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book icon Domingo 4 de septiembre de 2022

¿Por qué la democracia necesita a las Humanidades?

María José Naudon María José Naudon

Las Artes Liberales nos conectan con las grandes preguntas que hombres y mujeres nos hemos hecho a lo largo de la historia, haciendo que tengamos un pensamiento crítico sobre la misma. Por ello, este tipo de cuestionamientos sobre la vida, no solo enseña el correcto ejercicio de la libertad, sino que también puede considerarse como un elemento central en el desarrollo y sostenimiento de la democracia.

María José Naudon

Uno de los grandes desafíos de la democracia supone llevar el disenso a niveles tolerables y gestionar adecuadamente el pluralismo. En sociedades complejas, donde conviven intereses divergentes que no pocas veces están en colisión, y solo si las partes están dispuestas a persuadir y ser persuadidas, el diálogo puede descomprimir las tensiones naturales.

Los ciudadanos democráticos deben ser exigentes y así como deben estar dispuestos a escuchar toda clase de opiniones y no excluirlas ex ante, también deben juzgarlas en su mérito, pero ¿cómo fortalecemos principios políticos y sociales que permitan construir un proyecto de futuro?¿Qué capacidades debemos cultivar en orden a potenciar ciudadanos democráticos y capacitados para una adecuada deliberación? ¿Cómo fortalecer la amistad cívica?

Sin lugar a dudas, las respuestas a estas interrogantes son complejas y múltiples. Sin embargo, el conocimiento de nuestra propia naturaleza, la consciencia del otro, la solidaridad y la formación crítica son fundamentales para la nueva construcción social. En un mundo de creciente complejidad, el riesgo puede concretarse en una cierta inmovilidad, refractaria a cualquier cambio o, por el contrario, en una apertura sin ponderaciones.

Evitarlo, o al menos acotarlo, supone apostar decididamente por una formación liberal, entendiendo esta como “aquella cuyo objetivo es el desarrollo humano general, con vistas a indagar sobre el significado de la vida humana y sobre las cuestiones existenciales que son herencia común de todos los seres conscientes de su vida, y, a la vez, de su mortalidad”.

Visto así, la educación liberal se enfoca en los fines de la vida humana, en vez de los medios para lograr uno u otro fin. De esta manera, mientras el desempeño profesional mide, por ejemplo, el éxito económico de una actividad, la formación liberal se pregunta por el sentido de la misma; o, mientras se pondera el costo económico de alguna prestación o servicio, la formación liberal se pregunta por el impacto de ella en la paz social.

Considerar ambas visiones cambia y potencia sinérgicamente las perspectivas. Es importante recordar que en sus orígenes, las Artes Liberales, base de la educación liberal, fueron concebidas como la formación necesaria para un hombre libre, distinguiéndolo de la formación de un esclavo. Esa libertad se obtenía por medio del conocimiento y el desarrollo de las habilidades intelectuales. Hoy la distinción sigue vigente.

Pero ¿cuál es el aporte de las Artes Liberales (o las humanidades utilizando el concepto que, aunque no coincide exactamente, es tradicionalmente usado en Chile), en la formación humana y democrática? En primer lugar, ellas y en particular los clásicos, nos conectan con las grandes preguntas que hombres y mujeres nos hemos hecho a lo largo de la historia.

Al hacerlo no necesariamente entregan respuestas, pero nos inducen al cuestionamiento, para, a partir de ello, entender el conflicto social. ¿Qué es la justicia?¿Es esta compatible con la libertad?¿Es posible transformar la ira, el miedo y la indignación en una fuerza prospectiva?¿Es posible tomar decisiones en un mundo ambiguo?¿Es la pobreza la ausencia de dinero? Sobre todas ellas las humanidades entregan luz.

Desde esta perspectiva, el conocimiento no se entiende como la acumulación de información y de respuestas irrevocables. Por el contrario, la formación liberal estimula, a través de la discusión, la confrontación de ideas y la revisión de puntos de vista disímiles, una concepción del conocimiento como un proceso dinámico a partir del cual nos enfrentamos a problemas y preguntas que no pueden ser respondidos desde la certeza. Sin embargo, esta ausencia no inhabilita la búsqueda de soluciones, por el contrario: la estimula.

Bajo esta lógica, algunas respuestas serán más persuasivas y mejor razonadas que otras, siendo posible evaluarlas. Incluso las conclusiones mejor razonadas son consideradas provisorias, expuestas a ser modificadas o desechadas si se enfrentan a argumentos contrarios más poderosos que los propios. Lo anterior, conduce a una visión más rica y compleja del conocimiento, en lugar de reducirla a un conjunto de respuestas y soluciones binarias: verdadero-falso; bueno-malo, etc.

Por otra parte, las Artes Liberales apuntan al desarrollo de una observación multicanal a partir de lógicas distintas, imprescindible para abordar la complejidad actual. Somos incidentes en lo observado y, nos guste o no, siempre incidimos o afectamos nuestra propia observación. En el cúmulo de eventos que nos rodean, hay cosas que no podemos ver y hay otras que no entendemos, incluso después de haberlas visto. La capacidad de establecer relaciones impulsa a superar el enfoque fragmentario del conocimiento y a desarrollar una visión integradora, donde las conexiones y las mutuas influencias juegan un rol vital.

Pero quizá el punto central reside en que todos nacemos con la capacidad de pensar cómo es el mundo, todos tenemos capacidad de introspección y de acercarnos al punto de vista de los otros. No obstante, si esa capacidad no se fortalece o no se cultiva, se pierde y debilita. El arte y la literatura, entre otros, son extraordinarios escrutadores de la naturaleza humana y nos conectan con nuestra vulnerabilidad y con aquello que resulta profundamente humano.

“Canta, oh Musa, la cólera de Aquiles”. “Has de poner los ojos en quién eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse”. “Si el estudio al que te consagras tiende a debilitar tus afectos y a destruir tu gusto por los placeres sencillos (..) entonces ese estudio es indefectiblemente malo”. Tres citas: La Ilíada, El Quijote, Frankenstein.

La primera, célebre obertura de la Ilíada, da cuenta de la ira del héroe y nos conecta con el despojo, el abuso y la ignominia. La segunda, parte de los consejos del Quijote a Sancho para el gobierno de la Ínsula Barataria, desafía a pensar en nuestros límites y los riesgos del poder. La tercera, nacida del dolor y la culpa, nos advierte sobre las consecuencias de una ceguera que, con miras al objetivo, olvida la relevancia de los procesos.

Cada una de estas obras, permite un acceso privilegiado a la complejidad humana, a sus sentimientos, pasiones y percepciones ampliando el marco de conocimiento que nos da la razón.

Por último, la elaboración de las ideas y el debate requiere sostenerse sobre una base sólida, de otro modo degeneran en mera expresión de opiniones o juicios subjetivos. Trabajar la capacidad de análisis y evaluar en base a estándares intelectuales resulta imprescindible. La formación liberal, fomenta un sano escepticismo, que permite abordar la discusión intelectual desde una posición más activa, rigurosa y creativa. En este escenario, el pensamiento crítico es una herramienta fundamental.

Para que una persona pueda adoptar posiciones morales y políticas –y de cualquier otra índole– es necesario que pueda pensar por sí misma. El pensamiento crítico forma para el correcto ejercicio de la libertad y, en último término, puede considerarse como un elemento central en el desarrollo y sostenimiento de la democracia. Esta última requiere ciudadanos acostumbrados a la deliberación racional; al debate abierto, basado en una argumentación lógica y en el testeo racional de las posiciones en juego.

María José Naudon