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book icon Domingo 2 de octubre de 2022

Por qué importa un nuevo disco de Björk (incluso si no eres su fan)

Marisol García Marisol García

Este viernes la artista islandesa ha presentado su décimo álbum solista. Como suele suceder con Björk hay que ajustarse a definiciones atípicas: Fossora es un disco «feliz, psicodélico… como los hongos en un bosque».

Marisol García

Las cifras que acompañan la carrera de Björk no se condicen con su enorme fama global. Quiero decir con esto que la artista islandesa está muy lejos de tener récords de reproducciones en YouTube, megaescuchas online o casillas infinitas en su apartado de premios. Uno se asoma a plataformas, y lo cierto es que, desde una medida cuantitativa, nuevos nombres del reggaetón o el trap la sobrepasan por lejos.

Sólo por dar ejemplos, Nathy Peluso tiene el triple de sus oyentes mensuales en Spotify, y Taylor Swift, 200 millones más de seguidores en Instagram.

Sin embargo, cada paso profesional de Björk merece una atención indiscutida, detenida, meditada. Basta con escuchar su single más reciente, "Fossora", parte del disco del mismo nombre que Björk le ha presentado ayer viernes al mundo. En el breve comentario que sigue intentaré convencer que, más allá de sus resultados contables, tanta atención sí es por completo justificada.

Björk es el tipo de creadora que debe entenderse desde lo profunda que ha probado ser su huella artística. Pocos nombres en el pop contemporáneo están hoy a la altura de su influencia.

Cuando la conocimos como cantautora solista, hace ya 29 años, Björk nos mostró lo encantadora que puede ser como intérprete pop. Se movía bien tanto en canciones que transmitían cierta ingenuidad, como en aquellas inspiradas por el amor de pareja o destinadas a la pista de baile.

Era una cara atípica para una convocatoria transversal, y así se nos instaló para siempre desde un lugar en la música hecha primero en Reyjavik, su ciudad natal; luego en Londres, su capital de adopción, más tarde desde Nueva York y al fin como esencia de lo que entendemos por un pop cosmopolita.

Pero en los últimos años hemos venido conociendo otras facetas de Björk, quien muy tempranamente decidió que prefería ser conocida como creadora que como figura. La diferencia entre una y otra categoría es importante, y está en sus discos desde 1993 y todo lo que ha venido aparejado a cada uno de ellos.

Esto es simplificar las cosas al máximo, ya lo sé, pero vamos con un rasgo de carácter para cada uno:

La frescura en DEBUT; la fiesta en POST; el paisaje en HOMOGENIC; la intimidad en VESPERTINE; la potencia vocal en MEDÚLLA; la colaboración en VOLTA; la tecnología en BIOPHILIA; la fragilidad emocional en VULNICURA; el futuro, en UTOPIA.

Alrededor de cada concepto, una visualidad asociada. Abierto cruce de disciplinas. El encuentro entre máquinas y talentos. La reflexión sobre los desafíos particulares a una época de cambios radicales. La delgada línea entre autoría distintiva y extravagancia. El cuidado permanente para que, junto al más riguroso profesionalismo, pueda aparecer la emoción.

Ya ven: no se trata de perseguir el gran impacto, sino algo más relacionado con el proponer determinados artefactos artísticos coherentes en forma y fondo, por fuera de la lógica del single, la promoción y el culto a la personalidad. Una oferta musical mucho más compleja que la estándar, pero también, por eso, más exigente y frágil de la cual beben músicos de muchos géneros, admirados por lo que parece una incesante inspiración.

Algunos puntos a tener en cuenta para asimilar mejor FOSSARA, el disco que Björk ha liberado a plataformas este viernes:

  • Es el álbum número 10 de su trayectoria a solas (recordemos que, mucho antes, Björk fue parte de varios grupos; el más famoso, Sugarcubes).
  • Ella siempre tiene definiciones curiosas para sus discos. Bueno, esta vez es la siguiente: "Este es mi disco champiñón… hongo… mushroom. Nace en la tierra pero no tiene las raíces duras y rígidas de un árbol. Es más divertido y psicodélico que eso. Los hongos surgen por todas partes, viajen por el bosque… Este es un disco feliz".
  • Los pulsos de FOSSARA tomaron ideas de lo afrocaribeño: desde el afrobeat hasta… el reggaetón. Björk incluso viajó durante la preparación del disco a Puerto Rico. Algo habrá cosechado allí.
  • Hay un montón de instrumentos a bordo: cuerdas acústicas y secuencias electrónicas, por supuesto, pero también clarinetes, flautas y beats diseñados por colaboradores como el dúo indonesio Gabber Modus Operandi, con el cual la cantautora trabajó algo que llamaron "tecno biológico".
  • Las letras tienen inspiraciones diversas, pero casi siempre de afectos cercanos: canciones a su madre, muerta en 2018; a sus dos hijos; a las tradiciones y el paisaje de su país, Islandia, donde la pandemia la obligó a regresar sin posibilidad de escape;
  • Llaman la atención reflexiones inspiradoras sobre, por ejemplo, la unión entre personas. Acá van dos versos de la canción "Atopos": "Nuestra unión es más fuerte que nosotros” / “La esperanza es un músculo".

Por último, es importante recordar que FOSSARA traerá a Bjork a Chile en seis semanas más. La islandesa es parte del cartel del festival PRIMAVERA SOUND-Santiago, para el que ofrecerá su cuarto show en nuestro país, en el Parque Bicentenario de Cerrillos. Hace una semana, en entrevista telefónica con el diario La Tercera, adelantó que su espectáculo tendrá sobre el escenario al menos una orquesta de cuerdas y el "teatro digital" de su espectáculo multiestímulo CORNUCOPIA. Ya ven: es la propuesta incesante.

Marisol García