automático, menos en un clima tan agitado, con mucho parlamentario nuevo, coaliciones en su expresión mínima, con 11 republicanos sentados en la mesa que tienen poder para inclinar una azarosa balanza y, para qué decir, un Senado furioso, que no reconoce en Jackson un aliado que los defienda ante la posibilidad real de quedar suprimidos en la nueva Constitución.

La personalidad no la podrá cambiar y construir confianzas no es algo automático, menos en un clima tan agitado, (...) y con un Senado furioso, que no reconoce en Jackson un aliado que los defienda ante la posibilidad real de quedar suprimidos en la nueva Constitución.

Quizás el tiro va por apurar la agenda legislativa. El ministro tiene un diseño que compartió en la reunión de Cerro Castillo con los parlamentarios de su coalición. Ahí señaló que el Gobierno se va a dividir en dos tiempos. El primero, de aquí al plebiscito de septiembre, con medidas de reactivación económica, y luego vendría un segundo periodo en que entran las reformas estructurales.

Si amplía sus anillos de confianza, incorpora sin recelos a la coalición invitada; si deja el pudor y le abre la puerta a la Democracia Cristiana, quizás podría lograr esa alianza que necesita el Presidente para poder gobernar.

A veces en política hay que bajar el moño, entender que no hay nada impoluto y que, es verdad, lo mejor siempre es enemigo de lo bueno.

Andrea Vial